JOSÉ MARTÍ Y LA CULTURA GRIEGA EN LA EDAD DE ORO
Dra. C. Ada Bertha Frómeta Fernández
Dr. C. Alberto Velázquez López
"...Muerta es la vieja Grecia, y todavía colora nuestros sueños juveniles, calienta nuestra literatura y nos cría a sus pechos, madre inmensa, la hermosa Grecia artística..." [1]
José Martí
En La Edad de Oro[2], a través de relatos, cuentos y poesías, revela sus ideales de superación humana en defensa de una cultura de la dignidad en momentos de importantes transiciones socio-políticas en América Latina. Hay en la revista una identificación expresa de aspiraciones humanistas de extensión universal; la obra no solo es un proyecto artístico, sino y sobre todo, político.
La obra martiana se caracteriza por complementar lo artístico y educacional con lo político; no por pura casualidad sus ideas sobre la historia van más allá de la admiración estética y se identifican con intereses ideológicos acordes con su visión de los problemas del hombre, las relaciones con la naturaleza y el progreso cultural.
Martí se propuso llenar a nuestras tierras de hombres originales. Proveer a los niños y jóvenes de América de los más diversos conocimientos, así como recrearlos con las mejores obras de la literatura universal. Expuso la necesidad de conocer la historia y cultivar sentimientos de respeto y amor, en defensa de la nueva sociedad.
Como dijera Gonzalo de Quesada y Aróstegui, discípulo y amigo de Martí: "aquel genio condensó su sabiduría en páginas, sencillas a la vez que profundas, dedicadas a los niños de América."[3] Como el mismo Martí expresara:
[Entrego] todo lo que a pura sangre me ha ido madurando en el alma. [...] lleva pensamiento hondo [...] para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella ni vivir infecundamente en ella, [...] El abono se puede traer de otras partes, pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo y hombres de América. Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa.[4]
En “A los niños que lean La Edad de Oro”, pretendió decirles: “...lo que deben saber para ser de veras hombres (...) cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora.”[5]
Martí se basó en los conocimientos sobre la cultura griega para escribir algunos relatos en la revista, que a nuestro entender persigue dos intenciones bien pensadas; la enseñanza de la historia antigua y la defensa de la historia de América sobre la base de su diferenciación y similitud con otras culturas, todo lo cual contribuiría a la formación de ideales justos acerca del origen de los pueblos y sus aportaciones. Es un examen para reivindicar lo nuestro, menos privilegiado en los textos de historia y en la conservación de sus tradiciones.
La trascendencia y contemporaneidad de la cultura griega sirvió de punto de partida a José Martí para valorar el desarrollo histórico de la humanidad y llegar a una comprensión integradora de los aportes y distinciones de los latinoamericanos a dicha historia.
Orientar los conocimientos al servicio de la formación del hombre, para que descubra lo bueno y bello del mundo que lo rodea, la adquisición de una conciencia clara sobre la naturaleza humana y la cultura propia, son razones suficientes para entender los motivos que lo acercaron a Grecia.
En Cuba la presencia griega está diseminada en la arquitectura de las ciudades y en los colegios más importantes se estudian los pensadores clásicos. En España, pasa algo parecido y en las universidades Martí amplía sus conocimientos, sobre todo al cursar la carrera de Filosofía y Letras, donde tuvo que aprobar las asignaturas de Lengua Griega, Literatura Clásica Griega y Estudios Críticos sobre Autores Griegos[6] y únase a todo ello su dedicación al estudio de forma autodidacta.
La traducción del libro Antigüedades griegas, de J. H. Mahaffy, le aportó valiosos conocimientos y en La Edad de Oro se reproducen con magistral creación cuando describe costumbres y la arquitectura.[7]
Las concepciones de belleza, el bien y la justicia del filosofar griego aparecen de forma explícita en varios textos de La Edad de Oro, como expresión de la asimilación de este pensamiento por José Martí.
En el primer número de la revista, ya dedica un espacio para promover la cultura griega a través de su versión de “La Ilíada” de Homero. Con métodos expositivos muy originales, en que el narrador valora los hechos y la propia obra, llega a realizar conclusiones filosóficas, éticas y estéticas de alto valor para las ciencias humanísticas.[8]
Tal parece que su objetivo es reflejar a través de la literatura más antigua, las luchas de los pueblos, pero hay en el texto un llamado trascendental: “En la Ilíada, aunque no lo parece, hay mucha filosofía, y mucha ciencia, y mucha política.”[9]
Las valoraciones fundamentales emitidas en el texto son:
- El arte y la literatura reproducen la vida de los pueblos antiguos y requieren ser conocidos en los nuevos tiempos.
- El dominio de los “pueblos nuevos” por la naturaleza es una de las causas del surgimiento de las religiones: “porque el hombre se ve pequeño ante la naturaleza que lo crea y lo mata, y siente la necesidad de creer en algo poderoso”. [10] Se refiere a la creación de los dioses por el hombre, precisa por qué los creó: en el enfrentamiento a la naturaleza, “para que lo trate bien en el mundo, y para que no le quite la vida”.[11] Esto coincide con las causas científicamente reconocidas acerca del surgimiento de la religión.
- La denuncia a la utilización de los preceptos religiosos por los gobernantes para mantener el poder: el “derecho divino de los reyes”
La Ilíada es hermosa por la manera en que pinta el mundo: “Se siente uno como gigante, o como si estuviera en la cumbre de un monte, con el mar sin fin a los pies, cuando lee aquellos versos de La Ilíada, que parecen de letras de piedra”.[12]
En el relato “Un juego nuevo y otros viejos”, Martí realiza un recorrido por la historia de los juegos y dice:
“...Se habla mucho de los griegos y de los romanos, que vivieron hace dos mil años; pero los niños romanos jugaban a las bolas, lo mismo que nosotros, y las niñas griegas tenían muñecas con pelo de verdad, como las niñas de ahora...”[13]
Enseña que en la historia del hombre se repiten muchas de las creaciones, porque son los pueblos iguales, por su origen e inteligencia, solo que cada uno establece su distinción en correspondencia con las condiciones naturales en que vive. Es el reconocimiento de las analogías[14] y la existencia de una identidad universal del hombre[15].
Acude a la mitología a través de la diosa Diana, que describe físicamente y apoyándose en el grabado que acompaña el texto, se reproduce una escena de gran belleza con la narración de los ritos realizados alrededor de la diosa.
A continuación expresa:
Los griegos fueron como casi todos los pueblos nuevos, que creen que ellos son los amos del mundo, lo mismo que creen los niños; y como ven que del cielo viene el sol y la lluvia, y que la tierra da el trigo y el maíz y que en los montes hay pájaros y animales buenos para comer, le rezan a la tierra y a la lluvia, y al monte y al sol, le ponen nombres de hombres y mujeres, y los pintan con figuras humanas, porque creen que piensan y quieren lo mismo que ellos y que deben tener su misma figura...[16]
Y volviendo a los juegos:
“... Sin contar la pelota, que todos los pueblos la juegan, y entre los indios era una pasión, como que creyeron que el buen jugador era un hombre venido del cielo, y que los dioses mejicanos, que eran diferentes de los dioses griegos, bajaban a decirles cómo debía tirar la pelota y cogerla.”[17]
Nótese aquí el llamado a diferenciar los dioses de las distintas regiones, pues no pueden ser idénticos a pesar de tener un mismo origen: cada pueblo los crea a su semejanza.
En este texto se divulgan las mejores tradiciones de la humanidad con un alto contenido ético y estético, se valorizan las distintas culturas no por sus diferencias, sino por su similitud, lo que lleva a la comprensión de que ningún pueblo es superior a otro. Su método consiste en revelar la existencia de estructuras comunes en las manifestaciones de las diferentes culturas.
En la última página del primer número de La Edad de Oro dejó sentenciado:
Los nuevos tiempos no son como los de Homero, pues lo que debe hacer el poeta ahora es aconsejar a los hombres a que se quieran bien y a pintar todo lo hermoso del mundo y castigar con la poesía como con el látigo a los que quieran quitar a los hombres su libertad.[18]
Este precepto martiano rebasó las fronteras del arte aplicándolo a todas las facetas de la vida, destáquese el lugar que concedió al bien y a la libertad. La misión del hombre actual no está en copiar y reproducir las costumbres de la antigüedad, sino en crear nuevas formas de interpretar el mundo y buscar soluciones sobre la base de la hermandad y la razón.
Concluye sobre el papel de la inteligencia como arma:
En los mismos tiempos de Homero, el que ganó por fin el sitio, y entró en Troya, no fue Ajax el del escudo, ni Aquiles el de la lanza, ni Diomedes el del carro, sino Ulises, que era el hombre de ingenio, y ponía en paz a los envidiosos, y pensaba pronto lo que no les ocurría a los demás.[19]
Para Martí, la inteligencia no es la simple acumulación de informaciones, aunque estas de por sí son necesarias, sino que el hombre se arme de todas las tradiciones humanamente ascendentes, donde la historia reviste importancia cardinal: la formación de una conciencia basada en la cultura de los sentimientos. Estos puntos de vista se concretan en su ideario educacional sobre la formación del hombre práctico, el hombre natural.
En el segundo número de La Edad de Oro, en "La historia del hombre contada por sus casas", argumenta sus concepciones sobre el origen del hombre, la pluralidad de culturas y raíz común:
Estudiando se aprende eso: que el hombre es el mismo en todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive, porque el hombre que nace en tierra de árboles y de flores piensa más en la hermosura y el adorno, y tiene más cosas que decir que el que nace en una tierra fría, donde ve el cielo oscuro y su cueva en la roca. [20]
Todas las culturas tienen un mismo origen natural, no hay dudas, pero nuestras costumbres y pensamientos no son iguales, ello se debe en gran parte a las características del medio natural que siempre impone exigencias concretas, como fuente creadora de ideas, a la vez que también puede ser un freno para la germinación de lo bello y necesario. Todo entorno que es bello crea estados de ánimo agradables y de hecho, es fuente de inspiración. Reconoce el papel del intercambio cultural como vía para impulsar el desarrollo, no como objeto de dominación política. Con ello supera las tendencias naturalistas en los estudios sociales de la época.
Como en su ideario todo está armónicamente en conexión, ese hombre que tiene diferencias por su origen, a la vez, no solo depende de ello, sino que también tiene la responsabilidad de reproducirlo. La identidad e integración de dichos valores es el medio que viabiliza la participación social en el conocimiento y producción cultural continua.
El hombre, a pesar de su inferioridad con respecto a la naturaleza en su conjunto, se ha impuesto en la vida y precisamente a través de la producción material y espiritual que le ha permitido realizarse a sí mismo: Este ideal es el elemento estructurador en “La historia del hombre contada por sus casas”. En cuanto a Grecia dice que: “en Grecia levantaron los edificios más perfectos del mundo, y escribieron los libros más bien compuestos y hermosos.”[21] Y más adelante describe que:
En Grecia no era así, (refiriéndose a las casas hindúes) sino todo blanco y sencillo, sin lujo de colorines. En la casa de los griegos no había ventanas, porque para el griego fue siempre la casa un lugar sagrado, donde no debía mirar el extranjero. Eran las casas pequeñas, como sus monumentos, pero muy lindas y alegres, con su rosal y su estatua a la puerta, y dentro del corredor de columnas, donde pasaba los días la familia, que solo en la noche iba a los cuartos, reducidos y oscuros. El comedor y el corredor era lo que amueblaban, y con pocos muebles: en las paredes ponían en nichos sus jarros preciosos: las sillas tenían filetes tallados, como los solían ponerles a las puertas, que eran anchas de abajo y con la cornisa adornada de dibujos de palmas y madreselvas. Dicen que en el mundo no hay edificio más bello que el Partenón, como que allí no están los adornos por el gusto de adornar, que es lo que hace la gente ignorante con sus casas y vestidos, sino que la hermosura viene de una especie de música que se siente y no se oye, porque el tamaño está calculado de manera que venga bien con el color, y no hay cosa que no sea precisa, ni adorno sino donde no pueda estorbar. Parece que tienen alma las piedras de Grecia. Son modestas, y como amigas del que las ve. Se entran como amigas al corazón. Parece que hablan.[22]
Explica aquí la relación de la arquitectura con la estética, la funcionalidad y el genio, como concepción que rinde culto a la armonía que es lo que hace a las culturas clásicas, por el equilibrio entre el arte y el trabajo.
En “Las Ruinas Indias”, denuncia la destrucción de culturas humanas por otros pueblos, y que en la realidad latinoamericana asume una connotación especial, pues a pesar de los siglos de colonialismo no se ha logrado destruir del todo ni material ni espiritualmente. En este caso hay que considerarlo como una defensa a nuestra cultura y de su humanidad negada, pues como es conocido, uno de los pretextos utilizados por los españoles para evangelizar estas tierras, era la existencia del sacrificio humano como ofrenda a los dioses. El rompe con el mito de que los indoamericanos fueran los únicos que utilizaban estas prácticas:
...Hay (en América) sacrificios de jóvenes hermosas a los dioses invisibles del cielo, lo mismo que los hubo en Grecia, donde eran tantos a veces los sacrificios que no fue necesario hacer altar para la nueva ceremonia, porque el montón de cenizas de la última quema era tan alto que podían tender allí a las víctimas los sacrificadores; hubo sacrificios de hombres, como el del hebreo Abraham...”[23]
En la historia de ambas culturas han ocurrido hechos similares: “...hay oradores que se levantan llorando, como el trascaltecal, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se levantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo...”[24] Solo que la humanidad se ha dedicado a narrar lo de otros pueblos y desconocer lo nuestro.
Los hombres, tal parece que repiten, sin saber, lo que han hecho otros pueblos como forma de manifestar su esencia natural y social, e idean cosas similares en distintas latitudes. Es un proceso universal porque: “...Cada ser humano lleva en sí un hombre ideal, lo mismo que cada trozo de mármol contiene en bruto una estatua tan bella como la que el griego Praxíteles hizo del dios Apolo...”[25]
En el tercer número de La Edad de Oro, el relato “La exposición de París” está dedicado al evento realizado por el centenario de la Comuna de París, donde muchos pueblos del mundo expusieron sus creaciones. Le prestó atención a la cultura griega otra vez, pero aquí llama la atención sobre cómo ésta se fue asimilada por otros pueblos, y cómo con posterioridad es la principal inspiradora de los movimientos revolucionarios en el arte, la filosofía y la política: “...Luego, al fin de la edad que medió entre aquella pelea y el descubrimiento de América, volvieron los gustos de antes, de Grecia y de Roma, en las casas graciosas y ricas del Renacimiento...”[26]
Y cierra las referencias a Grecia, pues en el número siguiente no la menciona, demostrando que ya es otra y su historia no ha sido tan afortunada, porque hubo tiempos en los que no se supo defender y organizar:
“...¿Y Grecia, esa de la puerta baja con un muro a cada lado, con la historia de antes en uno, antes de que los romanos la vencieron cuando fue viciosa, y la vida del trabajo de hoy, en antigüedades, en mármoles rojos, en sedas finas, en vinos olorosos, desde que resucitó con la vuelta a la libertad, y tiene ciudades como Pireo, Siracusa, Corfú y Patras, que valen ya por lo trabajadoras tanto como las cuatro famosas de la Grecia vieja: Atenas, Esparta, Tebas y Corinto?”[27]
Grecia no quedó en la antigüedad, siguió su desarrollo, con altas y bajas y diseminada por el mundo en edificaciones, gustos y paradigmas.
América, vuelta a su libertad, ha de dedicar la vida al trabajo: su inteligencia ha de promoverse y emanciparse en concordancia con las leyes que ha regido el desarrollo de la humanidad.
Se debe conocer lo aportado por otras épocas y desprendernos de las concepciones enajenantes que inculcan la negación de nuestra composición y antecedentes, armonía natural y sus posibilidades reales de desarrollo: Ha de echar a andar ininterrumpidamente en su composición de resistencia como mandato para reivindicar el pasado, que es tan célebre como el de la Grecia antigua.
El ideario martiano es de defensa a la cultura latinoamericana, que alejado de todo nacionalismo burgués, asume un carácter político en el enfrentamiento a todo tipo de explotación y discriminación.
Hoy se habla de salvar la humanidad como el principal problema global, pero se trata de conservar las culturas, con su identidad, lo que para Martí fue legitimar la Grecia Nuestra sobre la base de la dignidad que le aporta la historia real.
Bibliografía
Arias, Salvador: La Exposición Universal de París de 1889 vista por José Martí. Anuario del Centro de Estudios Martianos. (13) La Habana, 1990.
Colectivo de autores: Acerca de La Edad de Oro. Colección de Estudios Martianos. Centro de Estudios Martianos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1980.
Dill, Hams-Otto: El ideario literario y estético de José Martí. Casa de las Américas. La Habana, 1975.
Escobar Valenzuela, Gustavo: “Reflexiones sobre La Edad de Oro, de José Martí”. Anuario del Centro de Estudios Martianos, (13) La Habana, 1990.
Miranda Francisco, Olivia: “Historia, Cultura y Revolución en José Martí”. Revista Cubana de Ciencias Sociales, (30) La Habana, 1995.
Pino, Alicia: “Nuestra Grecia y la Grecia que no es nuestra”. Jornadas sobre la filosofía y Cultura Griega. Editorial Félix Varela. Ciudad de La Habana, 1999.
Velázquez López, A.: En la barranca de todos. Alberto Velázquez López y Ada Bertha Frómeta Fernández. Editorial Publicigraf y Sanlope. Las Tunas, 1994.
Zea, Leopoldo: “Naturaleza y Cultura”. Casa de las Américas. Julio-septiembre, La Habana, 1993.
[1] Poesía dramática americana. Guatemala, febrero de 1878. Obras Completas. Editora Nacional de Cuba. La Habana, 1963-1965. Tomo 7, p. 173.
[2] La Edad de Oro, revista de recreo e instrucción que publicó José Martí en cuatro números, de julio a octubre de 1889 en New York. Es la primera revista publicada dirigida a los niños latinoamericanos.
[3] Gonzalo de Quesada y Aróstegui: Introducción a la edición de La Edad de Oro de 1905. Edición citada, tomo 18, p. 295. (Todas las citas que aparecerán de La Edad de Oro fueron tomadas de esta edición y en las siguientes referencias solo se reflejará el número de página y título del texto).
[4] José Martí: “Carta a Manuel A. Mercado de 3 de agosto de 1889”. Obras completas, tomo 20, p. 146 y 147.
[5] “A los que lean La Edad de Oro”, p. 301.
[6] Las dos primeras asignaturas las venció con calificaciones de sobresalientes y la última de aprobado. Véase Expediente Académico de José Martí. Universidades de Madrid y Zaragoza. Fragua Martiana de la Universidad de La Habana. (Fotocopia).
[7] Ver en Obras completas de José Martí, tomo 25, páginas 99-211.
[8] Herminio Almendros destaca que con este texto Martí no pretendió hacer su versión de La Ilíada. Son explicaciones y comentarios que dan un sentido realista y racional a lo imaginario y fantástico. A propósito de La Edad de Oro. Editorial Gente Nueva, La Habana, 1972. Pp.177-1778
[9] “La Ilíada” , edición citada, p. 330.
[10] Ibidem, p. 330.
[11] Ibidem.
[12] “La Ilíada”, p. 331.
[13] “Un juego nuevo y otros viejos”, p. 337.
[14] “Mente Latina”. La América, Nueva York, noviembre de 1884. Edición citada, tomo 6, p. 25.
[15] “Nuestra América”. Edición citada, tomo 6, p. 22.
[16] Idem, p. 339.
[17] Idem, p. 342
[18] p. 349.
[19] p. 350.
[20] p. 357.
[21] p. 362.
[22] Pp. 365-367.
[23] p. 382.
[24] p. 381.
[25] P. 390.
[26] P. 413.
[27] P. 425
0 comentarios