Blogia
Por Alberto Velázquez López y Ada Bertha Frómeta Fernández

LA CIENCIA EN EL PARTIDO REVOLUCIONARIO CUBANO

Alberto Velázquez López

Ada Bertha Frómeta Fernández

Publicado en Revista Honda, Sociedad Cultural José Martí, no. 21, 2007. ISBN 1605-7920

“La política no es la ciencia de las formas, aunque sea esto en mucho; sino el arte de fundir en actividad pacífica los elementos, heterogéneos u hostiles, de la nación: y lo primero es conocer al dedillo estos elementos, para no intentar nada que haya de chocar contra ellos [...]” [1]

José Martí

En la época que le corresponde vivir a Martí, el capitalismo ha madurado lo suficiente para que las teorías y ciencias sociales estén enfrascadas en nuevas soluciones a los problemas, en especial a los sistemas de partido, de gobierno, a las relaciones de clases y el progreso social.

Antes de 1892, año de la creación del Partido Revolucionario Cubano, Martí ha comprendido que el capitalismo está colmado de contradicciones. El desarrollo económico lejos de resolver los problemas los ha agudizado y los partidos políticos productos de estos sistemas y encargados de garantizar el desarrollo solo reproducen las contradicciones y viven de los males sociales, sin proponer soluciones viables y humanistas.

En América Latina, después de alcanzar la independencia, las repúblicas y sus partidos políticos siguen reproduciendo el conflicto entre la independencia nacional y la descolonización mental, tanto de las poblaciones originarias como de los nuevos pueblos. En la vida política, la incultura junto a intereses mezquinos de grupos hacen que la salud nacional esté limitada para el intento de sociedades democráticas.

Martí comprende que el problema está en la incultura, el desconocimiento y carencia de hábitos en el ejercicio republicano. En estas circunstancias les corresponde a los partidos políticos organizar la vida nacional sobre nuevas bases construir modelos de pensamiento propio. Basados en el estudio de sus realidades, no de modelos ajenos, comprendiendo las dimensiones cultural e instrumental del conocimiento, como proyectos de emancipación humanista total.

Aunque en la época existen concepciones muy divergentes acerca del conocimiento y la ciencia, como son el positivismo y el pragmatismo, para Martí la ciencia tiene otra connotación en la que teoría y práctica han de andar juntas, por su ideal humanista emancipador comprende que: “Ciencia y libertad son llaves maestras que han abierto las puertas por donde entran los hombres a torrente, enamorados del mundo venidero”[2], advirtiéndose el valor práctico y humanista de la ciencia.

Al referirse al Partido Revolucionario Cubano, en artículo de Patria de 1893, expresa:

“ha de surgir, por toda ley humana y local, por todo lo que prueba y anuncia la verdadera ciencia política, la ciencia de los antecedentes semejantes y los resultados necesarios, una guerra ciega y parcial, si no se la dispone con amor y estudio, o fuerte o completa si se ligan a tiempo sus elementos, -aquí declara el Partido Revolucionario Cubano, constituido para ordenar las fuerzas abandonadas de la revolución inevitable y conveniente, que enfrenando la indignación que pudiera alzar en él la sumisión excesiva e inútil de sus compatriotas o la conformidad inactiva con la tiranía que se censura, cumple, y continuará cumpliendo, con su deber de preparar a guerra en un país que v a ella por todas las vías, y que un partido impotente para contenerla abandona a sus caprichos y sus furias”.[3]

Esta expresión martiana nos llevó a realizar el presente acercamiento al tema, conscientes de que la creación del partido no era una casualidad, sino “fruto del profundo estudio de las fuerzas y vicios de nuestra revolución”[4].

El análisis de estos pensamientos nos da la posibilidad de ver la ciencia en sus dimensiones, y principalmente, la unidad entre ciencia y conciencia, entre sentimiento y razón, conocimiento y práctica, de manera que la ciencia es progreso, razón y humanismo para nuestro Apóstol.

La palabra ciencia no se enuncia textualmente en las Bases y Estatutos  del Partido; es en la exposición de los objetivos, necesidades y caracterizaciones, donde se deja ver un conocimiento profundo de la realidad cubana y un nivel de sistematización que permite una proyección de la revolución donde los elementos fundamentales a normar e impulsar están contemplados en la concepción de ordenar los factores fundamentales de la contienda a través de presupuestos ideológicos-políticos e ideológicos-científicos, la recurrencia permanente al conocimiento y al empleo de métodos nuevos que requieren ser conocidos:

 “El poder de la idea, ordenada y activa (…) de los revolucionarios de espada y de libro, de caballo y de bufete (…) en la vida política, de los méritos y derechos de todos los cubanos, sin más grados ni diferencias que los de su virtud, y los de utilidad para la patria; es la guerra total y sensata, con pensamiento, corazón y tesoro bastante para asegurarle la probabilidad racional de la victoria”.[5]

Entre estos métodos está la base clasista que no es el interés de una persona, grupo o clase, es una situación, compleja de por sí al comprender personas de la Isla y de la emigración, con experiencias propias y un problema común, la falta de libertad por el sometimiento colonial que no solo es económico.

La estructura socioclasista es compleja también: reminiscencias de una cultura esclavista conviven con relaciones capitalistas incipientes y una población de cubanos residentes en el exterior, que ama su tierra, la quiere libre, pero son portadores de diferentes ideologías y experiencias. La emigración más grande se localiza en Estados Unidos y aquí la clase obrera es fuerte, incluso algunos grandes y medianos burgueses. Hay cubanos patriotas en el Caribe, Centro y Sur América donde el desarrollo económico y social tiene otros matices y formas de manifestar sus contradicciones. El Partido Revolucionario Cubano los une a todos, expresado desde el primer artículo de las Bases: “se constituye para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad”.[6]

El Partido se crea para obtener la independencia de Cuba y fomentar la de Puerto Rico, es una empresa que dispone de un solo método, la guerra, que debe ser ordenada con conocimientos, no solo con sentimientos. La disposición expresa es que la guerra, necesariamente debe ser bien organizada, lo cual será posible con el conocimiento de “los antecedentes semejantes y los resultados necesarios”. Hay una experiencia práctica de la que se precisaron errores, pero también resultados positivos, entre ellos la Guerra de los Diez Años, y las luchas independentistas de Latinoamérica, como los hechos históricos más importantes, sin omitir los de otras realidades.

Lo primordial es cómo ordenar a todos los elementos y es ese el objetivo y función del Partido Revolucionario Cubano: “ordenar, de acuerdo con cuantos elementos vivos y honrados se le unan, una guerra generosa y breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo la felicidad de los habitantes de la Isla”.[7]

El elemento vivo está en las ideas, pero se demanda de hombres honrados, que la guerra sea generosa y breve, que una vez alcanzada la paz se trabaje feliz. Este es el ideal, la aspiración, solo hay que preguntarse cómo lograrlo, cuál es el método correcto. Se requiere de mucho conocimiento y no solo de la experiencia práctica.

El método está en la democracia, en “métodos republicanos”, de “sincera democracia” libre de “espíritu autoritario y  la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre un pueblo nuevo y de sincera democracia”.[8] A decir de Martí “el Partido Revolucionario Cubano es la unión de pensamiento y voluntad”[9]

El pensamiento liberal desde mediados del siglo XIX con la creación de los partidos políticos  modernos, principalmente en Estados Unidos, hacen que la democracia burguesa está enviciada y fundamenta sus concepciones en teorías elitistas, olvidando a las amplias masas, aunque en el discurso refieran la representación popular, aunque en realidad es pura demagogia.

En el Partido Revolucionario Cubano se sobreentiende la existencia de diferencias de clases sociales y llama a la unidad sobre la base del respeto y la representatividad sin favoritismo para nadie: “allegará, sin compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno”. Los cubanos se libran de “sus pasiones de clase, o de secta social, o de raza, ante el deber de pelear con orden por la independencia del país”[10].

En varios de los artículos publicados en Patria Martí llama la atención sobre este aspecto: “…que no es en estos instantes, como los partidos políticos suelen ser, mera agrupación, más o menos numerosa, de hombres que aspiran al triunfo de determinado modo de gobierno”,

Sobre los problemas a resolver, está consciente que:

“Tienen otros pueblos,  y entienden que es trabajo suficiente, un solo problema esencial; en uno, es acomodar las razas diferentes que lo habitan; en otro, es el de emanciparse sin peligro de los compromisos de geografía o historia que estorban su marcha libre; en otro, es, principalmente, el conflicto entre las dos tendencias, la autoritaria y la generosa, que con los nombres usuales de conservadores y liberales dividen a los pueblos. Y en Cuba, solo segura porque el alma de sus hijos es de alientos para subir a la dificultad, hay que resolver a la vez los tres problemas (…) no es un partido en verdad lo que se amasa, sino un pueblo”.[11]

Martí manifiesta una comprensión generalizadora de los problemas esenciales de Cuba y el mundo, principalmente del funcionamiento de las repúblicas, de su dinámica una vez que son constituidas. Con el Partido Revolucionario Cubano se ensaya la futura república, las formas de libertad creadora, del pensamiento que es libre para pensar en la revolución, el bien y la dignidad humana. Ello también solicita no solo de amor, sino de vigilancia, lo que resulta para Martí el único modo seguro de felicidad y gobierno entre los hombres.[12]

De gran importancia para el trabajo de educación y del quehacer científico dentro de la política y en el Partido Revolucionario Cubano son las Conferencias Políticas,  anunciadas en Patria del 11 de junio de 1892 donde se informa:

“El club va a poner por obra, mañana domingo 11, su acuerdo sobre las Conferencias Políticas, sobre las Conversaciones Políticas. Porque lo de Conferencia solo es arte de lo que el Club desea. La Conferencia es monólogo, y estamos en tiempos de diálogo. Uno hablará sobre un tema, y todos luego preguntarán y responderán sobre él. Unas veces, por lo del asunto, será la Conferencia sola. Otras será el trato en junto de nuestras ideas esenciales, para acallar una duda, para entender una institución política, para conocer el alcance de un programa social: y todo con el objeto de encender el patriotismo en la razón y de salvar la tierra de los errores del entusiasmo ciego, del interés frío, de las sectas egoístas, de los peligros de la ignorancia”.[13] 

En el artículo se insiste en el empleo de métodos participativos, para conquistar, con el derecho del mérito igual, la igualdad apetecible entre los hombres.

El día 18 se publica que el Club “José Martí” realizó la primera conferencia, donde un conferencista diserta y posteriormente los asistentes intervienen sobre:

“los fines de nuestra política o sobre sus métodos, sobre la relación entre los derechos sociales del hombre y sus deberes patrios (…) allí la enardecida juventud, la del aula junto a la del taller, que a la impaciencia del sacrificio, y la emulación inquieta de los héroes, une el conocimiento saludable y sereno de las fuerzas del brazo y de idea que son indispensables para vencer”.[14]

Asisten personas de diferentes orígenes, e incluso nacionalidades, interesados e imbuidos en la lucha del pueblo cubano, que debaten de política, de aquella que es necesario conocer y construir para hacer la guerra y sembrar el proyecto de la República. Este es un método de instrucción, consulta y educación en el accionar político, de participación creadora para preparar a las masas en el pensamiento razonador, en la construcción de conocimientos y unificación de ideales.

En las Bases del Partido están estas ideas como formas de organización y objetivos de lucha y quedan plasmados los recursos para alcanzar la nueva sociedad, se orienta hacia dónde ir y regula los pasos esenciales a realizar, todo lo cual, de forma concreta se expresa en el Artículo 8 de las Bases, o sea, unir a los cubanos sobre la base de relaciones sinceras entre factores históricos y políticos,  y en el III acápite se insiste en: “Propagar en Cuba el conocimiento del espíritu y los métodos de revolución, y congregar a los habitantes de la Isla en un ánimo favorable a su victoria, por medios que no pongan innecesariamente en riesgo las vidas cubanas”.[15]

Propagar el conocimiento del espíritu y los métodos de algo tan majestuoso como una revolución implica un conocimiento científico. Aunque se emplee la palabra espíritu, no solo quiere expresar el aspecto psicológico, necesariamente esa espiritualidad está constituida por un sistema de ideas, concepciones, puntos de vista que convenzan a las personas para incorporarlas en la contienda; presupone una ideología, concepciones adquiridas y comprobadas en la actividad práctica, tanto individual como del decursar histórico de la humanidad y por supuesto, para los líderes políticos, un conocimiento de las tradiciones y psicología del pueblo.

El método que se refiere en el documento, de participación democrática, está dirigido a cómo llevar a cabo la Revolución, qué tareas realizar, que es en sí lo que viene a constituirse en programa de lucha. No se trata solo de socializar la idea, es encontrar aceptación, que se considere viable, útil, acertada; ello es lo que le va a conceder al Partido  la legitimación necesaria.

En todos los textos martianos sobre el partido, la guerra y la nueva república exhorta el Maestro en el ánimo de las personas, orienta la necesidad de la incorporación al proceso con voluntad. Su insistencia mayor está en el conocimiento, aprecia en el cubano un hombre de cultura política, fraguada en la lucha, que a la vez debe portar conocimientos desprendidos de intereses y ambiciones personales, cuya arma radica en la verdad, la cual no puede estar separada de la ciencia. En este sentido Martí rechaza “el engaño literario de la política teórica en choque con la verdad cruda de la política natural”[16], realmente ninguna teoría foránea ha creado el modelo que pueda solucionar de forma creadora y justa el problema cubano de finales del siglo XIX.

La comprensión martiana de lo natural en la política, radica en la consideración de lo original y autóctono de cada pueblo, en correspondencia con su naturaleza, historia, tradiciones, en fin, con la cultura. Esa es la “política natural”. Dicho principio está presente en sus textos: Nuestra América es ejemplo de ello como concepción latinoamericanista y de la esencia de la política para la reivindicación de nuestro ser. Aplicado a Cuba, es la utilidad de todo conocimiento, aborrecer las teorías y modelos extranjeros, que solo deben considerarse si no entran en choque con lo nuestro: esta es tareas de las ciencias políticas y aspecto a velar por el Partido Revolucionario Cubano, porque:

“La ciencia, en las cosas de los pueblos, no es el ahitar el cañón de la pluma de digestos extraños, y remedios de otras sociedades y países, sino estudiar, a pecho de hombre, los elementos, ásperos o lisos, del país, y acomodar al fin humano del bienestar en el decoro los elementos peculiares de la patria, por métodos que convengan a su estado, y puedan fungir sin choque dentro de él (…) De esta ciencia, estricta e implacable –y menos socorrida por más difícil-  de esta ciencia pobre y dolorosa, menos brillante y asequible que la copiadiza e imitada, surge en Cuba por la hostilidad incurable y creciente de sus elementos, y la opresión del elemento propio y apto por elemento extraño e inepto, la revolución. Así lo saben todos y lo confiesan.  En lo que cabe duda es en la posibilidad de la revolución. Eso es lo de hombres: hacerla posible. Eso es el deber patrio de hoy, y el verdadero y único deber científico en la sociedad cubana”. [17]

Se evidencia en Martí que la necesidad del conocimiento rebasa la utilidad práctica para convertirse en dimensión ética que como deber, es lo que confiere a la ciencia en la política un valor trascendental.



[1] José Martí:”Un libro del Norte sobre las instituciones españolas en los estados que fueron de México”. El Partido Liberal, México, 25 de noviembre de 1892. O. C., t. 7, p. 58.

[2] José Martí: Respeto a Nuestra América. La América, Nueva York, agosto de 1883. t, 6, p. 24.

[3] José Martí: “Discurso en Hardman Hall”. Nueva York, 31 de enero de 1893. O.C.,  t.4, p. 317.

[4] José Martí: “El Partido Revolucionario a Cuba”. Patria, 27 de mayo de 1893. O. C., t. 2. p.339.

[5] José Martí: “Persona, y patria”. Patria, Nueva York,  1 de abril de 1893. O. C., t. 2, p. 278.

[6] Bases del Partido Revolucionario Cubano. O. C., t. 1, p. 279.

[7] Ídem.

[8] Ídem.

[9] José Martí: “Persona, y patria”. Patria, Nueva York,  1 de abril de 1893. t. 2, p. 277.

[10] “Los cubanos de Jamaica en el Partido Revolucionario”. Patria, 18 de junio de 1892. O. C., t. 2, p. 24.

[11] Ídem pp. 21- 22.

[12] Ídem. p. 26.

[13] José Martí: “Los clubs”. Patria 11 de junio de 1892. T. 4, p. 16-17.

[14] José Martí: “La primera conferencia”. Patria, 18 de junio de 1892, Nueva York. O. C. t. 2, p. 29.

[15] Bases del Partido Revolucionario Cubano. O. C. t, 1, p. 280.

[16] José Martí: “Carácter”. Patria, Nueva York, 30 de julio de 1892. O. C. t. 2, p. 75.

[17] José Martí: “Crece”. Patria, 5 de abril de 1894. O. C., t. 3, p. 117.

0 comentarios