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Por Alberto Velázquez López y Ada Bertha Frómeta Fernández

Estudios del ideario de José Martí

JOSE MARTI Y LA EDUCACION PARA AMERICA LATINA

Dra. C. Ada Bertha Frómeta Fernández
Dr. C. Alberto Velázquez López
(Publicado en Revista Cielo de América, Nro 1, Universidad Bolivariana, Caracas, 2008)
En José Martí no está el propósito de desarrollar una teoría de la educación, su verdadero objetivo es participar activamente en cada polémica de su época, y exponer de forma coherente y justa lo que piensa con un único fin: formar el hombre nuevo latinoamericano, capaz de transformar la sociedad. Es dentro de este marco que él presenta sus ideas educacionales.
Su pensamiento educacional es esencialmente humanizador, con un propósito claro: desarrollar una cultura del ser humano, en la cual la dignidad ocupa el lugar central, por considerarse la virtud más alta del hombre y de su espiritualidad creadora.
Estamos en presencia de una obra fundadora con infinitos cauces aprehensivos, donde un simple acercamiento a las esencias resulta útil, si tenemos en cuenta que el Maestro deja abundantes conocimientos en la esfera educativa y aún hoy tiene mucho que enseñar.
La concepción martiana de la educación no surge por generación espontánea, constituye un proceso complejo que contempla antecedentes socioculturales e históricos, la época que vivió Martí con sus respectivas influencias, así como su propia cosmovisión que le sirve de fundamento. Todos ello deviene en mediaciones centrales, condicionamientos y determinaciones que dan realidad a su ideario educativo. Se trata de un proceso de asimilación y creación, con vocación ecuménica raigal.
La historia de la humanidad reconoce a la Revolución Francesa de 1789 como el hecho que universaliza los proyectos de cambios socio-políticos, pues presenta una nueva ideología que provoca un viraje en las ideas filosóficas, económicas, políticas, sociales y especialmente educacionales de la época.
Inglaterra es el modelo teórico de Francia, sobre todo por la influencia de John Locke (1632-1704) y de la ciencia newtoniana. Inician este movimiento Charles L. Montesquieu (1689-1756) y Voltaire (1694-1778). Sin embargo, es Jean Jacques Rousseau (1712-1778) la figura principal de la Ilustración Francesa en el tratamiento del problema educacional, mientras que es Johann Heinrich Pestalozzi (1746-1827) quien desarrolla y lleva a la práctica las concepciones pedagógicas de Rousseau.
John Locke, fundamenta sus concepciones educacionales sobre métodos prácticos, recomienda la escuela de la vida y critica la enseñanza escolástica. Sin embargo, despoja los principios educativos de sentimientos solidarios, defiende que todos los estudiantes no son iguales y propone un preceptor para cada alumno.
Jean Jacques Rousseau, critica desde diferentes posiciones al régimen social de Francia. Aunque retoma las ideas de J. Locke, lo supera al plantear que la enseñanza no sólo debe dedicarse al cultivo del espíritu. Afirma que es necesario aprender mediante la práctica constante.
Rousseau comparte con Locke y con los principales filósofos de la ilustración la visión del ser humano como individuo unido a la naturaleza y a la sociedad, lo que en la concepción de la educación quiere decir ante todo, atención al individuo y su formación en correspondencia con el medio natural y social. El problema de la educación es así planteado en la dimensión individual, mientras Martí va más lejos al reconocer la necesidad de educar a las masas populares. Sin embargo, él coincide con Rousseau al ver la influencia de la naturaleza en la educación y defender la libertad de pensamiento a que tiene derecho cada hombre.
Johann Heinrich Pestalozzi, suizo, cuyas concepciones establecieron los cimientos de la educación elemental moderna. Influenciado por Rousseau, crea la enseñanza objetiva, aconseja como método educativo la experiencia individual, reclama la educación elemental para los campesinos y trabajadores. Entiende que la escuela es un elemento importante en la educación que enriquece la experiencia, la vida personal y común, pero en un marco más amplio que el contexto familiar. Es el creador de la pedagogía científica como sistema. Ve en la educación el remedio que salva los pueblos, aunque no reconoce la necesidad de cambiar las condiciones sociales de vida sí ve en la educación el medio para la reforma social. Martí admite al igual que Pestalozzi la educación en la aptitud moral, como el elemento clave para elevar las fuerzas humanas.
Los ideales educacionales de la ilustración europea que trasciende por su contenido ético, moderno y progresista son: la educación como aptitud para la vida moral, la educación elemental para los campesinos y trabajadores, utilización de métodos prácticos en la educación de los hombres y libertad de pensamiento.
El iluminismo europeo se proyecta hacia la solución de los problemas humanos que el desarrollo capitalista había traído y, pasa a ser un arma para fomentar las ideas más progresistas sin importar de qué parte del mundo se tratase. Este pensamiento constituye el modelo teórico de los ilustrados de la América española, al reflejar las aspiraciones más auténticas de un nuevo tipo de humanismo, con el cual se abría la modernidad y las posibilidades de emancipación en Latinoamérica.
Los principales pensadores latinoamericanos del siglo XIX muestran una consecuente afiliación iluminista, con concepciones y propuestas liberales prácticas para nuestros pueblos. Coinciden en darle a la educación un lugar importante como elemento de transformación sociopolítica y económica. En este sentido, importante papel desempeñaron los venezolanos Simón Narciso Carreño Rodríguez (1771-1854), y Simón Bolívar (1783-1830), el mexicano Justo Sierra Méndez (1848-1912), el argentino Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), el puertorriqueño Eugenio María de Hostos (1839-1903) y el uruguayo José Pedro Varela (1845 1879).
Simón Narciso Carreño Rodríguez propone escuelas que utilicen el mismo tiempo en el estudio y el trabajo. Se opone a la educación diferenciada por clases sociales. Al referirse a la importancia de la educación ve la educación de las masas como un elemento estratégico para lograr la unidad en las repúblicas latinoamericanas, consciente de que Europa y los Estados Unidos constituyen una amenaza para la originalidad de nuestros pueblos, por lo que plantea el desarrollo independiente de los pueblos basado en la educación.
Simón Bolívar, en 1824 apoya la introducción del método de Pestalozzi y propicia la expansión de la educación ilustrada en el continente. Trae a Lancaster para aplicar sus concepciones educacionales a la nueva escuela. A partir de este momento se crean las condiciones para el desarrollo de una educación nueva, lo que contribuirá a la formación paulatina de una pedagogía latinoamericana, comprometida con los problemas de la región y su solución.
Para el Libertador la educación ha de contribuir al bienestar de los hombres, pero en primer lugar hay que liberar a los pueblos y elevar la cultura, acabar con la ignorancia y formar una conciencia americana. Reconoce que somos un nuevo género humano, ni europeos, ni franceses y manifiesta la necesidad de vincular la educación a los proyectos políticos.
Justo Sierra Méndez, conocido como “Maestro de México”, [1] historiador, sociólogo, filósofo, escritor, político y biógrafo de Benito Juárez. Ejerce la docencia desde el nivel primario hasta el universitario. Reconoce que aunque México deja de ser colonia de España, nunca cambia su condición, pues permanece en un profundo atraso económico y cultural. Aboga porque en las universidades se enseñe a investigar y a pensar, con lo que se opone a los métodos tradicionales.
Su pensamiento educativo se caracteriza por un alto contenido patriótico y preocupado por la amenaza que significa para nuestros pueblos el poderío del Norte. Martí siente gran admiración por su obra: “¿Quién no sabe que es Justo Sierra honra de la patria mexicana? Necio fuera aquí ya todo comentario mío.” [2]
Martí y Sierra coincidieron en reconocer la relación existente entre educación e instrucción y la necesidad de que la escuela se corresponda con los intereses de la sociedad, así también, por la educación laica y su expansión por las zonas rurales.
Domingo Faustino Sarmiento dedica treinta años de su vida a la tarea de educar. Su obra cumbre La educación popular, la escribe en 1849. Entre sus principales ideas está que la enseñanza debe orientar y capacitar a los pueblos en vínculo con el trabajo que habrán de ejercer luego. La educación debe ser la misma para todas las clases sociales. En su praxis propone una educación integral, dirigida al desarrollo individual del estudiante.
El Apóstol critica el fanatismo de Sarmiento por el modelo de vida norteamericano y el hecho de menospreciar la educación de los indígenas al considerarlos fuera de las clases sociales, con lo que manifiesta una posición discriminatoria. [3] En la obra Facundo, Sarmiento estima que los males de Latinoamérica están en estas razas y admira cómo Estados Unidos no aceptó a las masas indígenas en su constitución social.
Eugenio María de Hostos es otro destacado pedagogo, nacido en Puerto Rico. Maestro, sociólogo, literato, geógrafo, político y pedagogo, autor de Ciencia de la pedagogía, Historia de la pedagogía y Polémicas pedagógicas, obras que publica en Madrid.
Hostos, el Ciudadano de América, es junto a Martí, un maestro fundador de pueblos como aquellos grandes hombres del siglo XIX, integrantes de ese excepcional registro de pensadores consagrados al enaltecimiento continental. Son contemporáneos y coinciden por proceder de naciones sometidas aún al dominio colonial español.
Martí y Hostos se enfrascan en un proyecto independentista, donde la educación ocupa un lugar clave para la formación de nuestros pueblos. Coincidieron en defender la educación de la mujer, la crítica al castigo la enseñanza laica y obligatoria, la educación patriótica para la toma de conciencia basada en los ideales de justicia y libertad en el más amplio sentido ético.
En el análisis de todos estos pedagogos existen dos tendencias fundamentales. Una plantea que la educación forma individuos iguales y cultos, con una concepción universalista del hombre, que menosprecia la individualidad y promueve patrones generales. Entre ellos Andrés Bello y Domingo F. Sarmiento ven en los modelos de vida norteamericano y europeos la solución para el progreso de la región.
Esta posición presenta como limitaciones: el menosprecio a la educación que se sustenta en nuestras raíces culturales auténticas, y plantea la necesidad de copiar modelos ajenos para dar solución a los problemas que enfrenta el continente. Dicha tendencia es nefasta porque conlleva a la pérdida de la identidad individual y de los pueblos latinoamericanos.
La otra tendencia representada por Simón Rodríguez, Simón Bolívar, José María Luis de Mora, Justo Sierra, Eugenio María de Hostos y el propio José Martí, se sustenta en los principios liberales de la revolución y el fortalecimiento de la cultura como cambios necesarios y radicales. Defensores de nuestra identidad, se oponen a la imitación de las formas de vida norteamericana y europeas. A la vez, conciben la educación de las masas como medio para afianzar las características individuales, a través de una concepción humanista que une el progreso personal al bien común.
A pesar de existir estas dos tendencias, podemos declarar los siguientes aportes de este pensamiento educacional latinoamericano: la formación de una conciencia americana, la enseñanza científica, educación laica, libertad de pensamiento, educación patriótica, la vinculación del estudio con el trabajo y la educación de las masas como elemento estratégico para alcanzar la unidad latinoamericana y mantener así la originalidad de nuestros pueblos, única garantía para enfrentar con éxito el peligro de la penetración de otras culturas y del imperialismo norteamericano en específico.
La ilustración europea llega a Cuba en el siglo XIX. Este es el siglo del pensar, conocer, saber y hacer, en la búsqueda de soluciones a los problemas esenciales de la identidad; el encontrarse a sí mismos a través del camino de la ciencia, la historia, la política y originalidad cultural. Se destacan los ilustres patriotas José Agustín Caballero (1762-1835), Félix Varela (1788-1853), José de la Luz y Caballero (1800-1862), Rafael María de Mendive (1821-1886) y José Julián Martí Pérez (1853-1895).
José Agustín Caballero, sacerdote, rector del Seminario San Carlos y San Ambrosio, nombrado en ese cargo por el obispo Espada, es considerado el Padre de la filosofía cubana y reformador de la enseñanza. Sus escritos demuestran la importancia que tiene el trabajo activo y creador del maestro. Se preocupa por la educación de la mujer, elabora un proyecto para las escuelas elementales y públicas, y es el precursor de este tipo de escuela en Cuba. Además es el primero que habla a sus alumnos sobre el experimento y la física experimental, e introduce el razonamiento como forma de aprendizaje.
Félix Varela (1787-1853) maestro, escritor y sacerdote liberal que obtiene la Cátedra de Filosofía en el Real Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio en 1811, es considerado el modelo del maestro cubano por sus virtudes y amor a la patria. Revolucionario y renovador del pensamiento filosófico y pedagógico, aboga por establecer los nexos entre razón, política y ética, ello lo convierte en un agente de tránsito entre el iluminismo y liberalismo.
En política y educación mantiene una actitud enérgica y de avanzada, proponiendo soluciones viables para su época. Destrona el latín de la enseñanza, dando así el primer paso para la educación masiva. A través de las últimas conquistas de la ciencia, critica y combate la enseñanza memorística y defiende la educación de la mujer.
Continuador de las ideas de José Agustín Caballero y de Félix Varela es José de la Luz y Caballero, maestro y fundador del colegio El Salvador, en su viaje por Inglaterra y Escocia se nutre de las más modernas doctrinas pedagógicas y filosóficas de la época, se familiariza con la educación técnica que tanto necesitaba la industria azucarera. Entiende que la escuela debe ser renovada en su contenido y métodos. Vincula la teoría con la práctica, orienta el estudio de las ciencias con nuevos métodos experimentales, y pertrecha al Colegio El Salvador con una rica biblioteca, equipos de laboratorios de Física y Química, útiles de Astronomía y mapas.
Con estas ideas, Luz influye en la formación de la conciencia patriótica y revolucionaria, al otorgarle un importante papel a la educación moral en la formación de la juventud. Doscientos de sus discípulos se incorporan a las luchas independentistas. Es creador de una pedagogía teórico-metodológica y científica de carácter crítico.
Rafael María de Mendive, poeta y maestro, director de escuelas, ejemplo de educador patriota y revolucionario, inculca este espíritu a sus alumnos. Martí le expresa: “De aquí a 2 horas embarco desterrado para España. Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas para tanto y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente hombre, sólo a Ud. lo debo y de Ud. y sólo de Ud. es cuanto bueno y cariñoso tengo.” [4]
Mendive se caracteriza por trasmitir a sus alumnos sentimientos de cubanía, la más rica herencia de la cultura patria. Todo su propósito va dirigido a desarrollar un sentido de identidad que junto a la sensibilidad humana propicie un pensamiento independiente y creativo; un uso libre de la razón. Todos estos ideales llegan a Martí a través de su maestro
La vida de José Martí se desarrolla en momentos en que se producen importantes transiciones en la ideología cubana, caracterizada por un pensamiento político de resistencia, que se sustenta en una moral patriótica y emancipadora. Ese pensamiento filosófico difiere de las corrientes que le anteceden, al asentarse en las raíces sociales, gnoseológicas, políticas y económicas del continente latinoamericano. [5]
En España, lugar de estancia de Martí a raíz de su primera deportación en 1871, se desarrollan las corrientes positivistas, dominadas por las ideas de Augusto Comte y Herbert Spencer. De estas corrientes, Martí asume los elementos que de acuerdo con sus criterios le eran más provechosos para su proyecto; la ciencia y el método de observación y experimentación para impulsar el desarrollo social, así como la filosofía de relación.
Es el krausismo [6] uno de los pensamientos que más impactó al joven desterrado, fundamentalmente en los aspectos éticos y educativos. En el Apóstol como en Krause, se manifiesta un pensamiento pedagógico de contenido profundamente humanista que insiste en la disciplina de la mente, el amor al trabajo y a incorporar la ciencia a la vida social.
Cuando vive en México, Guatemala y Venezuela, entre 1875-1881, el pensamiento positivista también constituye expresión ideológica de la naciente burguesía industrial, lo cual significa un paso de avance en relación con las concepciones escolásticas.
Es entonces, cuando aparecen por primera vez en él los conceptos latinoamericanismo, hispanoamericanismo, americanismo y nuestra América. Martí estudia profundamente la vida social, cultural, política, histórica y artística de estos pueblos y manifiesta su comprometimiento hacia ellos.
En la etapa de 1875 a 1885, Martí publica más de medio centenar de artículos, en los cuales plantea sus tesis fundamentales sobre la temática educacional referentes a la necesidad de la enseñanza científica y moderna, educación obligatoria a cargo del Estado, su preocupación por vincular el estudio con el trabajo, la educación del indio y la mujer y crítica a la educación de los niños fuera de la patria. Desde estas posiciones critica la escolástica, al positivismo, pragmatismo, dogmatismo y el utilitarismo en los distintos sistemas educacionales.
Al llegar a Estados Unidos en la década del 80, este país se encuentra en el paso del capitalismo premonopolista al monopolista e imperialista. El desarrollo de la producción material exige una profunda revolución cultural, que se realiza en estrecha relación con la ciencia, y lo pedagógico ocupa un importante lugar como respuesta a las necesidades del desarrollo del capitalismo. [7]
Martí aprecia que este proceso lleva a la destrucción del ser humano, pues considera que se descuidan los aspectos éticos y se afianza el individualismo como rasgo característico en esta sociedad.
En Estados Unidos el pensador que más influye en José Martí, es Ralph Waldo Emerson (1803-1882) publicista, poeta y filósofo, figura fundamental del transcendentalismo [8]:
De Emerson valora sus ideas sobre la libertad personal frente a la posición de los hombres y la época, el sentido de deuda con todo el género humano, la observación paciente de la naturaleza, exaltación de la vida como algo bello, la búsqueda de la virtud y el sentido de la vida. También se pronuncia por la educación verdadera que se inicia cuando se sale de la universidad, pues en ella sólo se aprenden los rudimentos de que el hombre ha de servirse. Emerson encabeza el movimiento a favor de la educación popular y pública.
En los Estados Unidos Martí se desempeña como maestro de escuelas privadas y públicas. En 1890 ejerce como instructor de idioma español sin recibir retribución económica, además imparte clases de Español y Matemática en “La Liga”, escuela nocturna para trabajadores que residían en Nueva York.
Sus concepciones sobre la educación están plasmadas con mayor nitidez en los textos: “Prólogo al poema del Niágara” (1883), “Maestros ambulantes” (1884), La Edad de Oro (1889), el ensayo “Nuestra América” (1891), los documentos del “El Partido Revolucionario Cubano” (1892) y en El Manifiesto de Montecristi (1895).
En “Prólogo al poema del Niágara” Martí puntualiza el papel educativo que ejerce la sociedad sobre el individuo y cómo el hombre desde que nace se ve preso de tradiciones nefastas para su vida. Revela la necesidad de una educación libre de dogmas, llama a liberar la educación y con ello al hombre, pues solo así se puede alcanzar el ideal de humanidad.
El plan estratégico para masificar la cultura queda evidenciado en el trabajo “Maestros ambulantes”. En él explica las vías para organizar y constituir un cuerpo de maestros que lleven la enseñanza a los lugares más distantes de nuestra América, con el propósito de acabar con la ignorancia, lograr el mejoramiento espiritual de los hombres y así alcanzar la verdadera redención humana.
En La Edad de Oro, mediante relatos, cuentos y poesías, revela sus ideales de superación humana en defensa de una cultura de la dignidad en momentos de importantes transiciones socio-políticas en América Latina. Hay en la revista una identificación expresa de aspiraciones humanistas de extensión universal; la obra no sólo es un proyecto artístico, sino, y sobre todo, político.
En el ensayo “Nuestra América” plantea los problemas fundamentales que padecen los latinoamericanos y propone la necesidad de reconquistarnos, descubriendo quiénes somos y las fuerzas que poseemos, busca lo autóctono sin imitar dogmáticamente modelos ajenos y orienta tomar de la cultura universal lo que nos permita reinsertarnos mejor en el mundo.
Los documentos y artículos relacionados con el Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí en 1892, y su programa El Manifiesto de Montecristi constituyen una proyección educativa para las amplias masas de contenido político e ideológico con el objetivo de alcanzar la unidad revolucionaria y la república ética que se propone construir.
En estas obras hay una referencia y tributo constante a la historia de nuestro pensamiento educativo y emancipador, todo lo cual le aporta una distinción de autoctonía y un alto valor para la práctica revolucionaria.
La educación es para Martí un fenómeno ante todo humano, cultural y social. Critica las escuelas que educan la inteligencia ausente de amor y que no le prestan atención a la espiritualidad humana; pues sólo forman hombres prácticos. La espiritualidad del hombre es el objeto de la educación, y hay que educar: “[...] en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos”. [9] Solo así se logra crear pueblos virtuosos y felices.
No solo es fortalecer el espíritu, es esencial que el cuerpo lo haga en la misma medida: “[...] Un cuerpo vigoroso es como un depósito de fuerzas, en que renueva su energía la mente exhausta. Es urgentísimo para españoles e hispanoamericanos cultivar a la vez las dotes de la mente y las fuerzas del cuerpo [...]” [10] Los ejercicios físicos permiten al hombre desarrollar un cuerpo fuerte, una vida sana y el desenvolvimiento de una rica espiritualidad.
Según Martí, le corresponde a la educación propiciar cambios profundos en el mundo interior del hombre para hacerlo transformador consciente de su medio: “Toca a cada hombre reconstruir la vida: a poco que mire en sí, la reconstruye.” _Y critica- “[...] el que impide, en una vía u otra, en cualquier vía, el libre uso, la aplicación directa y el espontáneo empleo de las facultades magníficas del hombre!” [11]
Educar los sentimientos es lo que permite preparar al hombre, de manera inteligente, para cumplir con las exigencias que la sociedad le impone. Pero que Martí no se detiene a verlo unilateral, sino a través de una relación dialéctica donde lo emocional y lo racional se complementan. La verdadera educación es aquella donde los conocimientos que se enseñan potencian la razón y los sentimientos a la vez.
Para él los problemas de América Latina están, en primer lugar, en la necesidad de formar una cultura diferente a la impuesta por la colonización, de ahí que: “[...] En nuestros países ha de hacerse una revolución radical en la educación, si no se les quiere ver siempre, como aún se ve ahora a algunos, irregulares, atrofiados y deformes, como el monstruo de Horacio: colosal la cabeza, inmenso el corazón, arrastrando los pies flojos, secos y casi en hueso los brazos [...] [12]
Se percata de que la clase social que ostenta el poder político, utiliza los centros educacionales conjuntamente con las demás instituciones políticas y administrativas, como instrumento que garantiza sus aspiraciones políticas y de poder, al margen de los intereses populares.
La educación en la región ha de tener como fin preparar al hombre para la vida pues: “Educar es depositar en cada hombre toda la obra humana que le ha antecedido: es hacer a cada hombre resumen del mundo viviente, hasta el día en que vive: es ponerlo a nivel de su tiempo, para que flote sobre él, y no dejarlo debajo de su tiempo, con lo que no podrá salir a flote; es preparar al hombre para la vida.” [13]
Martí comprende que heredamos un tipo de hombre estereotipado, enajenado, que repite patrones de conducta que no le permiten explicar su propia realidad, y mucho menos dirigir la nueva nación sin caer en el peligro de copiar modelos ajenos a nuestra realidad.
A la educación agraria le presta una importancia especial por tener América Latina un sustento eminentemente agrícola y considera que: “[...] la educación pública vaya desenvolviendo, sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a la naturaleza.- Divorciar al hombre de la tierra es un atentado monstruoso [...]” [14]
Para Martí la educación ha de ser pública y obligatoria para campesinos y clases desposeídas, que se han de educar en la observación directa, con la aplicación de los adelantos científico-técnicos que más directamente se pueden relacionar con las condiciones de nuestras tierras.
Expresa la relación entre educación y revolución popular. La educación constituye el vehículo, que junto a la práctica revolucionaria, permite a las grandes masas convertirse en las protagonistas efectivas de los cambios sociales. Entiende que no hay progreso verdadero sin la amplia participación popular.
Las políticas educacionales han de dirigir sus acciones a la formación de sentimientos patrióticos. Al constituir ello la levadura superior, donde se reafirma la confianza en lo mejor del hombre y en la autenticidad de nuestros pueblos: “La educación tiene un deber ineludible para con el hombre, -no cumplirlo es crimen: conformarle a su tiempo- sin desviarle de la grandiosa y final tendencia humana. Que el hombre viva en analogía con el universo, y con su época [...]” [15]
La educación de la libertad es un problema social en la región, pues se requiere de sistemas realmente formadores de conciencia, donde los hombres puedan: “[...] vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la Libertad, como viven en el goce del aire y de la luz.” [16]
La educación es, en Martí, un instrumento poderoso en la obtención de la riqueza espiritual y un arma efectiva en la lucha por la independencia y la redención de los pueblos, pues “Ni la originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste mientras no se asegure la libertad espiritual.” [17]
Reconoce como un derecho de los habitantes del campo y la ciudad la educación básica. En el caso de la mujer aprecia el papel social que debe desempeñar, de aquí la necesidad de su educación como un imperativo justo y civilizador: “Si la educación de los hombres es la forma futura de los pueblos, la educación de la mujer garantiza y anuncia los hombres que de ella han de surgir [...]” [18]Martí a diferencia de otros pensadores de su época no discrimina a la mujer, aprecia su verdadero rol como elemento educador y productor de valores culturales.
Martí también se solidariza con la clase obrera y plantea la necesidad de crear Kindergate gratuitos para que ellos puedan elevar su cultura, que para él es la causa de sus malas condiciones de vida, y plantea: “Hasta que los obreros no sean hombres cultos no serán felices [...]” [19]
A los niños, sin distinción de clase o posición social van dirigidas sus aspiraciones educativas, pues merecen una adecuada instrucción y educación en correspondencia con las necesidades y exigencias de la sociedad.
La enseñanza primaria debe cambiar de verbal a experimental y que el niño se plantee la necesidad de descubrirlo todo, y busque las respuestas a cada una de sus interrogantes, en constante intercambio con la naturaleza.
El proceso educativo debe ser democrático, laico, científico y útil, basado en el diálogo constructivo-participativo. Estas condiciones ponen a los seres humanos en capacidad de crear los instrumentos y medios de transformación sobre profundas bases éticas, teniendo en cuenta los intereses individuales y los del colectivo social.
El papel social de la educación dimana de su misma esencia y propósitos, pues es “[...] ir a donde va la vida. Es insensato que la educación ocupe el único tiempo de preparación que tiene el hombre, en no prepararlo. La educación ha de dar los medios de resolver los problemas que la vida ha de presentar [...]” [20]
El sujeto descubrirá sus potencialidades con la utilización de métodos que lo sitúen en condiciones de resolver los problemas que más lo afectan. El conocimiento debe partir de la práctica y luego elevarse al pensamiento. Por esa razón: “[...] gran bendición sería, si las escuelas fuesen aquí como son en mayor grado en esto en Alemania, casas de razón donde con guía juiciosa se habituase al niño a desenvolver su propio pensamiento, y se le pusiera delante, en relación ordenada, los objetos e ideas, para que deduzca por sí las lecciones directas y armónicas que le dejan enriquecido con sus datos, a la vez que fortificado con el ejercicio y gusto de haberlos descubierto.” [21]
Se ha de enseñar de forma ordenada y sistemática pues, “la elemental pedagogía enseña que dañan los intervalos a la educación”. [22] Precisa el carácter sistémico de la educación, pues “No fructifica la educación si no es continua y constante [...]” [23]
El hombre es semejante a sí mismo, las vestimentas, las lenguas, las religiones, nos hacen diferentes, pero en lo esencial, la naturaleza humana es igual en todas partes. El hombre necesita encontrarse y reconquistarse, ascender en su condición de ser humano. Ser verdaderamente hombre es una tarea difícil y ésta es la misión final de la educación como “[...] único medio de salvarse de la esclavitud. Tan repugnante es un pueblo que es esclavo de hombres de otro pueblo, como esclavo de hombres de sí mismo.” [24]
Martí comprende que por la naturaleza social del conocimiento, la aplicación creadora y racional de los adelantos de la ciencia y la técnica constituyen una necesidad en el análisis de los valores que se forman en la actividad educacional.
[...] que haya escuelas buenas donde se pueda ir a aprender ciencia, no es lo que ha de ser. Que se trueque de escolástico en científico el espíritu de la educación; que los cursos de enseñanza pública sean preparados y graduados de manera que desde la enseñanza primaria hasta la final y titular, la educación pública vaya desenvolviendo, sin merma de los elementos espirituales, todos aquellos que se requieren para la aplicación inmediata de las fuerzas del hombre a las de la naturaleza [...] a los hombres que viven en la naturaleza, el conocimiento de la naturaleza [...] [25]
Se exige un sistema de valores que integre de manera armónica “[...] la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos,” [26] la formación una conciencia sobre la base de la cultura de los sentimientos y la razón en un clima de justicia y equidad.
El cultivo de la virtud acerca al hombre a su patria, lo convoca en el cumplimiento desinteresado del deber, a profesar sentimientos de amor y admiración hacia el trabajo como actividad útil, pues: “Un pueblo instruido ama al trabajo y sabe sacar provecho de él. Un pueblo virtuoso vivirá más feliz y más rico que otro lleno de vicios, y se defenderá mejor de todo ataque.” [27] Con ello se establece una relación real del hombre con su mundo, que estimula el desarrollo de una rica espiritualidad y así rescatar las mejores tradiciones de los pueblos. [28]
Para José Martí el mundo exterior se puede conocer y hacerlo mejor, siempre y cuando esté mediado por una eticidad que manifieste la relación deber-virtud, construido mediante la razón y el bien, pues “[...] el hombre, dichoso por la virtud, cree lo que ve, y ve en sí y fuera un mundo claro y mejor [...]” [29]
La escuela debe dotar a los individuos de los conocimientos que les permitan desentrañar las causas que provocan nuestros problemas, para que puedan valorar y comprender los verdaderos caminos de su definitiva liberación: “[...] edúquese en los hombres los conceptos de independencia y propia dignidad [...] para la defensa de la dignidad y la independencia de la patria.” [30]
El Apóstol orienta educar una cultura del trabajo, necesaria en un continente que por la explotación colonial de varios siglos, lleva a que para la mayoría de sus habitantes signifique sometimiento, y las clases dominantes lo consideren una actividad que rebajaba su condición social.
Bajo estas condiciones se hace compleja la educación, debido a los nexos que se deben establecer entre valoración y actividad práctica. Hay que formar en el hombre un conocimiento real del trabajo para que adquiera una significación vital. Esto se logra mediante una actividad educativa que vincule al individuo desde los primeros años de vida a la práctica laboral. Se han de cultivar sentimientos de amor al trabajo útil y digno. Martí critica los sistemas educacionales que separan al hombre de sus necesidades reales.
Se ha de entender el trabajo como un deber primario y social, en el sentido de reconocer al hombre trabajador, como el verdadero creador de la riqueza espiritual y material de la humanidad.
La función educativa del trabajo está en:
“El que más trabaja es el que es menos vicioso, el que vive amorosamente con su mujer y sus hijos. Porque un hombre no es una bestia hecha para gozar, como el toro y el cerdo; sino una criatura de naturaleza superior, que si no cultiva la tierra, ama a su esposa, y educa a sus hijuelos, volverá a vivir indudablemente como el cerdo y como el toro.” [31]
Comprende el valor ético del trabajo y critica aquellos sistemas educacionales que separan y enajenan al individuo de esta actividad, pues para José Martí vale más el hombre en la medida en que es trabajador, honrado.
Propone la incorporación del trabajo productivo a las actividades escolares por el papel formativo que puede desempeñar en las nuevas generaciones de latinoamericanos, condenados a vivir esencialmente de la agricultura, por ello, para Martí detrás de cada escuela debe existir un taller agrícola. [32]
Una escuela útil, que acomode la enseñanza a las necesidades reales de quien la recibe; y contribuya a que el hombre latinoamericano aprenda los oficios que lo hacen dueño de sí: “Ventajas físicas; mentales y morales vienen del trabajo manual [...] El hombre crece con el trabajo que sale de sus manos.” [33]
Destaca la importancia de las escuelas de mecánica, oficios, agricultura y la educación laboral en general, como factor que incorpora al hombre de manera útil y consciente a la transformación, que conduce al progreso social. La educación como un elemento desalienador que permita alcanzar una vida superior. Esta es la esencia del humanismo práctico y liberador martiano, expuesto con precisión en el artículo “Trabajo Manual en las Escuelas”. [34]
La educación práctica debe corresponder con las necesidades de quien la recibe, capacitarlo en los conocimientos y habilidades para enfrentar con objetividad los problemas de la vida: “Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en la perdurabilidad y trascendencia de la vida.” [35]
La educación para la vida se logra en aquellas escuelas capaces de desarrollar en los estudiantes los conocimientos, hábitos, capacidades y habilidades necesarias. No deben ser enseñadas cosas triviales: “Puesto que se vive, justo es que donde se enseñe, se enseñe a conocer la vida. En las escuelas se ha de aprender a cocer el pan de que se ha de vivir luego.” [36]
Para que la escuela cumpla esta función hay que cambiar los programas viejos y convertir la enseñanza retórica en experimental y científica.
La concepción martiana de la unidad del estudio con trabajo es continuación de la tradición de pensamiento cubano y latinoamericano, principio esencial para educar al hombre moderno, y desarrollar un pensamiento inteligente, producto y reflejo de la actividad práctica: “Esta educación directa y sana; esta aplicación de la inteligencia que inquiere a la naturaleza que responde; este empleo despreocupado y sereno de la mente en la investigación de todo lo que salta de ella, la estimula y le da modos de vida; este pleno y equilibrado ejercicio del hombre, de manera que acá como de sí mismo puedan ser, y no como los demás ya fueron; educación natural, quisiéramos para todos los países nuevos de América.” [37]
En las tierras americanas la inteligencia tiene el papel social de ser creación y aplicación, pues, “[...] el hombre sólo ama verdaderamente, o ama preferentemente, lo que crea [...]” [38] La búsqueda creciente de humanidad en la actividad social es lo que hace Martí, a sabiendas de que en el universo de lo realmente humano: “La práctica sesuda se impone a la teoría ligera [...]” [39]
La práctica social determina las necesidades, fines, intereses, medios y condiciones en que se ha de desarrollar la actividad educacional. De la reflexión realizada desde esta perspectiva es que Martí destaca el valor de la educación y las posibilidades que brinda al sujeto para enfrentar y resolver de manera independiente y ordenada las tareas: “La educación ha de ir donde va la vida. Es insensato que la educación ocupe el único tiempo de preparación que tiene el hombre, en no prepararlo. La educación ha de dar los medios de resolver los problemas que la vida ha de presentar. Los grandes problemas humanos son: la conservación de la existencia, -y el logro de los medios de hacerla grata y pacífica.” [40]
Según Martí, evitar el divorcio entre la formación técnica y la espiritualidad es tarea esencial de los sistemas educacionales. La principal tarea de la educación siguiendo el legado de José de la Luz es sembrar hombres: “Lo que estamos haciendo son abogados, y médicos, y clérigos, y comerciantes; pero ¿dónde están los hombres? [...]” [41]
El modelo educacional que nos propone es esencialmente sociocultural: el sujeto del aprendizaje tiene la responsabilidad de asumir de manera independiente el rol que le corresponde en su propia educación, pues: “[...] no hay mejor sistema de educación que aquel que prepara [al] niño a aprender por sí.” [42] Tiene conciencia del papel que desempeña la escuela en la organización de las condiciones del devenir político, ideológico, social. El hombre como actor de dicho proceso responde a los intereses y necesidades de su entorno. Al respecto planteó:
Educar no debiera ser eso, ni echarle al hombre el mundo encima, de modo que no quede por donde asomar los ojos propios; sino dar al hombre las llaves del mundo, que son la independencia y el amor, y prepararle las fuerzas para que lo recorra por sí, con el paso alegre de los hombres naturales y libres. [43]
En Martí, sus concepciones sobre la actividad educacional, se fundamentan en la significación que le concede a las relaciones entre la valoración y el conocimiento, en que la práctica es el núcleo estructurador del sistema de actividades mediante la cual se articula la relación sujeto-objeto en el proceso de aprendizaje.
Con suficientes razones se ha conceptuado a Martí como guía espiritual del presente y el porvenir de la humanidad. La cualidad ético-moral de su producción teórica avala su programa educativo y los cauces de realización social e individual que le son inmanentes.
Comprometido con la causa liberadora y de transformación social y cultural, desarrolla una filosofía de la liberación total del hombre, como defensa, preservación y desarrollo de la identidad latinoamericana.
En el ideario educativo del Apóstol resaltan tres direcciones fundamentales que permiten el análisis sistémico estructural para la revelación de sus aspectos esenciales, que constituyen una unidad significativa. Como expresión concentrada de su ideal humanista al considerar, que la educación es un modo de ascensión humana, tiene una condicionalidad histórico-social, y que el fin de la educación es preparar al hombre para la vida.
Preparar al hombre para la vida en las condiciones de nuestra América, es formar una cultura de resistencia, del ser, capaz de convertir sus ideales en baluarte inexpugnable para la defensa de su identidad, una cultura de la razón y los sentimientos, y revertir las condiciones dramáticas de nuestros pueblos.
Martí exige una revolución profunda y auténtica, donde se renueve toda la vida espiritual por medio de la educación masiva e integral, capaz de elevar la calidad humana del hombre latinoamericano, y prepararlo para resolver los retos que el presente y el futuro le imponen en las esferas económicas, políticas y sociales. La educación es un hecho cultural y genuinamente humano, en el que el hombre ocupa el lugar central en las acciones transformadoras.
El proyecto de liberación y de emancipación social de José Martí incluye una reforma educacional radical, en el sentido que entiende la educación como el paso esencial que antecede a los demás cambios sociales. Esto nos permite afirmar que en el plano práctico, Martí entiende que la educación es la primera tarea antes de implantar los restantes programas sociales, ya que ello es lo que garantiza el éxito de la revolución.
El carácter popular de la educación es el rasgo fundamental de su pensamiento educacional, reconoce que las masas constituían la fuerza esencial de los movimientos sociales que conducirían al desarrollo y a la creación de una nueva sociedad, de ahí la imperiosa necesidad de educar al pueblo.
Martí, hombre práctico, atrapa su época y la realidad de su mundo con el único objetivo de transformarlo. No se considera un especialista de la educación como disciplina particular, sino el maestro que tuvo la capacidad de análisis para avizorar la misión que le corresponde a la educación para lograr el equilibrio del hombre latinoamericano.
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[1] Declarado “Maestro de América” por la Universidad de La Habana en 1953.
[2] José Martí: Revista Universal. México, 25 de mayo de 1875. O. C., t. 6, p. 211.
[3] Martí valora que “Sarmiento, el verdadero fundador de la República Argentina, y hombre de reputación europea, sobre ser innovador pujante, acaba de decir de mí. No me conoce, y aun sospechaba por mis opiniones sobre los Estados Unidos, no tan favorables como las suyas, que no era muy mi amigo. “Carta a Fermín Valdés Domínguez”. Nueva York, 28 de febrero de 1887. O. C., t. 20, p. 325.
[4] José Martí: “Carta a Rafael María de Mendive”, 15 de enero 1871, O. C., t. 20, p. 247. Además recomendamos por su alto contenido ético y educativo el trabajo que el Apóstol le dedica en El Porvenir de Nueva York y que se publica el primero de julio de 1891, O. C., t. 5, p. 250.
[5] Isabel Monal: “Esbozo de las ideas en América Latina hasta mediados del siglo XX.”. Filosofía en América Latina. Editorial “Félix Varela”, Ciudad de La Habana, 1998, p.1.
[6] Movimiento filosófico de los seguidores de Karl C. F. Krause (1781-1832), alemán de nacimiento y que tuvo varios simpatizantes en España a mediados del siglo XIX. Sus presupuestos son esencialmente éticos y defensores de la enseñanza libre. Llaman al perfeccionamiento del ser humano según su naturaleza más propia.
[7] Cuando Martí llega a este país, ya existen las escuelas de agricultura, de oficio y las universidades pasaban a ser las más importantes del mundo. Se había introducido el modelo educativo alemán basado en la estrecha asociación entre la investigación y la docencia. Uno de los pedagogos pragmáticos más importantes de Norteamérica es John Dewey, creador de la escuela activa, basada en el método del problema, que propicia la vinculación del estudio y el trabajo.
John Dewey (1859-1952), pertenece a la corriente del pragmatismo, creada por William James, corriente de la conciencia que se refiere a las conductas humanas y que reconoce como único criterio para juzgar la verdad los fundamentos prácticos. Su relación con el positivismo está en ser una corriente conciliadora a partir de nuevos fundamentos y lo determinante son los aspectos cuantitativos y no cualitativos
[8] El transcendentalismo es una doctrina filosófica idealista y religiosa, que plantea que toda experiencia puede llevarnos a un más allá que nos descubra el universo. Es materia de fe y no de demostración. Es un movimiento informal, anticonvencional llamado club transcendental que se congrega en Boston desde 1836 y su figura principal es Emerson.
[9] José Martí: “Educación popular”. O. C., t. 19, p. 375
[10] José Martí: “Sección constante”, La Opinión Nacional, Caracas 25 de enero de 1882. O. C., t. 23 p. 171.
[11] José Martí: “Prólogo al poema del Niágara de J. A. Pérez Bonalde”. O. C., t. 7, pp. 230-231.
[12] José Martí: “La Escuela de Mecánica”. La América, Nueva York, septiembre de 1883. O. C., t. 8, p. 279.
[13] José Martí: “Escuela de Electricidad”. La América, Nueva York, septiembre 1883. O. C., t. 8, p. 281.
[14] José Martí: “Educación científica”. La América, Nueva York, septiembre de 1883. O. C., t. 8, p. 278.
[15] José Martí: La América, Nueva York, enero de 1884. O. C., t. 8, p. 430.
[16] José Martí: “Maestros ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. O. C., t. 8, p. 288.
[17] José Martí: “El prólogo al Poema del Niágara de J. A. Pérez”. O. C., t. 7, p. 230.
[18] José Martí: Revista Universal de México, 13 de mayo de 1875. O. C., t. 6, p. 201.
[19] José Martí: La América, Nueva York, Septiembre de 1883. O. C., t. 8, p. 352.
[20] José Martí: “Fragmentos”. O. C., t. 22, p. 308.
[21] José Martí: “Carta al Señor Director de La Nación, Buenos Aires, 28 de septiembre de 1886”. O. C., t. 11, p. 81
[22]José Martí: Revista Universal, México, 6 de julio de 1875. O. C., t. 6, p.261.
[23] José Martí: Ibídem, p. 260.
[24] José Martí: Apuntes personales. O. C., t. 19, p. 376.
[25] José Martí: “Educación Científica”. La América, Nueva York, septiembre de 1883. O. C., t. 8, p. 278.
[26] José Martí: “Educación Popular”. O. C., T. 19, p. 375.
[27] José Martí: Obra citada, O. C., t. 19, p. 375.
[28] José Martí: Folleto Guatemala, México, 1878. O. C., t. 7, p. 157.
[29] José Martí: “Juan J. Peoli”. Patria, 22 de julio de 1893. O. C., t. 5, p. 283.
[30] José Martí: Revista Universal, México, 25 de mayo de 1975. O. C., t. 6, p. 209.
[31] José Martí: “Hombre del campo”. O. C., t. 19, p. 382.
[32] José Martí: “Trabajo manual en las escuelas”. La América, febrero de 1884. O. C., t. 8, p. 287.
[33] José Martí: Ídem, p. 285.
[34] José Martí: La América, Nueva York, febrero 1884. O. C., t. 8, pp 285- 288.
[35] José Martí: “Maestros Ambulantes”. La América, Nueva York, mayo de 1884. O. C., t. 8, p. 288.
[36] José Martí: “Cartas al Señor Director de La Nación”, Nueva York, julio 8 de 1883. O. C., t. 9, p. 445.
[37] José Martí: “Trabajo Manual en las Escuelas”. La América, Nueva York, febrero de 1884. O. C., t. 8, p. 287.
[38] José Martí: “El hombre antiguo de América y sus artes primitivas”. La América. Nueva York, abril de 1884. O. C., t. 8, p. 332.
[39] José Martí: “Cuadernos de Apuntes”. O. C., t. 21, p. 164.
[40] José Martí: “Otros Fragmentos”. O. C., t. 22, p. 308.
[41] José Martí: “Bronson Alcott. El Platoniano”. O. C., t. 13, p. 189.
[42] José Martí: La América, Nueva York, noviembre de 1883. O. C., T. 8, p.421.
[43] José Martí: La Nación, Buenos Aires, Nueva York, 15 de agosto de 1889. O. C., t. 12, p. 290-291.

LIBERTAD E INDEPENDENCIA EN JOSÉ MARTÍ

 

Dr. C. Alberto Velázquez López

Dra. C. Ada Bertha Frómeta Fernández

(Publicado en Revista Cubana de Ciencias Sociales, 33, 2003 y en Sapere Aude, Revista de Filosofía, Universidad Autónoma de Zacatecas, México. Nro. 2, 2007)

 

La libertad constituye un concepto básico de las ciencias del hombre y en especial de la filosofía política. En apariencia, libertad y gobierno constituyen dos conceptos excluyentes según el discurso liberal, pues todo gobierno se opone a la libertad del individuo, de aquí que aquel Estado potente regule el mercado y por tanto la libertad individual. “Libertad y orden, autonomía y autoridad, individuo y comunidad: en la conjunción de los polos de estas dicotomías se encuentra una rica problemática clásica y actual, añeja pero vigente, cuyo propósito principal es la reflexión acerca de una forma social en la que la persona se desarrolle plenamente sin coacciones ni obstáculos y, al mismo tiempo, lo hagan sin oponerse a los demás y sin que los otros sean medios sino fines.”[1]

Sin embargo, el pensamiento liberal en su totalidad no puede resolver el problema de la libertad al detenerse sólo en lo político o económico, sin tener en cuenta los demás aspectos de la vida social. Hoy día,  ante el proceso de globalización neoliberal los cuentistas sociales, desde sus diferentes puntos de vistas y ramas del conocimiento se consagran a encontrar nuevas soluciones a los problemas de la libertad, pues se requiere de formulaciones teóricas y prácticas sociales que permitan alcanzar la plena realización de los individuos, que dado el grado de desarrollo actual, el mundo se nos presenta como un complejo sistema de relaciones tanto personales, sociales e individuales muy difíciles de encausar hacia una armonía y equilibrio entre aspiraciones, necesidades y realización humanas.

Desde nuestra realidad, el ideario de José Martí constituye una fuente conceptual de gran importancia para la interpretación de la libertad como ideal y consecuentemente, es una perspectiva de realización que los cubanos debemos estudiar y presentar al mundo. Todo lo cual permitirá una mejor comprensión del proyecto revolucionario cubano iniciado el Primero de enero de 1959.

 José Martí analiza la libertad desde la perspectiva de la patria en su condición de colonia, y desde la otra vertiente, los impedimentos que limitan la libertad de los individuos y las colectividades humanas. Siempre asume esta cuestión como necesidad de la esencia natural y social del hombre y de las relaciones entre los pueblos y sus culturas.

No parte del mercado como la mayoría de los pensadores liberales, sino de las condiciones de desigualdad e injusticia, de explotación física y mental, propias del sistema de poder colonial que aplasta a la nación cubana, que como comunidad humana definida por sus intereses y necesidades, exige nuevas formas de gobiernos y de relaciones entre los individuos. Se requiere un Estado constituido mediante la unión de todas las personas, bajo leyes que aseguren la libertad natural –como primera condición- así como las libertades civiles y políticas: “Martí expresa y defiende el punto de vista de que la libertad cívica no es meramente un atributo posible de la vida social, sino una condición inalienable para poder vivir de acuerdo con la naturaleza del hombre, es un derecho natural humano.” [2] Es una concepción de la libertad donde el individuo es el centro directo en vínculo con los demás. Cualquiera de los textos escritos por él demuestra esta afirmación, recordemos por ejemplo, “La república española ante la revolución cubana” o “Nuestra América”, por solo citar dos ejemplos.

Coincide con el francés Juan Jacobo Rousseau (1712-1778), al intentar encontrar la forma en que las leyes que rijan a un pueblo sean auténticamente emanaciones de la voluntad general, sobre un fundamento ético es la única vía para la revolución social. Sin fantasías democráticas, Martí idea una república de unidad, ejercida por la comunidad soberana de individuos, donde la lucha, teniendo como base el ideal humanista oriente a los hombres hacia acciones éticas y políticas, o sea, prácticas revolucionarias radicales, en las que se unan amor y sabiduría, conciencia y ciencia, teoría y práctica.

Más que una concepción de la política cotidiana, desarrolla un pensamiento filosófico, imprescindible para el proyecto emancipador, donde libertad es equidad individual y colectiva, es unidad de idea y conocimiento de la esencia conforme a modos reales de aprehensión del mundo. Son contrarios a la libertad el individualismo, el sometimiento, la autoridad infundada y la injusticia.

La libertad política implica soberanía nacional y posibilidades de participación sin inquisiciones discriminatorias o enajenantes. Exige una equidad de poder político entre todos los elementos de la sociedad para que la autoridad y las opiniones no se concentren en pocas manos.[3]

Desde el punto de vista económico la libertad nacional implica poseer una capacidad para producir diversos productos y comercializarlos con muchos pueblos, pues de ser con un solo país traería consigo la pérdida de la libertad. La proporción entre producción e intercambio con otros países es condición esencial para evitar el sometimiento extranjero.

La libertad cultural es una de las grandes preocupaciones de Martí. Critica el proceso de colonización cultural y la copia de culturas ajenas como las europeas y norteamericana, que en momentos de redefinición para la región latinoamericana eran objetos de copia por muchos intelectuales y mandatarios. Llama a la defensa de nuestra identidad y alerta el peligro de la recolonización por estas potencias económicas y políticas. Sus artículos sobre la Conferencia Interamericana de Washington de 1889 y  la Conferencia Monetaria de 1891 y los textos conocidos como “Nuestra América”, constituyen proyectos de emancipación y protección de nuestra cultura frente al imperialismo yanqui. “El ideario martiano es de defensa a la cultura latinoamericana, que alejado de todo nacionalismo burgués, asume un carácter político en el enfrentamiento a todo tipo de explotación y discriminación”.[4]

Desde la perspectiva martiana, es necesario distinguir entre el arbitrio y la libertad: el primero es hacer lo que se quiere; lo segundo, en cambio, es hacer lo que se debe, es lo que tiene valor por responder a un carácter auténticamente humano. A diferencia de Kant y Hegel, que oscilaron entre las dos verdades, Martí no las ve por igual, pues la libertad para él sólo adquiere forma y contenido en el grado de perfección humana: “[...] Todo va acrisolándose por el ejercicio del bien, y convirtiéndose en esencia espiritual, presente aunque invisible. Todo es orden en las almas ya libres, cuya acción superior, e influjo directo, sienten confusamente en esta vida las almas irredentas. Edúquese lo superior del hombre, para que pueda, con ojos de más luz, entrar en el consuelo, adelantar en el misterio, explorar en excelsitud del orbe espiritual.” [5]

Con ello fundamenta una concepción ética de la libertad donde el orden y la voluntad se sintetizan en el individuo libre y en las instituciones sociales y políticas que responden a su condición de hombre. Es una concepción de libertad con ausencia de dominación, donde las relaciones de dependencia e independencia entre ciudadanos, se concibe como regularidad de la comunidad política ante la imposibilidad de que todos participen en el gobierno. La individualidad se fundamenta en el desarrollo de todos los hombres dueños de sí mismos en el plano individual y comunitario.

El proceso de participación política determina la construcción de una sociedad propia de hombres libres de restricciones y de obstáculos para el desarrollo de sus facultades y satisfacción de necesidades, con autonomía y con la única dominación que presuponen las normas que establece el bien y el deber común: “[...] La libertad política no estará asegurada, mientras no se asegure la libertad espiritual [...]” [6]

Es una sociedad ideal donde la unión de los seres humanos sin distinciones ni intolerancias, con desacuerdos y diferencias, ciertamente, pero unidos alrededor de presupuestos y hábitos que aseguran una libertad integral, no total, pues como reconoce existen diversos factores que pueden limitarla.

Su visión de la posible y necesaria armonía entre los cubanos a expensas de sus similitudes -no de las diferencias-, constituye un modelo trascendental cuyas formas políticas y éticas concretas constituyen un modelo utópico, que en las condiciones de la época es un hecho de alto valor conceptual.

En Martí, la utopía está en manifestar la crítica y proponer alternativas para cambiar las condiciones de vida,  a la vez que aporta una perspectiva realista al partir de las propias condiciones y potencialidades humanas.[7] Con ello aporta una concepción revolucionaria del progreso humano, pues todo lo  piensa con miras a un futuro mejor.

En los textos martianos la libertad aparece como la atmósfera natural del hombre y  fuerza espontánea de su ser: la libertad es hacer y no hecho, proceso y no resultado; nunca se alcanza totalmente, siempre aparecerá en el horizonte una porción de libertad que habrá que conquistar y defender. Se observa también la íntima relación de la libertad con la inteligencia: ella es condición indispensable para el espíritu creador, pues: “[...] así es la Libertad de esencia de la vida. Cuanto sin ella se hace es imperfecto [...]”[8]

Martí defiende la libertad de pensamiento, de expresión y desarrollo de las facultades humanamente entendidas. Para él, el mejor gobierno no es el que menos gobierna, sino el que mejor se corresponde con la identidad del país y procura hallar soluciones reales a sus problemas.

La libertad constituye para nuestro Apóstol la esencia de la vida y de la personalidad humana, porque quien carece de libertad no es enteramente hombre y quien priva de ella a un semejante carece de dignidad, pues su extinción equivale a la muerte moral del ser humano: “[...] Ni la originalidad literaria cabe, ni la libertad política subsiste mientras no se asegure la libertad espiritual. El primer trabajo del hombre es reconquistarse. Urge devolver a los hombres a sí mismos; urge sacarlos del mal gobierno de la convención que sofoca o envenena sus sentimientos, acelera el despertar de sus sentidos, y recarga su inteligencia con un caudal pernicioso, ajeno, frío y falso. Sólo lo genuino es fructífero.”[9]

El principal desvelo de Martí con respecto a la libertad es político, porque evidentemente, si el gobierno opera con la justicia con que debe hacerlo, las demás libertades se realizarán del mismo modo, pues de estar regida una sociedad por normas del más estricto fundamento ético, el ciudadano se ve respaldado por todo cuanto le corresponde como persona, por condición natural, teniendo en cuenta que: “[...] Una es la libertad y distintas las maneras de conseguir su afianzamiento [...]”[10]

Martí está siempre muy vigilante respecto a la falta de libertad dondequiera que fuese y de modo muy especial en el continente americano; para él la dignidad de los pueblos estriba en saber defender su libertad y, a la vez, respetar la de los demás. Sin ninguna dubitación la libertad de Cuba condensa y expresa toda la obra de pensamiento y acción del Apóstol. Para él libertad e independencia de la Patria son cuestiones inherentes y esenciales.

Se consagra a reivindicar la relación existente entre la libertad y la igualdad. Aunque es cierto que el lema revolucionario de 1789 en Francia introdujo ambos conceptos, también es visible que la mayor parte de los intelectuales de aquella época centraron parte de sus argumentaciones en una excesiva sacralización del principio de libertad, olvidándose de buscar métodos oportunos para lograr una igualdad de derechos. Pues bien, para nuestro Apóstol entre los objetivos que debe perseguir la sociedad y el poder político está promover, sustentar y defender la igualdad de los ciudadanos, creando el contexto adecuado que permita disfrutar de una libertad real sobre la comprensión de que: “La libertad es como el genio, una fuerza que brota de lo incógnito; pero el genio como la libertad se pierde sin la dirección del buen juicio, sin las lecciones de la experiencia, sin el pacífico ejercicio del criterio". [11] .

Su interpretación de la libertad, en cuanto a la presencia del hombre en la política se refiere y a las actividades que dentro de ella se realizan, han de conservan la dignidad humana como exigencia que determina el grado de libertad alcanzado.

Presupone un proceso que va de lo formal a lo “ilustrado”, al conocimiento de los derechos y deberes, así como de la ascensión constante a formas y resultados que se evalúan por el tipo de hombre que producen esas condiciones de libertad. De hecho Martí concibe la necesidad de una cultura de la libertad, con lo que reconoce el carácter histórico general e histórico concreto en el caso de Cuba.

No es una concepción abstracta o “fórmula banal”, es una visión integradora de tradiciones y saberes que en su socialización rigen la estructura de la República. La libertad,  “es la condición ineludible de toda obra útil”.[12] Por lo que “es indispensable que tenga realidad en la vida cotidiana del Estado y de los individuos”.[13]

Contempla siempre al hombre como insustituible actor del drama del devenir social; y a la colectividad como escuela de su formación cívica y pretexto de su misión de servir. Las vías hacia la libertad no son únicamente de carácter político, son indispensables así mismo los altos valores éticos en la conducta de los ciudadanos. El individuo ha de estar sujeto a ciertas reglas morales, sin las cuales no es posible alcanzar la armonía social y personal.

Desde el punto de vista ético, constituyen condiciones para la libertad el amor, la dignidad, el decoro, el bien, la justicia, la virtud y la paz.

La política ha de conservar indefectiblemente su carácter de “contienda libre” de ideales humanos, y como deber admitido ha de “conducir a la concordia”. La búsqueda y sostén de la libertad ha de ser obtenido a través de la justicia, sin la cual es libertinaje o tiranía: “[...] la libertad de la patria no está en el nombre de libertad, sino en el trato afectuoso y el ajuste de intereses de todos sus hijos [...]”[14]

En Martí, libertad e independencia constituyen una unidad que no sólo se refiere al problema patrio, sino también a la persona humana, tanto en lo espiritual como en lo material. La independencia de la patria no es un fin, sino un medio para lograr con la revolución la libertad y con ella, la transformación radical de la sociedad colonial.[15] Garantizar la libertad y la independencia exige de una racionalidad para hacer que los hombres actúen en correspondencia con el bien común.

Existen factores naturales que pueden limitar la libertad, entre ellos las condiciones en que viven algunos pueblos, no obstante Martí le presta mayor atención a los aspectos sociales y políticos. Dentro de lo social, la incultura constituye uno de los mayores frenos para ejercitar la libertad, y en lo político se requiere establecer formas de gobierno que garanticen la justicia colectiva y la independencia nacional de constitución y salvaguarda de nuestra cultura.

Como se puede apreciar, sus concepciones sobre la libertad y la independencia no se quedan en el plano de las relaciones políticas entre colonia y metrópoli; su proyecto de la nueva república contiene la realización plena de cada uno de sus ciudadanos, vista en sí mismo y por los demás en toda la amplitud de su espíritu.[16] Martí proyecta una concepción de la libertad real, con independencia total como única alternativa para resolver los problemas de Cuba, el equilibrio político de la región y el enfrentamiento a la expansión norteamericana.

Las claves filosóficas martianas sobre la cultura, el hombre,  la política, el poder político, la libertad, el deber social y la unidad revolucionaria, se concretan en su ideal humanista de entraña política, comprometido con la independencia nacional.

El valor que tiene la filosofía política de José Martí, no está dado en la coincidencia o cercanía que pueda tener con las ideologías más revolucionarias actuales, sino en ver hasta dónde sus puntos de vista son previsores y germinales de los posteriores procesos. Previsor de las tendencias del desarrollo mundial, nos presenta el paradigma de la independencia total de Cuba como vía para la solución de los problemas del hombre y la nación

No se trata de ir a buscar todas las soluciones a los problemas de hoy en las ideas de Martí. Se requiere asumir las nuevas exigencias con el mismo espíritu de la filosofía política martiana. Una filosofía que no se queda en el presente con actitud contemplativa. Se dirige al futuro con ansias de humanidad, con el solo objetivo de fundar una República nueva y próspera para el bien común.

En fin, para Martí, la verdadera política debe estar sustentada en una cultura de propósitos y cultivo humano, para poder constituirse en empresa de las grandes masas; “Con todos y para el bien de todos”.[17]

 

 

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[1] Gerardo Avalo Tenorio: Leviatán y Behemoth. Figuras de la idea del Estado. Universidad Autónoma Metropolitana. México, 1996, p. 18.

[2] Miguel Limia David: “El problema de la relación individuo-sociedad en el pensamiento político de José Martí”. Revista Cubana de Ciencias Sociales, número 30. 1995. Ciudad de La Habana. P. 37.

[3] Idem.

[4] Ada Bertha Frómeta Fernández: “José Martí y la cultura griega en La Edad de Oro”. Ada Bertha Frómeta Fernández y Alberto Velázquez López. Tercera Jornada de la Cultura y la Filosofía Griegas. Boletín 2001 de la Sociedad Cubana de Investigaciones Filosóficas, Ciudad de La Habana, 2001.

[5] José Martí: “Carta al Director de El Partido Liberal. 17 de diciembre de 1891”. O.C., t. 12, p. 504.

[6] José Martí: “Libros”. O.C.,  t. 18, p. 290.

[7] Es conocido que el término utopía a lo largo de la historia ha tenido diferentes interpretaciones. Tomás Moro inicia la tendencia de comprender la utopía como un pensamiento crítico, alternativo. Después del fracaso de las revoluciones de 1848, la burguesía utiliza el término para designar lo irrealizable. El marxismo por su parte al considerar que no sólo se requiere del conocimiento de las necesidades, sino también de las posibilidades de realización, comienza a diferenciar las utopías como proyectos políticos. En la década del 60 cuando los países exsocialistas se consideraban llegando al comunismo, pensadores como los de la escuela de Frankfurt plantearon el fin de la utopía, que en los medios burgueses se divulga como ausencia de ideas alternativas, y con ello daban una imagen eterna del capitalismo. Por nuestra parte, en Cuba, la solución al  respecto aparece en el libro Un grano de maíz: Conversación con Tomás Borge, donde Fidel Castro plantea que somos utópicos en el sentido de tener esperanzas en la transformación justa de la sociedad y que el hecho de pensar en ello es ya construirla. (Capítulo XIII) Oficinas de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1992.

[8] José Martí: “Libertad, ala de la industria”. La América. 3 de septiembre de 1883. O.C.,  t. 9, p. 451.

[9] José Martí: “El poema del Niágara”. Nueva York, 1882. O. C.,  t. 7, p. 230.

[10] José Martí: “La democracia práctica”. Revista Universal de México. 7 de marzo de 1876. O.C.,  t. 7, p 349.

[11] José Martí: “La democracia práctica”. Revista Universal de México. 7 de marzo de 1876. O.C.,  t. 7, p 347.

[12] José Martí: “Libertad, ala de la industria”. La América, septiembre de 1883. O.C.,  t. 9, 451.

[13] Emilio Roig de Leuchsenring: Tres estudios martianos. Colección de Estudios Martianos. Centro de Estudios Martianos, La Habana, 1983. P. 68.

[14] José Martí: “Los clubs”. Patria, 11 de junio de 1892. O.C.,  t. 2, p. 17.

[15] Roig de Leuchsenring, Emilio. Idem, p. 75.

[16] Velázquez López, Alberto: “El pensamiento martiano en la docencia universitaria de teoría sociopolítica: algunas consideraciones teóricas y metodológicas”. Alberto Velázquez López y Ada Bertha Frómeta Fernández. Selección de Lecturas de Teoría Sociopolítica. Universidad de La Habana. (En proceso de edición)

[17] José Martí: “Discurso en el Liceo Cubano, Tampa, 26 de noviembre de 1891”. O. C., t. 4, p. 279.

JOSÉ MARTÍ Y LA COMUNICACIÓN: ANÁLISIS DE SU DISCURSO DE 1887 EN HOMENAJE AL 10 DE OCTUBRE DE 1868

Dr. C. Alberto Velázquez López

Dra. C. Ada Bertha Frómeta Fernández

(Revista Quórum Académico, Universidad de Zulia. No. 1, enero-junio 2008. Venezuela. Indexada en LATINDEX, REVENCYT y InCom-UAB)

La relación entre ética y política ha tenido su sentido práctico de mayor connotación desde las revoluciones burguesas en que los políticos debieron demostrar o aparentar el cumplimiento de las promesas y consignas con que se gestaron dichas revoluciones. La lucha ideológica entre las clases antagónicas sienta pautas en las contiendas políticas donde las relaciones de dominación y hegemonía se fundamentan esencialmente en la presentación de patrones éticos y de recursos para hacer ver el necesario replanteamiento conceptual y práctico, así como la forma de socializar los puntos de vista y programas ideológicos de revolución o contrarrevolución. En este marco de relaciones los factores comunicativos desempeñan un papel vital en la realización política.

La especificidad de la comunicación política está en ser una actividad humana que tiene por mediador y condicionante un interés de clase, grupo o personal, de contenido socio-económico. Es decir, expresa una orientación socio-política identitaria. Está en correspondencia con la ideología de la clase que representa el individuo y al lugar y papel de dicha clase y del propio individuo dentro de la compleja madeja de las relaciones sociales.

Este tipo de comunicación va a desempeñar diferentes funciones sociales, entre ellas: orientadora, reguladora y unificadora o de reclutamiento.

Alcanzar la unidad que es encontrar seguidores, implica adoctrinar en el dominio de un proyecto o programa, aglutinar al mayor número de personas simpatizantes, que es la forma de encontrar comunidad de intereses, condición primera para la socialización y necesaria participación, es el factor fundamental para que las relaciones políticas encuentren empatía entre los sujetos. La actividad comunicativa política se dirige a alcanzar la unidad por medios persuasivos y consensuales principalmente, aunque también pueden emplearse otras formas, entre ellas psicológicas y represivas.

La política por ser una actividad social, requiere de normas que regulen el comportamiento humano e imponga modos específicos de actuación y de organización de poderes, facultades y metas tanto pata los actores que están en las élites como en las periferias. En ello consiste la función reguladora de la comunicación, que por una parte expresa dichas regulaciones y por otra, en dependencias de formas expresivas concretas, que pueden ser por tonos de voz, términos utilizados, símbolos, etcétera, impone conductas y pensamientos, límites de lo que es bueno, justo, necesario y posible para la relación política como misión concertada, comprendida, ordenada o impuesta.

Las funciones reguladora y orientadora están estrechamente relacionadas, pues esta última debe, como su denominación expresa, orientar las metas, los ideales, tiene como particularidad expresarse en teorías, doctrinas, programas; ideologías, se supedita al conocimiento político que va a dar contenido identitario para cada individuo y a su modo de actuación.

La comunicación política va a desempeñar estas funciones en dependencia de la cultura política de los participantes, del papel que desempeñe el factor psicológico las tradiciones y el conocimiento del emisor sobre las condiciones y necesidades de los receptores. Es a través de la comunicación que se pueden lograr determinados niveles y formas de socialización política.

Hasta nuestros días llegan como metas a realizar por la humanidad las aspiraciones redentoras y los ideales políticos de José Martí.  A las creaciones de este pensador se le ha prestado atención desde diferentes puntos de vistas y ramas del conocimiento por el valor de sus aportaciones tanto conceptuales como prácticas. Es nuestro objetivo valorar los elementos conceptuales y estratégicos contenidos en el discurso martiano de 1887 en homenaje al 10 de Octubre de 1868, inicio de las guerras independentistas en Cuba.

A José Martí desde muy joven le interesó el discurso, pues su ejercicio de graduación de licenciado en Filosofía y Letras efectuado en octubre de 1874 en la Universidad de Zaragoza fue La oratoria política y forense ante los romanos: Cicerón como su más alta expresión: los cursos examinados con arreglo a sus obras de retórica.

El discurso,  en tanto composición y expresión tiene como vehículo fundamental la palabra, pero aquellas que son capaces de hacer que el discurso esté en el timbre y el espacio (Martí: tomo 6:91). Han de ser expresiones que identifiquen sentimientos e intereses ideopolíticos. Requiere de espacios específicos y contenido correspondiente a la actualidad que posea el objeto del encuentro o el conflicto que tiende a resolver. El objetivo lo determina la tarea política. La forma la impone el orador, quien manifiesta un dominio de la situación, porta los principios político-ideológicos, conoce al receptor y propone una lógica para lograr la comunicación.

Todos los que conocieron a Martí fueron cautivados por sus dotes comunicativas, puestos de manifiesto en sus conversaciones, cartas, artículos y discursos. El claro lenguaje, unido a sentimientos de alto contenido estético y humanista, hacen que el Apóstol sea considerado, no solo un gran pensador, sino también un maestro de la comunicación.

Lo original, avanzado y creador del pensamiento martiano se basa en una cultura sustentada en las mejores tradiciones del pensamiento universal y en particular de Cuba y Latinoamérica. Siempre trasmite sentido cultural humano, visión de futuro, optimismo y comprometimiento con las causas justas. Es su radicalismo político la principal cualidad que emerge en todas las ideas expresadas por él, que desde la política se expresa en una dimensionalidad ética con sentido de universalidad.

En Patria, el 29 de mayo de 1894, alegórica al discurso realizado por Martí en el Club San Carlos, aparece una nota donde se valoran sus habilidades comunicativas:

“La tesis de su oración fue el estado de nuestra política, que él supo exponer con su claridad y lógica de filósofo, coloreando sus períodos de bellas imágenes y pensamientos profundos que el auditorio escuchaba con avidez, como si hubiese querido esculpirlos en el fondo de sus conciencias”. (Martí: tomo 4:335)

A la palabra, Martí le concede una gran importancia, al respecto nos dice: "que no hay como esto de saber de dónde viene cada palabra que se usa, y qué lleva en sí, y a cuánto alcanza (...) ni hay nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el uso esmerado y oportuno del lenguaje". (Martí: tomo 21:167)

Es el hombre que comprende la necesidad de usar “palabras poderosas, gráficas, enérgicas y armoniosas"(Martí: tomo 22:101).  La unidad de los significados semánticos e ideológicos, le concede valor práctico al discurso, al producir simbiosis de lo interno con lo  contextual si lleva a la expresión de lo que realmente se desea reflejar y comprender. Martí nos dice: “las palabras deshonran cuando no llevan detrás un corazón limpio y entero. Las palabras están de más, cuando no fundan, cuando no esclarecen, cuando no atraen, cuando no añaden” (Martí: tomo 4:248). Es la insistencia en la necesidad de la unidad entre ética y política en toda práctica revolucionaria.

Para Rigoberto Pupo Pupo: “el pensamiento filosófico social de Martí tiene formas sui-géneris y específicas de determinarse en el discurso. Su modo peculiar y personal con que piensa la realidad, la riqueza tropológica en que se expresa (imágenes, símbolos, metáforas, etcétera) y la forma subjetiva que tanto agrega a su léxico y expresiones, no obsta en modo alguno para restar valor a su vuelo teórico-conceptual, a la naturaleza cosmovisiva y metodológica de su discurso, en suma a la dimensión filosófica de su pensamiento”. (Pupo, 1995:16)

La magnitud de su discurso de carácter socio-histórico-cultural se engrandece, por la clara comprensión que él posee de historia, política, cultura, la sociedad y la subjetividad humana. Por ende, no reproduce simplemente la realidad, sino que es capaz de enriquecerla y presentarla a sus interlocutores bella y cambiable.

Esta maestría comunicativa le facilita trasmitir una comprensión de la situación de Cuba y América basada en identidades, no en las diferencias, para proponer la superación de los problemas del pasado, y encontrar recepción a sus ideales sobre la emancipación a través de la liberación espiritual de las personas.

Esta libertad es requisito indispensable para que los hombres se encuentren en igualdad de condiciones para escuchar y opinar. Es lo que permite actuar de manera recíproca y desplegar actividades sociales de modo creador, en fin, poder establecer la comunicación interactiva, protagónica. La cuestión no está en llegar a un pensamiento único, sino a la unidad de pensamientos.

Ser libres y fundar un porvenir, que beneficie a todos y estimule un espíritu creador e imaginativo, constituye núcleo central del discurso martiano. Para él, los pueblos imaginativos son los que perduran y la imaginación debe estar al servicio de la razón y la inteligencia fecunda. Esta concepción está presente en todos sus discursos a través del uso de imágenes y sugerencias muy originales y estimulantes, donde lo ético es el móvil fundamental, como deber con la patria y los compatriotas.

La imaginación es un hecho inherente a la inteligencia humana y un factor del perfeccionamiento, es la respuesta que en forma constante se da a lo desconocido o deseado, en lucha con el juicio (razón). La imaginación tiene su propia lógica y al unirse a la razón se convierte en punto de partida de la ciencia. Martí nos dice:

“la naturaleza humana y sobre todo las naturalezas americanas, necesitan de que lo que se le presente a su razón tenga algún carácter imaginativo; gustan de una locución vivaz y accidentada; han menester que cierta forma brillante envuelva lo que es su esencia árido y grave. No es que las inteligencias americanas rechacen la profundidad; es que necesitan ir por un camino brillante hacia ella”. (Martí, tomo 6:235)

Conocernos y valorar los elementos que nos pueden unir cultural y socialmente es propósito explícito en sus discursos políticos, se deriva del estudio de nuestra realidad y del compromiso hacia ella, con la única finalidad de luchar por la integración de todos.

Martí presta especial atención al lenguaje, el cual debe ser sencillo, que guarde relación con las características culturales del sujeto y de su entorno, que contenga un alto sentido estético y ético, en el que los sujetos participantes jueguen un papel activo a medida que intercambian informaciones y puntos de vista.

Del ideario martiano podemos deducir como requisitos de la comunicación:

Tener en cuenta para quién se habla, y lograr emocionarlos pero sin perder la razón, transmitir lo que es útil, elegir en un sentido creador. Siempre tiene en cuenta hacia quién se dirige, lo hace con respeto al ser humano y sobre la base del conocimiento: “Estudien, los que pretenden opinar. No se opina con la fantasía, ni con el deseo, sino con la realidad conocida”. (Martí: tomo 3:121)

Utilizar las palabras precisas en el momento oportuno, un lenguaje bello y claro, así se hace más creíble y ameno lo que se trasmite: “Los conocimientos se fijan más, en tanto se les da una forma más amena”. (Martí: tomo 3:121)

La variedad en lo que se expresa posibilita concentrar la atención y fijar mejor los conocimientos, pues, “la manera de decir realza el valor de lo que se dice: -tanto, que algunas veces suple a esto”. (Martí: tomo 6:235)

El desenvolvimiento coherente de las ideas y nivel de profundidad trasmite validez a lo que se expresa y: “Cuando las ideas están maduras para la expresión, vienen de sí mismas a los labios, cuando el que ha de ser vehículo de ellas no las espera”. (Martí: tomo 19:353)

El lenguaje ha de ser lo más natural posible y concreto a partir de la realidad que se quiere informar: “Grábanse mejor en la inteligencia los conceptos que se expresan en la forma diaria y natural, que los que se presentan envueltos en la forma diluida”. (Martí: tomo 6:235)

El discurso debe ser persuasivo y de contenido crítico, porque el fin es inculcar en los hombres el verdadero rol que deben desempeñar en la sociedad que se aspira: “Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud: pero con un solo pecho y una sola mente. ¡Bajarse hasta los infelices y alzarlos en los brazos!” (Martí: tomo 6:21), el tipo de relación que se ha de establecer es a partir de la comunicación sustentada en la comunidad y unidad de intereses y sin menospreciar lo diferente y diverso.

La verdadera utilidad de la comunicación está en demostrar la importancia que tiene el conocimiento que se enseña para la solución de los problemas vitales. Este es el verdadero móvil de la motivación.

“Es que Martí parte de lo singular, de la realidad para llegar a conclusiones generales, y sus expresiones lógicas emanan de la realidad en diálogo perenne con la actividad de los hombres, siguiendo el curso de los acontecimientos”. (Pupo, 1995:16)

El sujeto requiere ser comprendido e informado sobre la verdad. El hombre que ha vivido bajo el régimen de la mentira y el sometimiento requiere que se le transmita una noción del mundo comprensible y lo más cercana a su realidad.

El diálogo abierto, franco y democrático con ciencia y con conciencia permite el intercambio de saberes,  favorece la voluntad del sujeto a participar y eleva el valor moral de su actuación. “Decir bien es bueno, pero obrar bien es mejor!”. (Martí: tomo 22:37)

Como orador en sus discursos políticos demuestra poseer un dominio de los requerimientos comunicativos, se apoya en recursos literarios que rompen con las barreras posibles por diferencias de niveles culturales, clasistas y de géneros.

Wanda Lekszycka refiriéndose al discurso martiano plantea:

Pensamos que pudiera deberse a la magistral arquitectura del discurso. Presentación y desarrollo de los temas que se funden y renacen de la masa orquestal; sugerencia de los motivos relacionados con los temas, que se expresan en una variedad de matices sonoros. El conjunto constituye una especie de poema sinfónico de gran poder evocador: descriptivo a veces, lírico, dramático, sorprendente en sus cadencias, arrastrador en su movimiento. Aguzando el oído, nos damos cuenta de que los temas se expresan en oposiciones y los motivos por medio de símbolos. (Lekszycka, 1983:180)

Martí pronuncia cinco discursos conmemorativos por el 10 de Octubre de 1868, el primero, esa misma fecha del año 1887 en Masonic Temple, Nueva York. Conoce lo acontecido en el proceso independentista, la lucha por el poder, la desunión y los anhelos por reiniciar la lucha. La primera necesidad es la unión de todos y contener los ímpetus de alzamientos inoportunos.

En el discurso objeto de análisis por ser un texto político la estructuración contextual o ideográfica se dirige en primer lugar a la lucha por la independencia de Cuba, a orientar el deber de todo cubano a participar en la contienda. En segundo lugar, lograr la unidad de ideas, y la tercera intención: demostrar que es el momento de preparar la guerra y no de reiniciarla: ya el fracaso del Plan Gómez-Maceo en 1886 había demostrado la necesidad de una mejor preparación y oportunidad para el alzamiento.

Cintio Vitier refiere que “este sí es ya un discurso típico suyo, sin mezcla  ni exceso de asuntos, concebido en un rapto y de un sola pieza, en torno a la idea obsesiva de la patria. El sustento ideológico, depurado en sus líneas esenciales, procede de su temor a las acciones prematuras, al caudillismo sin freno y  un nuevo peligro que ya se perfila, el de las “esperanzas cobardes de ayudas extrañas, peligros e imposibles”. Sobre esta renovada amenaza del anexionismo su opinión es concluyente”. (Vitier, 1969)

La reiteración de determinadas palabras es rasgo distintivo en el discurso político. Estas van  a tener contenido político que requiere ser agotado en correspondencia con la necesidad política que les origina.

En cuanto al discurso que analizamos vemos que las palabras que más menciona son patria, hombre, guerra y libertad.

Patria es la diana central del discurso y a través de la ella relaciona todos los demás conceptos e intenciones de importancia política. Se expresa también como la tierra, propia tierra, Cuba, nuestro país, nuestra naturaleza, casa, suelo y suelo natal.

La menciona 30 veces y le concede los adjetivos: sometida, libre, nueva, sincera, venidera. El nombre de Cuba aparece cuatro veces. Las referencias indirectas como país, suelo natal, etcétera, es mencionado en más de 20 ocasiones. En total, en uno u otro término el objeto central del discurso es la patria, existiendo más de 50 referencias.

A guerra la emplea 13 veces, seis directamente y el resto, como nuestra guerra, guerra posible, brío del combate, y en otro sentido guerra incompleta y prematura, y guerra mal apagada.

Expone sus concepciones sobre la guerra y el papel del hombre en la misma. El deber no solo de participar, sino de pensarla “como hombre sensato, que prefiere dar tiempo a que los hechos históricos culminen por sí en toda su fuerza natural” (Martí: tomo 4:222). La guerra no puede ser prematura y los revolucionarios deben estar libres de odios y actitudes discriminatorias y servilistas.

La categoría libertad es expresada de forma directa ocho veces. No hace definiciones conceptuales, presta mayor atención a las condiciones de opresión en que se encuentra la Isla y sus habitantes, del esfuerzo hecho por alcanzarla.

En el discurso desde el inicio y hasta el final está la libertad como meta esencial y el fin de la guerra es obtenerla. Martí alerta sobre los peligros que podrían afectar la materialización de las aspiraciones libertarias; de formar la República completa, como medio para que la patria sea feliz.

Hombre es un concepto central en todos los textos martianos por ser su pensamiento político humanista por excelencia. Significativo en este sentido son las denominaciones empleadas para designar al cubano patriota, entre ellas: los que cayeron sobre la tierra dando luz, los héroes, mártires vivos, cubanos que no os cansáis de ser honrados, nuestros padres, hombre de la muerte y el sacrificio, hombres muertos, soldados sin armas, hijos de los héroes, los ilustres, los honrados, nuestros hermanos, nuestros hermanos mayores, soles, emigración cubana, hombres decididos, hombre de guerra, hombre de raza, hombre que sirve la industria en que los pueblos se edifican y dueños de hombres.

En sentido despectivo: héroes inútiles, burócratas insolentes, enemigos, déspotas, políticos flojos e imprevisores, intrigantes, hombres de libros y vulgares ambiciosos.

Las clases sociales mencionadas son campesinos y esclavos, y como grupos sociales: ricos, políticos, soldados, mujeres, humildes y emigrante.

Tesis políticas fundamentales expuestas en el discurso:

El 10 de octubre es una virtud que hay que conmemorar.

El interés personal o de partido debe estar al servicio de la patria. Ir por donde nos manda la patria.

Necesidad de la agregación de las fuerzas patriotas.

El deber de la emigración de servir a la patria.

Necesidad del estudio de los componentes del país.

Contribuir a la conservación y reformas de las fuerzas y caracteres patrios.

No tener esperanzas en las ayudas extrañas (externas).

No hacer invasiones ciegas.

Construir una república en Cuba libre de militarismo y arrogancia de partido.

La guerra ha de contribuir a la recomposición de los elementos históricos.

La guerra es inevitable, pero hay que evitar los males que vengan de ella.

La guerra debe ser en el momento oportuno, como hecho histórico requiere de condiciones, sino será incompleta y prematura. La guerra no puede ser precipitada.

Es oportuno relacionar estas tesis y los conceptos empleados por José Martí con las funciones orientadora, reguladora y unificadora de la comunicación política y la forma en que él lo hace.

Martí se apoya también en recursos psicológicos que fusiona directamente con situaciones políticas, esto le concede junto a lo literario una belleza artística propia de los hombres portadores de grandes inteligencia y cultura. Ya el Apóstol lleva varios años entre los emigrados, entre obreros, veteranos y hombres de bienes, los conoce y ha estado al tanto de todos los acontecimientos de las luchas independentistas de los cubanos. Su programa es contribuir a la organización de la nueva contienda sobre la base de principios democráticos y de justicia, como hombre de pensamiento no solo se apoya en la prensa para explicar sus convicciones, sino que lo hace también a través de discursos en los que se va a encontrar la sistematización y esencia de sus ideales redentores.

En este discurso no se apoya en tragedias para mover los sentimientos, sino que lo hace desde el comienzo hasta el final a partir de la personalización de sus formas de ver y valorar los hechos históricos. Expresa ser un gran compromiso hablar un día como el 10 de octubre, su alma es “sacudida por viento de tormenta, necesidad de reducir su emoción a la estrechez de la palabra humana”. En ese instante siente:

 “la presencia de los que en un día como éste abandonaron el bienestar para obedecer al honor –de los que cayeron sobre la tierra dando luz, como caen siempre los héroes, exige de los labios del hombre palabras tales que cuando no se puede hablar con rayos de sol, con los transportes de la victoria, con el júbilo santo de los ejércitos de la libertad, el único lenguaje digno de ella es el silencio”. (Martí: tomo 4:215)

Este discurso es una clase de oratoria revolucionaria, basada en los ideales más nobles y la precisión en el planteamiento de las tareas políticas que en 1887 debían asumir los revolucionarios cubanos. Como comunicación política constituyó un importante elemento, que junto a los demás discursos en homenaje al 10 de Octubre contribuyeron a unir y orientar a los patriotas y hoy mantienen valor como instrumento metodológico para la batalla que libramos los personas interesadas en la justicia y el bien común, en lucha contra toda forma de explotación, abuso de poder y enajenación que alimentan las grandes cadenas internacionales de la comunicación y la información.

 


Referencia bibliográfica

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- Martí, José (1975): Obras Completas, Instituto Cubano del Libro, La Habana.

- Rigoberto Pupo Pupo (1995): obra citada “José Martí: autoconciencia, trascendencia y contemporaneidad”. Revista Cubana de Ciencias Sociales, Nro # 30. Editorial Academia, La Habana, pp 13-24.

- Vitier, Cintio (1969): “Los discursos de Martí”. Temas martianos. Departamento Colección Cubana, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana.

LA CIENCIA EN EL PARTIDO REVOLUCIONARIO CUBANO

Alberto Velázquez López

Ada Bertha Frómeta Fernández

Publicado en Revista Honda, Sociedad Cultural José Martí, no. 21, 2007. ISBN 1605-7920

“La política no es la ciencia de las formas, aunque sea esto en mucho; sino el arte de fundir en actividad pacífica los elementos, heterogéneos u hostiles, de la nación: y lo primero es conocer al dedillo estos elementos, para no intentar nada que haya de chocar contra ellos [...]” [1]

José Martí

En la época que le corresponde vivir a Martí, el capitalismo ha madurado lo suficiente para que las teorías y ciencias sociales estén enfrascadas en nuevas soluciones a los problemas, en especial a los sistemas de partido, de gobierno, a las relaciones de clases y el progreso social.

Antes de 1892, año de la creación del Partido Revolucionario Cubano, Martí ha comprendido que el capitalismo está colmado de contradicciones. El desarrollo económico lejos de resolver los problemas los ha agudizado y los partidos políticos productos de estos sistemas y encargados de garantizar el desarrollo solo reproducen las contradicciones y viven de los males sociales, sin proponer soluciones viables y humanistas.

En América Latina, después de alcanzar la independencia, las repúblicas y sus partidos políticos siguen reproduciendo el conflicto entre la independencia nacional y la descolonización mental, tanto de las poblaciones originarias como de los nuevos pueblos. En la vida política, la incultura junto a intereses mezquinos de grupos hacen que la salud nacional esté limitada para el intento de sociedades democráticas.

Martí comprende que el problema está en la incultura, el desconocimiento y carencia de hábitos en el ejercicio republicano. En estas circunstancias les corresponde a los partidos políticos organizar la vida nacional sobre nuevas bases construir modelos de pensamiento propio. Basados en el estudio de sus realidades, no de modelos ajenos, comprendiendo las dimensiones cultural e instrumental del conocimiento, como proyectos de emancipación humanista total.

Aunque en la época existen concepciones muy divergentes acerca del conocimiento y la ciencia, como son el positivismo y el pragmatismo, para Martí la ciencia tiene otra connotación en la que teoría y práctica han de andar juntas, por su ideal humanista emancipador comprende que: “Ciencia y libertad son llaves maestras que han abierto las puertas por donde entran los hombres a torrente, enamorados del mundo venidero”[2], advirtiéndose el valor práctico y humanista de la ciencia.

Al referirse al Partido Revolucionario Cubano, en artículo de Patria de 1893, expresa:

“ha de surgir, por toda ley humana y local, por todo lo que prueba y anuncia la verdadera ciencia política, la ciencia de los antecedentes semejantes y los resultados necesarios, una guerra ciega y parcial, si no se la dispone con amor y estudio, o fuerte o completa si se ligan a tiempo sus elementos, -aquí declara el Partido Revolucionario Cubano, constituido para ordenar las fuerzas abandonadas de la revolución inevitable y conveniente, que enfrenando la indignación que pudiera alzar en él la sumisión excesiva e inútil de sus compatriotas o la conformidad inactiva con la tiranía que se censura, cumple, y continuará cumpliendo, con su deber de preparar a guerra en un país que v a ella por todas las vías, y que un partido impotente para contenerla abandona a sus caprichos y sus furias”.[3]

Esta expresión martiana nos llevó a realizar el presente acercamiento al tema, conscientes de que la creación del partido no era una casualidad, sino “fruto del profundo estudio de las fuerzas y vicios de nuestra revolución”[4].

El análisis de estos pensamientos nos da la posibilidad de ver la ciencia en sus dimensiones, y principalmente, la unidad entre ciencia y conciencia, entre sentimiento y razón, conocimiento y práctica, de manera que la ciencia es progreso, razón y humanismo para nuestro Apóstol.

La palabra ciencia no se enuncia textualmente en las Bases y Estatutos  del Partido; es en la exposición de los objetivos, necesidades y caracterizaciones, donde se deja ver un conocimiento profundo de la realidad cubana y un nivel de sistematización que permite una proyección de la revolución donde los elementos fundamentales a normar e impulsar están contemplados en la concepción de ordenar los factores fundamentales de la contienda a través de presupuestos ideológicos-políticos e ideológicos-científicos, la recurrencia permanente al conocimiento y al empleo de métodos nuevos que requieren ser conocidos:

 “El poder de la idea, ordenada y activa (…) de los revolucionarios de espada y de libro, de caballo y de bufete (…) en la vida política, de los méritos y derechos de todos los cubanos, sin más grados ni diferencias que los de su virtud, y los de utilidad para la patria; es la guerra total y sensata, con pensamiento, corazón y tesoro bastante para asegurarle la probabilidad racional de la victoria”.[5]

Entre estos métodos está la base clasista que no es el interés de una persona, grupo o clase, es una situación, compleja de por sí al comprender personas de la Isla y de la emigración, con experiencias propias y un problema común, la falta de libertad por el sometimiento colonial que no solo es económico.

La estructura socioclasista es compleja también: reminiscencias de una cultura esclavista conviven con relaciones capitalistas incipientes y una población de cubanos residentes en el exterior, que ama su tierra, la quiere libre, pero son portadores de diferentes ideologías y experiencias. La emigración más grande se localiza en Estados Unidos y aquí la clase obrera es fuerte, incluso algunos grandes y medianos burgueses. Hay cubanos patriotas en el Caribe, Centro y Sur América donde el desarrollo económico y social tiene otros matices y formas de manifestar sus contradicciones. El Partido Revolucionario Cubano los une a todos, expresado desde el primer artículo de las Bases: “se constituye para lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad”.[6]

El Partido se crea para obtener la independencia de Cuba y fomentar la de Puerto Rico, es una empresa que dispone de un solo método, la guerra, que debe ser ordenada con conocimientos, no solo con sentimientos. La disposición expresa es que la guerra, necesariamente debe ser bien organizada, lo cual será posible con el conocimiento de “los antecedentes semejantes y los resultados necesarios”. Hay una experiencia práctica de la que se precisaron errores, pero también resultados positivos, entre ellos la Guerra de los Diez Años, y las luchas independentistas de Latinoamérica, como los hechos históricos más importantes, sin omitir los de otras realidades.

Lo primordial es cómo ordenar a todos los elementos y es ese el objetivo y función del Partido Revolucionario Cubano: “ordenar, de acuerdo con cuantos elementos vivos y honrados se le unan, una guerra generosa y breve, encaminada a asegurar en la paz y el trabajo la felicidad de los habitantes de la Isla”.[7]

El elemento vivo está en las ideas, pero se demanda de hombres honrados, que la guerra sea generosa y breve, que una vez alcanzada la paz se trabaje feliz. Este es el ideal, la aspiración, solo hay que preguntarse cómo lograrlo, cuál es el método correcto. Se requiere de mucho conocimiento y no solo de la experiencia práctica.

El método está en la democracia, en “métodos republicanos”, de “sincera democracia” libre de “espíritu autoritario y  la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre un pueblo nuevo y de sincera democracia”.[8] A decir de Martí “el Partido Revolucionario Cubano es la unión de pensamiento y voluntad”[9]

El pensamiento liberal desde mediados del siglo XIX con la creación de los partidos políticos  modernos, principalmente en Estados Unidos, hacen que la democracia burguesa está enviciada y fundamenta sus concepciones en teorías elitistas, olvidando a las amplias masas, aunque en el discurso refieran la representación popular, aunque en realidad es pura demagogia.

En el Partido Revolucionario Cubano se sobreentiende la existencia de diferencias de clases sociales y llama a la unidad sobre la base del respeto y la representatividad sin favoritismo para nadie: “allegará, sin compromisos inmorales con pueblo u hombre alguno”. Los cubanos se libran de “sus pasiones de clase, o de secta social, o de raza, ante el deber de pelear con orden por la independencia del país”[10].

En varios de los artículos publicados en Patria Martí llama la atención sobre este aspecto: “…que no es en estos instantes, como los partidos políticos suelen ser, mera agrupación, más o menos numerosa, de hombres que aspiran al triunfo de determinado modo de gobierno”,

Sobre los problemas a resolver, está consciente que:

“Tienen otros pueblos,  y entienden que es trabajo suficiente, un solo problema esencial; en uno, es acomodar las razas diferentes que lo habitan; en otro, es el de emanciparse sin peligro de los compromisos de geografía o historia que estorban su marcha libre; en otro, es, principalmente, el conflicto entre las dos tendencias, la autoritaria y la generosa, que con los nombres usuales de conservadores y liberales dividen a los pueblos. Y en Cuba, solo segura porque el alma de sus hijos es de alientos para subir a la dificultad, hay que resolver a la vez los tres problemas (…) no es un partido en verdad lo que se amasa, sino un pueblo”.[11]

Martí manifiesta una comprensión generalizadora de los problemas esenciales de Cuba y el mundo, principalmente del funcionamiento de las repúblicas, de su dinámica una vez que son constituidas. Con el Partido Revolucionario Cubano se ensaya la futura república, las formas de libertad creadora, del pensamiento que es libre para pensar en la revolución, el bien y la dignidad humana. Ello también solicita no solo de amor, sino de vigilancia, lo que resulta para Martí el único modo seguro de felicidad y gobierno entre los hombres.[12]

De gran importancia para el trabajo de educación y del quehacer científico dentro de la política y en el Partido Revolucionario Cubano son las Conferencias Políticas,  anunciadas en Patria del 11 de junio de 1892 donde se informa:

“El club va a poner por obra, mañana domingo 11, su acuerdo sobre las Conferencias Políticas, sobre las Conversaciones Políticas. Porque lo de Conferencia solo es arte de lo que el Club desea. La Conferencia es monólogo, y estamos en tiempos de diálogo. Uno hablará sobre un tema, y todos luego preguntarán y responderán sobre él. Unas veces, por lo del asunto, será la Conferencia sola. Otras será el trato en junto de nuestras ideas esenciales, para acallar una duda, para entender una institución política, para conocer el alcance de un programa social: y todo con el objeto de encender el patriotismo en la razón y de salvar la tierra de los errores del entusiasmo ciego, del interés frío, de las sectas egoístas, de los peligros de la ignorancia”.[13] 

En el artículo se insiste en el empleo de métodos participativos, para conquistar, con el derecho del mérito igual, la igualdad apetecible entre los hombres.

El día 18 se publica que el Club “José Martí” realizó la primera conferencia, donde un conferencista diserta y posteriormente los asistentes intervienen sobre:

“los fines de nuestra política o sobre sus métodos, sobre la relación entre los derechos sociales del hombre y sus deberes patrios (…) allí la enardecida juventud, la del aula junto a la del taller, que a la impaciencia del sacrificio, y la emulación inquieta de los héroes, une el conocimiento saludable y sereno de las fuerzas del brazo y de idea que son indispensables para vencer”.[14]

Asisten personas de diferentes orígenes, e incluso nacionalidades, interesados e imbuidos en la lucha del pueblo cubano, que debaten de política, de aquella que es necesario conocer y construir para hacer la guerra y sembrar el proyecto de la República. Este es un método de instrucción, consulta y educación en el accionar político, de participación creadora para preparar a las masas en el pensamiento razonador, en la construcción de conocimientos y unificación de ideales.

En las Bases del Partido están estas ideas como formas de organización y objetivos de lucha y quedan plasmados los recursos para alcanzar la nueva sociedad, se orienta hacia dónde ir y regula los pasos esenciales a realizar, todo lo cual, de forma concreta se expresa en el Artículo 8 de las Bases, o sea, unir a los cubanos sobre la base de relaciones sinceras entre factores históricos y políticos,  y en el III acápite se insiste en: “Propagar en Cuba el conocimiento del espíritu y los métodos de revolución, y congregar a los habitantes de la Isla en un ánimo favorable a su victoria, por medios que no pongan innecesariamente en riesgo las vidas cubanas”.[15]

Propagar el conocimiento del espíritu y los métodos de algo tan majestuoso como una revolución implica un conocimiento científico. Aunque se emplee la palabra espíritu, no solo quiere expresar el aspecto psicológico, necesariamente esa espiritualidad está constituida por un sistema de ideas, concepciones, puntos de vista que convenzan a las personas para incorporarlas en la contienda; presupone una ideología, concepciones adquiridas y comprobadas en la actividad práctica, tanto individual como del decursar histórico de la humanidad y por supuesto, para los líderes políticos, un conocimiento de las tradiciones y psicología del pueblo.

El método que se refiere en el documento, de participación democrática, está dirigido a cómo llevar a cabo la Revolución, qué tareas realizar, que es en sí lo que viene a constituirse en programa de lucha. No se trata solo de socializar la idea, es encontrar aceptación, que se considere viable, útil, acertada; ello es lo que le va a conceder al Partido  la legitimación necesaria.

En todos los textos martianos sobre el partido, la guerra y la nueva república exhorta el Maestro en el ánimo de las personas, orienta la necesidad de la incorporación al proceso con voluntad. Su insistencia mayor está en el conocimiento, aprecia en el cubano un hombre de cultura política, fraguada en la lucha, que a la vez debe portar conocimientos desprendidos de intereses y ambiciones personales, cuya arma radica en la verdad, la cual no puede estar separada de la ciencia. En este sentido Martí rechaza “el engaño literario de la política teórica en choque con la verdad cruda de la política natural”[16], realmente ninguna teoría foránea ha creado el modelo que pueda solucionar de forma creadora y justa el problema cubano de finales del siglo XIX.

La comprensión martiana de lo natural en la política, radica en la consideración de lo original y autóctono de cada pueblo, en correspondencia con su naturaleza, historia, tradiciones, en fin, con la cultura. Esa es la “política natural”. Dicho principio está presente en sus textos: Nuestra América es ejemplo de ello como concepción latinoamericanista y de la esencia de la política para la reivindicación de nuestro ser. Aplicado a Cuba, es la utilidad de todo conocimiento, aborrecer las teorías y modelos extranjeros, que solo deben considerarse si no entran en choque con lo nuestro: esta es tareas de las ciencias políticas y aspecto a velar por el Partido Revolucionario Cubano, porque:

“La ciencia, en las cosas de los pueblos, no es el ahitar el cañón de la pluma de digestos extraños, y remedios de otras sociedades y países, sino estudiar, a pecho de hombre, los elementos, ásperos o lisos, del país, y acomodar al fin humano del bienestar en el decoro los elementos peculiares de la patria, por métodos que convengan a su estado, y puedan fungir sin choque dentro de él (…) De esta ciencia, estricta e implacable –y menos socorrida por más difícil-  de esta ciencia pobre y dolorosa, menos brillante y asequible que la copiadiza e imitada, surge en Cuba por la hostilidad incurable y creciente de sus elementos, y la opresión del elemento propio y apto por elemento extraño e inepto, la revolución. Así lo saben todos y lo confiesan.  En lo que cabe duda es en la posibilidad de la revolución. Eso es lo de hombres: hacerla posible. Eso es el deber patrio de hoy, y el verdadero y único deber científico en la sociedad cubana”. [17]

Se evidencia en Martí que la necesidad del conocimiento rebasa la utilidad práctica para convertirse en dimensión ética que como deber, es lo que confiere a la ciencia en la política un valor trascendental.



[1] José Martí:”Un libro del Norte sobre las instituciones españolas en los estados que fueron de México”. El Partido Liberal, México, 25 de noviembre de 1892. O. C., t. 7, p. 58.

[2] José Martí: Respeto a Nuestra América. La América, Nueva York, agosto de 1883. t, 6, p. 24.

[3] José Martí: “Discurso en Hardman Hall”. Nueva York, 31 de enero de 1893. O.C.,  t.4, p. 317.

[4] José Martí: “El Partido Revolucionario a Cuba”. Patria, 27 de mayo de 1893. O. C., t. 2. p.339.

[5] José Martí: “Persona, y patria”. Patria, Nueva York,  1 de abril de 1893. O. C., t. 2, p. 278.

[6] Bases del Partido Revolucionario Cubano. O. C., t. 1, p. 279.

[7] Ídem.

[8] Ídem.

[9] José Martí: “Persona, y patria”. Patria, Nueva York,  1 de abril de 1893. t. 2, p. 277.

[10] “Los cubanos de Jamaica en el Partido Revolucionario”. Patria, 18 de junio de 1892. O. C., t. 2, p. 24.

[11] Ídem pp. 21- 22.

[12] Ídem. p. 26.

[13] José Martí: “Los clubs”. Patria 11 de junio de 1892. T. 4, p. 16-17.

[14] José Martí: “La primera conferencia”. Patria, 18 de junio de 1892, Nueva York. O. C. t. 2, p. 29.

[15] Bases del Partido Revolucionario Cubano. O. C. t, 1, p. 280.

[16] José Martí: “Carácter”. Patria, Nueva York, 30 de julio de 1892. O. C. t. 2, p. 75.

[17] José Martí: “Crece”. Patria, 5 de abril de 1894. O. C., t. 3, p. 117.

JOSÉ MARTÍ Y LA CIENCIA EN LA POLÍTICA

JOSÉ MARTÍ Y LA CIENCIA EN LA POLÍTICA

Ponencia presentada en Conferencia Internacional Por el Equilibrio del Mundo, La Habana, 2003. (Publicado en Revista Isla, Nro. 140, abril-mayo, 2004 Santa Clara, Cuba) 

“El mundo está en tránsito violento, de un estado social a otro. En este cambio, los elementos de los pueblos se desquician y confunden; las ideas se obscurecen; se mezclan la justicia y la venganza; se exageran la acción y la reacción; hasta que luego, por la soberana potencia de la razón, que a todas las demás domina, y brota, como la aurora de la noche, de todas las tempestades del alma, acrisólanse los confundidos elementos, disípanse las nubes del combate, y van asentándose en sus cauces las fuerzas originales del estado nuevo: ahora estamos, en cosas sociales, en medio del combate. Los hombres inferiores ven con ira la prosperidad de los hombres adinerados, y éstos ven con desdén los dolores reales y agudos de los hombres pobres”.

José Martí[1]

Históricamente los estudios del pensamiento político de José Martí han prestado mayor atención a los aspectos humanistas, a su alcance como proyecto liberador, independentista, latinoamericanista y antiimperialista, pero no se han detenido a ver la presencia de la ciencia políticas en dicho pensamiento, y menos, en ver a Martì como un científico político.

El Apóstol como pensador moderno de la política posee una amplia cultura de todo cuanto se publica sobre las ciencias políticas, pero a la vez sus textos políticos son lecciones de ciencia porque es portador de un conocimiento sistematizado, en el que no predomina la empiria. Es un hombre, que al estilo latinoamericano, hace ciencia desde la revolución, en la medida en que propone soluciones viables a los problemas políticos y es capaz de comprender la dinámica del desarrollo mundial y sus perspectivas.

En reiteradas ocasiones, José Martí se detiene en el contenido de la política como actividad, cultura, estrategia, arte y ciencia en las que ofrece una visión dialéctica, fundamentada en el conocimiento de la dinámica social.

Sus concepciones sobre la política como determinación cultural, tiene en su centro el ideal humanista de liberación del hombre, y esta es la clave para la interpretación de la totalidad orgánica de su pensamiento.

La política para él, está dirigida al hombre, la patria y su realización humana, y en función de ello la concibe en relación con el conocimiento como un cualificador y conductor del bien.

Analiza con profundidad la determinación real de la práctica a través de la relación sujeto político y práctica política, en que el hombre en su acción transformadora debe convertir a la política “en sí” en política “para sí”, es decir, en acción consciente de todos los hombres, alejada de cualquier actitud contemplativa.

Lo cognitivo en la política consiste en la aprehensión constante del hombre como objeto y sujeto del conocimiento.

Objeto en tanto se requiere conocer sus necesidades, gustos, aspiraciones y motivaciones. Sujeto porque es el propio hombre quien aprehende la realidad social y natural en la lucha por satisfacer sus necesidades y materializar aspiraciones.

Martí ve la sociedad regida por leyes sociales y naturales, el hombre las conoce y puede utilizarlas en beneficio propio, y esta es la función de la ciencia: “[...] averiguar la disposición de las fuerzas de la naturaleza, y la manera de su desarrollo [...]” [2]

En el artículo “La democracia práctica” de 1876, Martí denota estar enterado de todo cuanto se publica sobre temas políticos; llama a la democracia “filosofía de la paz”, y hace mención al desarrollo de las ciencias políticas latinoamericanas. Ante los problemas que caracterizan políticamente a la región plantea: “Nada es tan autocrático como la raza latina, ni nada es tan justo como la democracia puesta en acción: por eso no es tan fácil a los americanos convencernos de la bondad del sistema democrático electivo, y tan difícil realizarlo sin disturbios en la práctica.”[3]

En el escrito se refiere a la necesidad de una teoría para practicar la libertad, que está en nuestros héroes, y que el libro La democracia práctica[4] de Luis Varela reviste una gran importancia porque enseña cómo se hace política en el mundo. También hace referencia a otros autores que escriben sobre el tema y que con ello están creando la “ciencia política” latinoamericana.

El conocimiento como resultado de la práctica política presupone un sistema de ideas, aspiraciones, sentimientos, tradiciones y fines definidos y contemplados dentro de la ideología, los cuales conforman la actitud del hombre hacia la toma de partido en correspondencia con el lugar que ocupa en la comunidad humana y en el propio sistema de relaciones sociales.

El hombre debe aprender a descubrir, revelar y discernir cuál es su lugar y papel, y determinar de qué lado está el bien: “En el periódico, en la cátedra, en la academia –señala Martí- debe llevarse adelante el estudio de los factores reales del país: [...] Resolver el problema después de conocer sus elementos, es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. Viene el nombre natural, indignado y fuerte, y derriba la justicia acumulada de los libros, porque no se la administra en acuerdo con las necesidades patentes del país. Conocer es resolver. Conocer el país, y gobernarlo conforme al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías”. [5]

En consecuencia, Martí se opone al reflejo simplemente reproductivo y pasivo, que parte exclusivamente de la palabra. El conocimiento por consiguiente tiene su punto de partida en la práctica del sujeto cognoscente que actúa, valora y comunica.

Lo nacional, que se define en lo histórico-social, determina en última instancia la herencia cultural y la relación con la colectividad. Todo ello se expresa a través del sentido de pertenencia e identidad que se logre cultivar de generación en generación y es el medio idóneo, básico del despertar del pensamiento político y la toma de conciencia de la necesidad de participar en las creaciones políticas.

Por su parte, lo concreto en la política es la captación del todo como sistema. El hecho político responde a ideales, pero la política tiene que ser “pura”, para que no sea “enfermiza”, “demagógica”, “oportunista” y atente contra el progreso humano.

Es una concepción de la política concebida a través de la práctica creadora y movilizadora de los individuos, con vocación de universalidad y trascendencia. En la medida en que los elementos racionales del conocimiento nacen y se consolidan en la práctica, posibilita que el hombre pueda enfrentar las corrientes, tendencias y partidos ideológicos que plantean diferentes vías para la solución de sus contradicciones.

Las aspiraciones y necesidades concientizadas conforman el ideal político, expresándose a través de objetivos, metas y programas; mientras que el conocimiento político, lo constituyen las nociones y fundamentos teóricos que posee el hombre acerca de la sociedad y su dinámica a través del Estado, la historia y la cultura en general. Todo lo cual en su integración conforma la cultura política.

Antes de 1880, no encontramos definiciones sobre el concepto de política con la profundidad que alcanza Martí posteriormente. Su acercamiento al concepto está relacionado con aspectos como la libertad, el antiesclavismo, la felicidad, la independencia, la lucha entre los partidos políticos, el caudillismo y la justicia, tratados en correspondencia con las tareas de esos momentos, en que todavía sus ideales de redención no han tenido las experiencias que alcanzará posteriormente que le permiten una visón más integral de los procesos políticos.

A la radicalización del pensamiento martiano contribuye el desarrollo de las ciencias, entre ellas, las ciencias sociales, así también, la sociedad capitalista que sumida en profundas transformaciones avizora la mayor agudización de sus contradicciones y la carencia de una perspectiva justa. Todo lo cual es fácil de ver por el agudo observador.

Es su etapa de residencia en Estados Unidos, Martí lleva el ritmo más intenso de su vida como hombre de acción política y guía ideológico del movimiento liberador cubano. Lo cual le aporta una serie de condiciones para la maduración de su pensamiento político. Con ello realiza importantes aportaciones al pensamiento cubano y continúa la tradición electiva.

Aquí estuvo influido, principalmente, por los pensadores Ralph Waldo Emerson (1803-1882), figura fundamental del transcendentalismo y el socialista agrario Henry George. El primero le aporta una concepción del mundo esperanzada en la solución de los problemas humanos del capitalismo y el segundo, realiza propuestas concretas para la solución del problema de la tierra y la propiedad.[6]

El primer aspecto que revela Martí en la política es su condicionamiento ético, como deber del hombre sensato, que ha de corresponderse con los mejores ideales de su tiempo: “[...] No se llame radical quien no vea las cosas en su fondo. Ni hombre, quien no ayude a la seguridad y dicha de los demás hombres [...]”[7] Es la participación necesaria de los hombres en las transformaciones de la sociedad, ello requiere del conocimiento de las necesidades e intereses más justos, todo lo cual hace más semejantes a los hombres que inspiran y construyen la historia.

En Martí, el componente cognitivo, es la base del hacer, mediado por la valoración objetiva de las condiciones de cada contienda política. Es opuesto a lo espontáneo, desorganizado e individualizado. Toda actividad política exige la debida definición ideológica. Es aquí la presencia de la ciencia unida a las aspiraciones del hombre.[8]

La política revolucionaria ha de ser científica, y quienes las elaboren y apliquen deben conocer los “rudimentos” de la misma: no sólo los derechos de los gobernantes y gobernados, sino y sobre todo, la estructura socio-clasista e histórico-cultural de la sociedad, y conducir a los pueblos en la comunión de intereses correspondientes con el bien social.

Para Martí la política es la “ciencia” de articular los factores sociales diversos para garantizar la independencia nacional, la libertad y la dignidad de los integrantes de la nación.

En la concepción martiana de política hay una referencia permanente al conocimiento de los móviles sociales desde el punto de vista científico. Valora que para alcanzar la obra propuesta, se exige conocer los elementos diversos y comunes que integran la nación y la requerida movilización hacia una participación que propicie soluciones creadoras y originales a las exigencias de la época. Como su movimiento es de masas requiere unidad de pensamiento, que no es “servidumbre de la opinión”.[9]

La política tiene “elementos vivos” que se deben tratar de frente y estudiar a tiempo, pues todos sus componentes influyen en la suerte de la nación.[10]

En la década del noventa, ocupa la jefatura de la Revolución Cubana, y es entonces el líder quien profundiza y expresa sus conocimientos sobre la política a partir de una práctica muy exigente, donde la labor de ideólogo le exige explicaciones detalladas. No sólo se detiene en organizar tareas, sino que como parte de su programa de liberación contempla el desarrollo de la conciencia política, lo que implica para Martí el fomento de una “cultura política” científica. Sus conceptualizaciones de la política expresan la particularidad de esta como ciencia y relación con los demás aspectos del mundo espiritual.

Entre sus definiciones de la etapa encontramos:

- “La política no es la ciencia de las formas, aunque sea esto en mucho; sino el arte de fundir en actividad pacífica los elementos, heterogéneos u hostiles, de la nación: y lo primero es conocer al dedillo estos elementos, para no intentar nada que haya de chocar contra ellos, e irles acomodando gradualmente aquellas novedades foráneas que fuesen de posible y útil acomodo [...]” [11]

- “La ciencia, en las cosas de los pueblos, no es el ahitar el cañón de la pluma de digestos extraños, y remedios de otras sociedades y países, sino estudiar, a pecho de hombre, los elementos, ásperos o lisos, del país, y acomodar al fin humano del bienestar en el decoro los elementos peculiares de la patria, por métodos que convengan a su estado, y puedan fungir sin choque dentro de él.” [12]

La política deja de ser un arte propiamente dicho para constituirse en una ciencia para el conocimiento de la realidad, de la historia, las tradiciones y los métodos de lucha. Ya en 1885 había reconocido la existencia de leyes en lo político, pues por su naturaleza espiritual la política tiene una determinación interna y va hacia donde sus leyes la conducen.[13]

La función social de la política científica está en dirigir hacia lo posible el país con los componentes reales; de promover elementos de amalgama y el arreglo prudente de los factores inevitables que han de crecer unidos para bien de todos los cubanos.[14]

De aquí que al referirse al Partido Revolucionario Cubano plantea que: “ha de surgir, por toda ley humana y local, por todo lo que prueba y anuncia la verdadera ciencia política, la ciencia de los antecedentes semejantes y los resultados necesarios, una guerra ciega y parcial, si no se la dispone con amor y estudio, o fuerte o completa si se ligan a tiempo sus elementos...” [15]

Es visible la obligatoriedad de la unidad entre los medios y el fin, subordinados al bien común y progreso nacional. Martí ve en la educación política el medio esencial para lograr la comprensión de su proyecto por los demás patriotas, y para ello recurre a la política como ciencia. “Ciencia política”, como él mismo le llama, elaborada sobre la experiencia práctica, sacada de la derrota y de ahí que sea una práctica viva. En su concepción tanto de la ciencia, como de la política, el hombre y la utilidad del bien, lo vivo es lo que es capaz de fundar y de reproducir dentro de lo natural, autóctono y práctico.[16]

Comprende que el problema nacional requiere una solución y lo fundamental es erigir un gobierno que garantice la libertad política como premisa para alcanzar formas más amplias y perfectas de emancipación humana, donde el status del hombre sea el móvil que lleve a toda la sociedad a velar por este fin, que es crear las condiciones para que el individuo conquiste y despliegue sus facultades: “El gobierno de los hombres es la misión más alta del ser humano, y sólo debe fiarse a quien ame a los hombres y entienda su naturaleza [...]”[17], También que: “El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.” [18]

Martí asume el hombre latinoamericano como sujeto, agente de los cambios que se producen y que en él se concreta la cultura de su pueblo. Es el hombre hacedor de su historia y cultura –hombre natural- quien asume en la práctica una actitud movilizadora, donde razón y sentimiento actúan recíprocamente hacia la realización de su ser esencial.

La concepción martiana sobre la unidad revolucionaria como elemento clave se sustenta en el conocimiento de la política como ciencia, como método de transformación. Al respecto plantea: “Los que intentan resolver un problema, -no pueden prescindir de ninguno de sus datos. Ni es posible dar solución a la honda revuelta de un país en que se mueven los diversos factores, sin ponerlos de acuerdo de antemano, o hallar resultado que concuerde con la aspiración y la utilidad del mayor número”.[19]

La unidad como estrategia política es la ciencia de articular los factores sociales diversos para garantizar la independencia nacional, la libertad y la dignidad de los integrantes de la nación sobre la base del bien común. Desde la vertiente ideológica, la formación de concepciones sobre la patria constituyen los elementos claves para llegar a la unidad en la realización del proyecto revolucionario.

En resumen, en la concepción martiana sobre política hay una referencia permanente al conocimiento de los móviles sociales desde el punto de vista científico. Valora que para alcanzar la obra propuesta, se exige conocer los elementos diversos y comunes que integran la nación y la requerida movilización hacia una participación política que propicie una solución creadora y original a las exigencias de la época. Como su movimiento es de masas requiere unidad de pensamiento, que lejos de ser “servidumbre de la opinión”, es pensamiento unido a conocimiento.[20]

Hay en José Martí una concepción de la política, en que la ciencia junto a lo ético, convierten a la política en fuerza redentora capaz de unir y garantizar el triunfo:

... La ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar a la ignorancia. El fanatismo contribuye al enervamiento, y es preciso extinguir el fanatismo. La ciencia ciega en verdades no probadas y que no tienen medio humano de probarse, destruye la dignidad de la inteligencia y la del carácter. Es preciso fomentar el estudio de las ciencias como vía única para el conocimiento de las verdades. [21]

[1] José Martí: “Cuentos de hoy y de mañana por Rafael de Castro Palomino”. La América, Nueva York, octubre de 1883. O. C., t. 5, p.109. En lo adelante, las referencias a textos martianos remitirán a esta edición, salvo que se exprese lo contrario, por lo que sólo se consignará O. C., tomo (t.) y página (p.) donde aparece el texto aludido.

[2] José Martí: La Opinión Nacional, 15 de junio de 1882. O. C., t. 23, p. 317.

[3] José Martí: Revista Universal de México, 7 de marzo de 1876. O. C., t. 7, p. 347

[4] Libro al que Martí dedica un importante comentario en Revista Universal de México el 7 de marzo de 1876. O. C., t, 7, pp. 347-349.

[5] José Martí: “Nuestra América”. El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891. O. C., t. 6, p. 18.

[6] Isabel Monal (1973) hace un análisis detallado de la influencia de Henry George en Martí. “José Martí: del liberalismo al democratismo antimperialista” Casa de las Américas, 13 (76), mayo-junio, La Habana, pp. 27-30.

[7] José Martí: “A la raíz”. Patria, 26 de agosto de 1893. O.C, t. 2, p. 380.

[8] “Martí pone el énfasis en el conocimiento racional exhaustivo de: a) la situación política concreta y mudable; b) de sus agentes; c) en la previsión de las alternativas posibles de su curso ulterior; d) en la actuación consecuente sobre estos procesos según objetivos fijados de antemano; e) en el aglutinamiento de las fuerzas sociales capaces y necesarias para la consecución de los fines. Miguel Limia David: Individuo y sociedad en José Martí. Editorial Academia. La Habana, 1998, p. 12.

[9] José Martí: “Generoso deseo”. Patria, 30 de abril de 1892. O. C, t. 1, p. 424.

[10] Una demostración profunda de esta referencia está contenida en la carta a Ricardo Otero del 16 de mayo de 1886. O. C, t. 1, p. 193.

[11] José Martí: Obra citada. O. C., t. 7, p. 58.

[12] José Martí: “Crece”. Patria, 5 de abril de 1894. O. C, t. 3, p. 117.

[13] José Martí: “Carta al señor Director de La Nación, mayo 29 de 1885”. O. C., t. 10, p. 246.

[14] José Martí: “El Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868” es una clase de ciencia política y de filosofía práctica en la exposición de un programa de liberación a través del reconocimiento de las necesidades y posibilidades objetivas y subjetivas para la nueva contienda armada y que en esos momentos se realizaba a través de la lucha de ideas, que tiene una gran importancia por la diversidad de criterios en cuanto a la solución del problema cubano. Hardman Hall, Nueva York, 10 de octubre de 1890. O. C., t. 4, p. 248.

[15] José Martí: “Discurso en Hardman Hall”. Nueva York, 31 de enero de 1893. O. C., t.4, p. 317

[16] José Martí: Idem, O. C., t. 4, p. 259-265.

[17] José Martí: “Carta al Señor Director de La Nación 16 de mayo de 1886”. O. C., t. 10, p. 449.

[18] José Martí: “Nuestra América”. El Partido Liberal, México. 30 de enero de 1891. O. C., t. 6 p. 17.

[19] José Martí: “Lectura de Steck Hall”. Nueva York, 24 de enero de 1880. O .C., t. 4, p. 205.

[20] José Martí: “Generoso deseo”. Patria, 30 de abril de 1892. O. C, t. 1, p. 424.

[21] José Martí: “Libros nuevos”. O. C, t. 15, p.192.

JOSÉ MARTÍ Y LA CULTURA GRIEGA EN LA EDAD DE ORO

Dra. C. Ada Bertha Frómeta Fernández 

Dr. C. Alberto Velázquez López

"...Muerta es la vieja Grecia, y todavía colora nuestros sueños juveniles, calienta nuestra literatura y nos cría a sus pechos, madre inmensa, la hermosa Grecia artística..." [1]

José Martí

En La Edad de Oro[2], a través de relatos, cuentos y poesías, revela sus ideales de superación humana en defensa de una cultura de la dignidad en momentos de importantes transiciones socio-políticas en América Latina. Hay en la revista una identificación expresa de aspiraciones humanistas de extensión universal; la obra no solo es un proyecto artístico, sino y sobre todo, político.

La obra martiana se caracteriza por complementar lo artístico y educacional con lo político; no por pura casualidad sus ideas sobre la historia van más allá de la admiración estética y se identifican con intereses ideológicos acordes con su visión de los problemas del hombre, las relaciones con la naturaleza y el progreso cultural.

Martí se propuso llenar a nuestras tierras de hombres originales. Proveer a los niños y jóvenes de América de los más diversos conocimientos, así como recrearlos con las mejores obras de la literatura universal. Expuso la necesidad de conocer la historia y cultivar sentimientos de respeto y amor, en defensa de la nueva sociedad.

Como dijera Gonzalo de Quesada y Aróstegui, discípulo y amigo de Martí: "aquel genio condensó su sabiduría en páginas, sencillas a la vez que profundas, dedicadas a los niños de América."[3] Como el mismo Martí expresara:

[Entrego] todo lo que a pura sangre me ha ido madurando en el alma. [...] lleva pensamiento hondo [...] para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella ni vivir infecundamente en ella, [...] El abono se puede traer de otras partes, pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo y hombres de América. Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa.[4]

En “A los niños que lean La Edad de Oro”, pretendió decirles: “...lo que deben saber para ser de veras hombres (...) cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora.”[5]

Martí se basó en los conocimientos sobre la cultura griega para escribir algunos relatos en la revista, que a nuestro entender persigue dos intenciones bien pensadas; la enseñanza de la historia antigua y la defensa de la historia de América sobre la base de su diferenciación y similitud con otras culturas, todo lo cual contribuiría a la formación de ideales justos acerca del origen de los pueblos y sus aportaciones. Es un examen para reivindicar lo nuestro, menos privilegiado en los textos de historia y en la conservación de sus tradiciones.

La trascendencia y contemporaneidad de la cultura griega sirvió de punto de partida a José Martí para valorar el desarrollo histórico de la humanidad y llegar a una comprensión integradora de los aportes y distinciones de los latinoamericanos a dicha historia.

Orientar los conocimientos al servicio de la formación del hombre, para que descubra lo bueno y bello del mundo que lo rodea, la adquisición de una conciencia clara sobre la naturaleza humana y la cultura propia, son razones suficientes para entender los motivos que lo acercaron a Grecia.

En Cuba la presencia griega está diseminada en la arquitectura de las ciudades y en los colegios más importantes se estudian los pensadores clásicos. En España, pasa algo parecido y en las universidades Martí amplía sus conocimientos, sobre todo al cursar la carrera de Filosofía y Letras, donde tuvo que aprobar las asignaturas de Lengua Griega, Literatura Clásica Griega y Estudios Críticos sobre Autores Griegos[6] y únase a todo ello su dedicación al estudio de forma autodidacta.

La traducción del libro Antigüedades griegas, de J. H. Mahaffy, le aportó valiosos conocimientos y en La Edad de Oro se reproducen con magistral creación cuando describe costumbres y la arquitectura.[7]

Las concepciones de belleza, el bien y la justicia del filosofar griego aparecen de forma explícita en varios textos de La Edad de Oro, como expresión de la asimilación de este pensamiento por José Martí.

En el primer número de la revista, ya dedica un espacio para promover la cultura griega a través de su versión de “La Ilíada” de Homero. Con métodos expositivos muy originales, en que el narrador valora los hechos y la propia obra, llega a realizar conclusiones filosóficas, éticas y estéticas de alto valor para las ciencias humanísticas.[8]

Tal parece que su objetivo es reflejar a través de la literatura más antigua, las luchas de los pueblos, pero hay en el texto un llamado trascendental: “En la Ilíada, aunque no lo parece, hay mucha filosofía, y mucha ciencia, y mucha política.”[9]

Las valoraciones fundamentales emitidas en el texto son:

- El arte y la literatura reproducen la vida de los pueblos antiguos y requieren ser conocidos en los nuevos tiempos.

- El dominio de los “pueblos nuevos” por la naturaleza es una de las causas del surgimiento de las religiones: “porque el hombre se ve pequeño ante la naturaleza que lo crea y lo mata, y siente la necesidad de creer en algo poderoso”. [10] Se refiere a la creación de los dioses por el hombre, precisa por qué los creó: en el enfrentamiento a la naturaleza, “para que lo trate bien en el mundo, y para que no le quite la vida”.[11] Esto coincide con las causas científicamente reconocidas acerca del surgimiento de la religión.

- La denuncia a la utilización de los preceptos religiosos por los gobernantes para mantener el poder: el “derecho divino de los reyes”

La Ilíada es hermosa por la manera en que pinta el mundo: “Se siente uno como gigante, o como si estuviera en la cumbre de un monte, con el mar sin fin a los pies, cuando lee aquellos versos de La Ilíada, que parecen de letras de piedra”.[12]

En el relato “Un juego nuevo y otros viejos”, Martí realiza un recorrido por la historia de los juegos y dice:

“...Se habla mucho de los griegos y de los romanos, que vivieron hace dos mil años; pero los niños romanos jugaban a las bolas, lo mismo que nosotros, y las niñas griegas tenían muñecas con pelo de verdad, como las niñas de ahora...”[13]

Enseña que en la historia del hombre se repiten muchas de las creaciones, porque son los pueblos iguales, por su origen e inteligencia, solo que cada uno establece su distinción en correspondencia con las condiciones naturales en que vive. Es el reconocimiento de las analogías[14] y la existencia de una identidad universal del hombre[15].

Acude a la mitología a través de la diosa Diana, que describe físicamente y apoyándose en el grabado que acompaña el texto, se reproduce una escena de gran belleza con la narración de los ritos realizados alrededor de la diosa.

A continuación expresa:

Los griegos fueron como casi todos los pueblos nuevos, que creen que ellos son los amos del mundo, lo mismo que creen los niños; y como ven que del cielo viene el sol y la lluvia, y que la tierra da el trigo y el maíz y que en los montes hay pájaros y animales buenos para comer, le rezan a la tierra y a la lluvia, y al monte y al sol, le ponen nombres de hombres y mujeres, y los pintan con figuras humanas, porque creen que piensan y quieren lo mismo que ellos y que deben tener su misma figura...[16]

Y volviendo a los juegos:

“... Sin contar la pelota, que todos los pueblos la juegan, y entre los indios era una pasión, como que creyeron que el buen jugador era un hombre venido del cielo, y que los dioses mejicanos, que eran diferentes de los dioses griegos, bajaban a decirles cómo debía tirar la pelota y cogerla.”[17]

Nótese aquí el llamado a diferenciar los dioses de las distintas regiones, pues no pueden ser idénticos a pesar de tener un mismo origen: cada pueblo los crea a su semejanza.

En este texto se divulgan las mejores tradiciones de la humanidad con un alto contenido ético y estético, se valorizan las distintas culturas no por sus diferencias, sino por su similitud, lo que lleva a la comprensión de que ningún pueblo es superior a otro. Su método consiste en revelar la existencia de estructuras comunes en las manifestaciones de las diferentes culturas.

En la última página del primer número de La Edad de Oro dejó sentenciado:

Los nuevos tiempos no son como los de Homero, pues lo que debe hacer el poeta ahora es aconsejar a los hombres a que se quieran bien y a pintar todo lo hermoso del mundo y castigar con la poesía como con el látigo a los que quieran quitar a los hombres su libertad.[18]

Este precepto martiano rebasó las fronteras del arte aplicándolo a todas las facetas de la vida, destáquese el lugar que concedió al bien y a la libertad. La misión del hombre actual no está en copiar y reproducir las costumbres de la antigüedad, sino en crear nuevas formas de interpretar el mundo y buscar soluciones sobre la base de la hermandad y la razón.

Concluye sobre el papel de la inteligencia como arma:

En los mismos tiempos de Homero, el que ganó por fin el sitio, y entró en Troya, no fue Ajax el del escudo, ni Aquiles el de la lanza, ni Diomedes el del carro, sino Ulises, que era el hombre de ingenio, y ponía en paz a los envidiosos, y pensaba pronto lo que no les ocurría a los demás.[19]

Para Martí, la inteligencia no es la simple acumulación de informaciones, aunque estas de por sí son necesarias, sino que el hombre se arme de todas las tradiciones humanamente ascendentes, donde la historia reviste importancia cardinal: la formación de una conciencia basada en la cultura de los sentimientos. Estos puntos de vista se concretan en su ideario educacional sobre la formación del hombre práctico, el hombre natural.

En el segundo número de La Edad de Oro, en "La historia del hombre contada por sus casas", argumenta sus concepciones sobre el origen del hombre, la pluralidad de culturas y raíz común:

Estudiando se aprende eso: que el hombre es el mismo en todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive, porque el hombre que nace en tierra de árboles y de flores piensa más en la hermosura y el adorno, y tiene más cosas que decir que el que nace en una tierra fría, donde ve el cielo oscuro y su cueva en la roca. [20]

Todas las culturas tienen un mismo origen natural, no hay dudas, pero nuestras costumbres y pensamientos no son iguales, ello se debe en gran parte a las características del medio natural que siempre impone exigencias concretas, como fuente creadora de ideas, a la vez que también puede ser un freno para la germinación de lo bello y necesario. Todo entorno que es bello crea estados de ánimo agradables y de hecho, es fuente de inspiración. Reconoce el papel del intercambio cultural como vía para impulsar el desarrollo, no como objeto de dominación política. Con ello supera las tendencias naturalistas en los estudios sociales de la época.

Como en su ideario todo está armónicamente en conexión, ese hombre que tiene diferencias por su origen, a la vez, no solo depende de ello, sino que también tiene la responsabilidad de reproducirlo. La identidad e integración de dichos valores es el medio que viabiliza la participación social en el conocimiento y producción cultural continua.

El hombre, a pesar de su inferioridad con respecto a la naturaleza en su conjunto, se ha impuesto en la vida y precisamente a través de la producción material y espiritual que le ha permitido realizarse a sí mismo: Este ideal es el elemento estructurador en “La historia del hombre contada por sus casas”. En cuanto a Grecia dice que: “en Grecia levantaron los edificios más perfectos del mundo, y escribieron los libros más bien compuestos y hermosos.”[21] Y más adelante describe que:

En Grecia no era así, (refiriéndose a las casas hindúes) sino todo blanco y sencillo, sin lujo de colorines. En la casa de los griegos no había ventanas, porque para el griego fue siempre la casa un lugar sagrado, donde no debía mirar el extranjero. Eran las casas pequeñas, como sus monumentos, pero muy lindas y alegres, con su rosal y su estatua a la puerta, y dentro del corredor de columnas, donde pasaba los días la familia, que solo en la noche iba a los cuartos, reducidos y oscuros. El comedor y el corredor era lo que amueblaban, y con pocos muebles: en las paredes ponían en nichos sus jarros preciosos: las sillas tenían filetes tallados, como los solían ponerles a las puertas, que eran anchas de abajo y con la cornisa adornada de dibujos de palmas y madreselvas. Dicen que en el mundo no hay edificio más bello que el Partenón, como que allí no están los adornos por el gusto de adornar, que es lo que hace la gente ignorante con sus casas y vestidos, sino que la hermosura viene de una especie de música que se siente y no se oye, porque el tamaño está calculado de manera que venga bien con el color, y no hay cosa que no sea precisa, ni adorno sino donde no pueda estorbar. Parece que tienen alma las piedras de Grecia. Son modestas, y como amigas del que las ve. Se entran como amigas al corazón. Parece que hablan.[22]

Explica aquí la relación de la arquitectura con la estética, la funcionalidad y el genio, como concepción que rinde culto a la armonía que es lo que hace a las culturas clásicas, por el equilibrio entre el arte y el trabajo.

En “Las Ruinas Indias”, denuncia la destrucción de culturas humanas por otros pueblos, y que en la realidad latinoamericana asume una connotación especial, pues a pesar de los siglos de colonialismo no se ha logrado destruir del todo ni material ni espiritualmente. En este caso hay que considerarlo como una defensa a nuestra cultura y de su humanidad negada, pues como es conocido, uno de los pretextos utilizados por los españoles para evangelizar estas tierras, era la existencia del sacrificio humano como ofrenda a los dioses. El rompe con el mito de que los indoamericanos fueran los únicos que utilizaban estas prácticas:

...Hay (en América) sacrificios de jóvenes hermosas a los dioses invisibles del cielo, lo mismo que los hubo en Grecia, donde eran tantos a veces los sacrificios que no fue necesario hacer altar para la nueva ceremonia, porque el montón de cenizas de la última quema era tan alto que podían tender allí a las víctimas los sacrificadores; hubo sacrificios de hombres, como el del hebreo Abraham...”[23]

En la historia de ambas culturas han ocurrido hechos similares: “...hay oradores que se levantan llorando, como el trascaltecal, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se levantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo...”[24] Solo que la humanidad se ha dedicado a narrar lo de otros pueblos y desconocer lo nuestro.

Los hombres, tal parece que repiten, sin saber, lo que han hecho otros pueblos como forma de manifestar su esencia natural y social, e idean cosas similares en distintas latitudes. Es un proceso universal porque: “...Cada ser humano lleva en sí un hombre ideal, lo mismo que cada trozo de mármol contiene en bruto una estatua tan bella como la que el griego Praxíteles hizo del dios Apolo...”[25]

En el tercer número de La Edad de Oro, el relato “La exposición de París” está dedicado al evento realizado por el centenario de la Comuna de París, donde muchos pueblos del mundo expusieron sus creaciones. Le prestó atención a la cultura griega otra vez, pero aquí llama la atención sobre cómo ésta se fue asimilada por otros pueblos, y cómo con posterioridad es la principal inspiradora de los movimientos revolucionarios en el arte, la filosofía y la política: “...Luego, al fin de la edad que medió entre aquella pelea y el descubrimiento de América, volvieron los gustos de antes, de Grecia y de Roma, en las casas graciosas y ricas del Renacimiento...”[26]

Y cierra las referencias a Grecia, pues en el número siguiente no la menciona, demostrando que ya es otra y su historia no ha sido tan afortunada, porque hubo tiempos en los que no se supo defender y organizar:

“...¿Y Grecia, esa de la puerta baja con un muro a cada lado, con la historia de antes en uno, antes de que los romanos la vencieron cuando fue viciosa, y la vida del trabajo de hoy, en antigüedades, en mármoles rojos, en sedas finas, en vinos olorosos, desde que resucitó con la vuelta a la libertad, y tiene ciudades como Pireo, Siracusa, Corfú y Patras, que valen ya por lo trabajadoras tanto como las cuatro famosas de la Grecia vieja: Atenas, Esparta, Tebas y Corinto?”[27]

Grecia no quedó en la antigüedad, siguió su desarrollo, con altas y bajas y diseminada por el mundo en edificaciones, gustos y paradigmas.

América, vuelta a su libertad, ha de dedicar la vida al trabajo: su inteligencia ha de promoverse y emanciparse en concordancia con las leyes que ha regido el desarrollo de la humanidad.

Se debe conocer lo aportado por otras épocas y desprendernos de las concepciones enajenantes que inculcan la negación de nuestra composición y antecedentes, armonía natural y sus posibilidades reales de desarrollo: Ha de echar a andar ininterrumpidamente en su composición de resistencia como mandato para reivindicar el pasado, que es tan célebre como el de la Grecia antigua.

El ideario martiano es de defensa a la cultura latinoamericana, que alejado de todo nacionalismo burgués, asume un carácter político en el enfrentamiento a todo tipo de explotación y discriminación.

Hoy se habla de salvar la humanidad como el principal problema global, pero se trata de conservar las culturas, con su identidad, lo que para Martí fue legitimar la Grecia Nuestra sobre la base de la dignidad que le aporta la historia real.

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[1] Poesía dramática americana. Guatemala, febrero de 1878. Obras Completas. Editora Nacional de Cuba. La Habana, 1963-1965. Tomo 7, p. 173.

[2] La Edad de Oro, revista de recreo e instrucción que publicó José Martí en cuatro números, de julio a octubre de 1889 en New York. Es la primera revista publicada dirigida a los niños latinoamericanos.

[3] Gonzalo de Quesada y Aróstegui: Introducción a la edición de La Edad de Oro de 1905. Edición citada, tomo 18, p. 295. (Todas las citas que aparecerán de La Edad de Oro fueron tomadas de esta edición y en las siguientes referencias solo se reflejará el número de página y título del texto).

[4] José Martí: “Carta a Manuel A. Mercado de 3 de agosto de 1889”. Obras completas, tomo 20, p. 146 y 147.

[5] “A los que lean La Edad de Oro”, p. 301.

[6] Las dos primeras asignaturas las venció con calificaciones de sobresalientes y la última de aprobado. Véase Expediente Académico de José Martí. Universidades de Madrid y Zaragoza. Fragua Martiana de la Universidad de La Habana. (Fotocopia).

[7] Ver en Obras completas de José Martí, tomo 25, páginas 99-211.

[8] Herminio Almendros destaca que con este texto Martí no pretendió hacer su versión de La Ilíada. Son explicaciones y comentarios que dan un sentido realista y racional a lo imaginario y fantástico. A propósito de La Edad de Oro. Editorial Gente Nueva, La Habana, 1972. Pp.177-1778

[9] “La Ilíada” , edición citada, p. 330.

[10] Ibidem, p. 330.

[11] Ibidem.

[12] “La Ilíada”, p. 331.

[13] “Un juego nuevo y otros viejos”, p. 337.

[14] “Mente Latina”. La América, Nueva York, noviembre de 1884. Edición citada, tomo 6, p. 25.

[15] “Nuestra América”. Edición citada, tomo 6, p. 22.

[16] Idem, p. 339.

[17] Idem, p. 342

[18] p. 349.

[19] p. 350.

[20] p. 357.

[21] p. 362.

[22] Pp. 365-367.

[23] p. 382.

[24] p. 381.

[25] P. 390.

[26] P. 413.

[27] P. 425

CONCEPTUALIZACION MARTIANA DE LA POLITICA A PARTIR DE SU ESTANCIA EN LOS ESTADOS UNIDOS

Dr. C. Alberto Velázquez López
Dra. C. Ada Bertha Frómeta Fernández

Al llegar a los Estados Unidos en 1880*, el panorama político es totalmente diferente a lo conocido en Europa y el resto de las América. Aquí se impresionó con el desarrollo económico y el sistema político existentes. En su publicación en The Hour de Nueva York del 10 de abril de este año expresó: "Estoy, al fin, en un país donde cada uno parece ser su propio dueño. Se puede respirar libremente, por ser aquí la libertad fundamento, escudo, esencia de la vida (...) Nunca sentí sorpresa en ningún país del mundo que visité. Aquí quedé sorprendido..." (1)

Por otra parte, en el mismo texto, Martí llama la atención sobre algunos problemas sociales como la emigración, el deber de los políticos hacia la nación y el tipo de hombre que se estaba formando. Al respecto planteó:

"... El poder material, como el de Cartago, si crece rápidamente, rápidamente declina. Si este amor de riqueza no está temperado y dignificado por el ardiente amor de los placeres intelectuales, -si la benevolencia hacia los hombres, la pasión por cuanto es grande, la devoción por todo lo que significa sacrificio y gloria, alcanza parejo desenvolvimiento al de la fervorosa y absorbente pasión del dinero (...) La vida necesita raíces permanentes: la vida es desagradable sin los consuelos de la inteligencia, los placeres del arte y la íntima recompensa que la bondad del alma y los primores del gusto nos proporcionan". (2)

De hecho no se está congraciando al reconocer cómo este país le ha impresionado y sobre todo por las libertades que allí se encuentra, nunca vistas en otras partes del mundo, pero deja sentadas sus preocupaciones hacia el futuro de esta nación.

Antes de 1880 no nos encontramos que Martí dejara plasmadas definiciones sobre el concepto de política con la profundidad que alcanza posteriormente. Su detenimiento conceptual estuvo relacionado con aspectos como la libertad, el antiesclavismo, la felicidad, independencia, la lucha entre los partidos políticos, el caudillismo y la justicia, tratados en correspondencia con las tareas de esos momentos, en que todavía sus ideales de redención no habían tenido las experiencias necesarias para tomar una visón más integral de los procesos políticos.

Es a partir de su estancia en Estados Unidos en que se ve en la necesidad de realizar sentencias claves para su lucha política y también para la elevación de la cultura política del continente latinoamericano. Hay que tener en cuenta que en los países donde residió Martí, por suerte, en esos momentos se operaban importantes acontecimientos políticos, uno de ellos fue la república española, que como movimiento político, implicó un amplio movimiento de ideas, que por las características del Apóstol, el pudo saborear y percatarse que la forma de gobierno republicano es democráticamente superior a la monarquía, fundamentalmente por la participación de los políticos en los designios de la nación.

México le aportó el conocimiento de las limitaciones de las jóvenes repúblicas latinoamericanas. Pero en Estados Unidos era diferente a lo que había conocido, la república era más república. Como hombre de crítica emite para los periódicos valoraciones objetivas sobre la situación de una nación que, en formación, manifiesta un desarrollo vertiginoso, pero en política deja ver amenazas para el sistema y las tierras cercanas.

Detengámonos en algunas de los tratamientos que realiza alrededor del concepto de política que aparecen en la década del 80:

"[…]La política volverá a ser el arte de conservar en paz y grandeza a la Patria, mas no el vil arte de elaborar una fortuna a sus expensas." (3)

"... Ni la política ha de ser arte de escarceos, retazos y tráficos, ni es digno de la confianza de su país el que mira más a parecer bien a sus adversarios, - por su seguridad y gloria de hombre hábil, - que a intentar y realizar todas las mejoras que crea beneficiosas a su pueblo. Avergüenza la pequeñez de los hombres en los tiempos que corren. No ven la vida como un deber, sino como una casa de gozos. La verdadera grandeza es la mayor locura. Ser puro es ser bellaco. Osar lo justo es poner en riesgo a sus conciudadanos. ¡Y no va habiendo más modo de vivir que ceder a toda indignidad privada o pública!..." (4)

"El deber es absoluto; pero la política es relativa.

El pensador propaga, y el gobernante acomoda. Política es eso: el arte de ir levantando hasta la justicia la humanidad injusta; de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso; de favorecer y de armonizar para el bien general, y con miras a la virtud, los intereses." (5)

Se pueden encontrar más de diez definiciones de política en esta etapa.

De aquí podemos resumir que para Martí la política es un arte;

Cuestión de la patria.

La política es la lucha por el poder.

El político tiene que ser un servidor del bien colectivo. La moral de político se expresa por su obra pública.

El poder de la política está en la unidad, la libertad, la armonía y la justicia que garantiza.

La política de oficio es nociva, en tanto se convierte en defensora y representativa de intereses esencialmente individuales o de grupos.

Ya en la década del noventa, su vida política es muy activa, ocupa el liderazgo de la Revolución cubana y es entonces el líder quien expresa y profundiza sus conocimientos sobre la política a partir de una práctica muy exigente.

Entre sus definiciones de la etapa les presentamos las siguientes:

"[…] Estrategia es política. Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud; pero con un solo pecho y una sola mente[…]" (6)

"La política no es la ciencia de las formas, aunque sea esto en mucho; sino el arte de fundir en actividad pacífica los elementos, heterogéneos u hostiles, de la nación: y lo primero es conocer al dedillo estos elementos, para no intentar nada que haya de chocar contra ellos, e irles acomodando gradualmente aquellas novedades foráneas que fuesen de posible y útil acomodo…" (7)

"La política es la verdad. La política es el conocimiento del país, la previsión de los conflictos lamentables o acomodos ineludibles entre sus factores diversos u opuestos, y el deber de allegar las fuerzas necesarias cuando la imposibilidad patente del acomodo provoque y justifique el conflicto". (8)

"Cuando la política tiene por objeto cambiar por mera forma un país, sin cambiar las condiciones de injusticia en que padecen sus habitantes: cuando la política tiene por objeto, bajo nombres de libertad, el reemplazo en el poder de los autoritarios arrellanados por los autoritarios hambrientos, el deber del hombre honrado no será nunca, ni aún con esa excusa, el de echarse a un lado de la política para dejar que sus parásitos gangrenen...".(9)

Como se puede apreciar hay un nivel mayor de profundización y de contemplación de lo práctico, a diferencia de la década anterior, que se detiene más en lo espiritual que en lo práctico.

La unidad pasa a ocupar la función fundamental de la política y se sustenta en la definición de intereses ideológicos colectivos. Esta fue su aspiración en cuanto al proceso revolucionario que organizaba, y se apoyó en el Partido Revolucionario Cubano, fundado y dirigido por él para alcanzar la unidad.

La política deja de ser un arte propiamente dicho para constituirse en una ciencia del conocimiento de la realidad, de la historia, las tradiciones y los métodos de lucha.

La política tiene que respetar los intereses patrios, lo extranjero es perjudicial cuando se incorpora a la realidad nacional sin tener en cuenta las aspiraciones y tradiciones autóctonas.

La crítica pasa a jugar diferentes papeles: como resorte de garantía pública y como medio de educación para mantener o propiciar la unidad de criterios, pero no para incrementar las diferencias, si esto sucede entonces la política pasa a ser villana.

La construcción del concepto de política en Martí aparece con referencias fragmentarias y dispersas en sus textos, pero llevan en sí elementos constates, entre ellos prevalece lo ético. Es suficientemente visible la obligatoriedad de la unidad entre los medios y el fin, subordinados al bien común y progreso nacional.

Dentro de los marcos del pensamiento republicano, Martí presenta un proyecto nuevo, de amplia participación de las masas, que aunque burgués, lleva en sí los ideales más progresistas para la época. El proyecto de la república con todos y para el bien de todos, eleva su concepción de la política redentora a la defensa internacional, del que es la dignidad nacional el arma fundamental, dignidad que le aporta la prosperidad y la participación democrática y popular.

Notas y referencias

*Martí estuvo en Estado Unidos por doce días en enero de 1875 en tránsito hacia México. Arribó el 3 de enero de 1880 y permaneció hasta el 8 de enero del 81 en que tiene una breve estancia en Venezuela y regresa el 10 de agosto del propio año. Curioso es que el 9 de enero del 80 es designado vocal del Comité Revolucionario Cubano y también fue de gran importancia su discurso de Steck Hall, realizado el 24 del propio mes, porque expone sus concepciones sobre la Guerra de los Diez Años y las metas de la próxima empresa bélica. Este discurso muestra la madurez del pensamiento político de José Martí.

1- Impressions of America (By a very fresh spaniard). Tha Hour, Nueva York, 10 de julio de 1880. Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975, tomo 19, pp. 106-107. (A partir de aquí todas las citas correspondientes a José Martí fueron tomadas de las Obras Completas en 27 tomos, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1975).

2- Obra citada, p. 107

3- Noticias de los Estados Unidos, La Opinión Nacional, Caracas, 17 de septiembre de 1881. Tomo 9, p. 33.

4- La Opinión Nacional. 22 de febrero de 1882, tomo 14, p. 364.

5- La Nación, Buenos Aires. E de noviembre de 1888, tomo12, p. 57.

6- El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, tomo 6, p. 21

7- Un libro del Norte sobre las instituciones españolas en los estados que fueron de México. El Partido Liberal, México, 25 de noviembre de 1891, tomo 7, p. 58.

8- Ciegos y desleales. Patria, 28 de enero de 1893, tomo 2, p. 215.

9- Idem, p. 335.

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----------: "La Cuba de Martí: proyecto, realidad y perspectiva". Anuario del Centro de Estudios Martianos. Número18. 1995-1996, La Habana, 1997.

La educación ambiental en La Edad de Oro

Dr. Alberto Velázquez López
Dra. Ada Bertha Frómeta Fernández

(Publicado en 1994 con el título En la barranca de todos. Editorial Sanlope, Las Tunas, Cuba)

En La Edad de Oro, que José Martí publicara en cuatro números, de julio a octubre de 1889 en New York, reveló como objetivo central de la revista proveer a los niños y jóvenes de América de los más diversos conocimientos, así como recrearlos con las mejores obras de la literatura infantil universal. Expuso la necesidad de conocer la naturaleza, valorar sus cualidades y cultivar sentimientos de respeto, cuidado y amor, para así realizar una acción racional en la convivencia.

 

Como todo hombre revolucionario, partidario del progreso humano, orientó su creación hacia la búsqueda de un desarrollo justo para la región.

En el estudio de la obra martiana han sido muchos los trabajos encaminados a valorar las ideas contenidas en La Edad de Oro, hoy contamos con importantes estudios, pero el tema que nos reúne es de los menos beneficiados.

Como revista de instrucción y educación La Edad de Oro contiene un maravilloso mundo de reproducción y creación humana. A través de relatos, cuentos, poesías se expone un proyecto de dignificación humana y defensa de la cultura que, en su momento, de importantes transiciones en la región, no solo es un proyecto artístico, sino y sobre todo político. Hay una identificación expresa de ideales humanistas, independentistas, latinoamericanista y antimperialista radicales.

Es característico de la obra martiana el complemento de lo político con lo artístico; no por pura casualidad sus ideas sobre la naturaleza van más allá de la admiración y se identifican con los intereses estéticos e ideológicos acordes con su visión de los problemas del hombre, sus relaciones con la naturaleza y el progreso.

No es nuestra intención ver a Martí como un ecologista de estos tiempos, se hace necesario ubicarlo en su época cuando apenas había aparecido el propio término ecología, aunque estos problemas existieron desde mucho antes. Desde la antigüedad nos llegan referencias al respecto, sólo que es a partir de la época moderna en que crecen hasta convertirse en serias amenazas para la existencia humana.

Al concebir la educación medio ambiental como un imperativo actual, se hace necesario formar hábitos y sentimientos en los hombres de producción, reproducción y conservación de los resultados de su trabajo para poder vivir mejor y prolongar la existencia de la vida en todas sus manifestaciones.

En el mundo actual y en América Latina la educación ambiental consiste en encontrar recetas dentro de los sistemas actuales, para mejorar las condiciones ambientales. Se acuden a fórmulas ecológicas o tecnológicas, sin replantear el sistema educativo en su conjunto y sin plantearse la orientación de los sistemas culturales. El presente trabajo lejos de agotar el tema, consiste en un acercamiento que lleve a una lectura de La Edad de Oro, que podrá ser útil a los educadores al poder extender su labor con el apoyo de textos llenos de magistrales declaraciones sobre el hombre, la cultura y la naturaleza, visto en el sentido de que ambos tienen una estrecha relación y su dinámica de transformación posee historia y perspectiva siempre que se rijan por los más altos valores éticos, estéticos y políticos, como los que José Martí expuso en su revista.

En los estudios sobre la literatura martiana siempre se ha hecho referencia a sus concepciones sobre la naturaleza, su admiración y amor desde la infancia, visto desde la primera carta que escribió a su madre cuando fue a pasar unos días a los campos de Matanzas, así como la exquisitez con que describe la naturaleza cubana en su Diario de Campaña. Sin embargo, se propuso también inculcar el amor por el cuidado de la naturaleza con la misma intensidad con que pretendió unir a los hombres.

En La Edad de Oro, como dijera Gonzalo de Quesada y Aróstegui, discípulo y amigo de Martí: "aquel genio condensó su sabiduría en páginas, sencillas a la vez que profundas, dedicadas a los niños de América." Como el mismo Martí escribiera:

[Entrego] todo lo que a pura sangre me ha ido madurando en el alma. [...] lleva pensamiento hondo [...] para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella ni vivir infecundamente en ella, [...] El abono se puede traer de otras partes, pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo y hombres de América. Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa.

"A los niños que lean La Edad de Oro", pretendió decirles "lo que deben saber para ser de veras hombres (...) cómo está hecho el mundo (...) lo que se sabe del cielo y de lo hondo del mar y de la tierra", así como lecciones educativas acerca de la higiene humana, elemento clave en la relación hombre-naturaleza y hombre-hombre cuando planteó "un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso".

Para cultivar el amor hacia lo que nos rodea, nada mejor que decir cosas buenas de ello. Eso hizo Martí, pero no sólo se preocupó por el amor, fue hacia lo que resulta a primera instancia más útil: El conocimiento del mundo. Los temas son diversos, pero contienen un elemento central; la dignificación humana a través de la libertad.

En el primer relato de La Edad de Oro, "Tres Héroes", aunque se refiere a las tres figuras más importantes de las luchas independentistas latinoamericanas, es usual, que se valga de las propiedades y cualidades de la flora y la fauna para comparar, reflejar y valorar las condiciones de los hombres:

Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Perú se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza, o le pone más carga de la que puede soportar. El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como la llama.

De hecho hay valores en los animales que el hombre debe aprender a apreciar y cultivarlos en sí, pues la naturaleza para Martí es lo más perfecto que existe: "Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol". No se equivocó, los problemas que padecen hoy el hombre y la naturaleza dependen en su esencia de las incorrectas conductas humanas. Y está el reclamo de valores imperecederos: la libertad, la igualdad, la justicia, la ternura y la inteligencia.

Este primer mensaje reviste importancia cardinal en el sentido de dirigirlo a la formación de valores justos hacia la naturaleza. No solo es que nos interesemos por conocerla, sino que seamos capaces de rendirle los tributos merecidos.

En la poesía "Dos Milagros", junto a su gran belleza literaria se encierra un mensaje trascendental hacia el cuidado de la naturaleza:

Iba un niño travieso
Cazando mariposas;
Las cazaba el bribón, les daba un beso,
Y después las soltaba entre las rosas.

Por tierra, en un estero,
Estaba un sicomoro;
Le da un rayo de sol, y del madero
Muerto, sale volando un ave de oro.

Los primeros versos, en apariencia muestran una escena reprobable: un niño cazando mariposas, sin embargo, los versos restantes nos dan una visión del niño felizmente enriquecedora: el niño sólo quiere contemplar de cerca una de las infinitas creaciones de la naturaleza, un milagro: la mariposa, a la que en testimonio de gratitud por su belleza, acaba besando para luego soltarla, viéndola volar en libertad entre las rosas, milagro también de la naturaleza. Por consiguiente, a través del niño, la mariposa, el beso y el rosal nos dice que debemos amar la naturaleza y cuidarla. Pero además, la caracterización psicológica del niño es completa, subrayándose la ternura al tratarlo de travieso y bribón en un tono lleno de resonancias afectivas que acercan este texto a los ejemplares poemas contenidos en el Ismaelillo.

En la segunda parte del poema se ve como, para Martí, en la naturaleza hay un movimiento eterno de las cosas, cada una existe no arbitrariamente, sino por su utilidad. De esa manera, del tronco muerto, tendido, del sicomoro, sale el pájaro que ha encontrado allí refugio y que vuela, por la magia poética que le otorga el autor, como un ave de oro, cuando el sol, fuente generadora de la vida, ofrenda sus rayos. La imagen artística de esta poesía permite la formación de los más diversos valores, no sólo estéticos, sino también éticos y humanistas por la gama de posibles interpretaciones.

En "La Ilíada" aunque su objetivo esencial es reflejar las luchas de la antigüedad y no necesariamente aspectos de la naturaleza, como siempre, le fue imposible prescindir de ella para recrear la realidad. En cuanto a la superioridad de la naturaleza, Martí hizo un razonamiento de gran importancia histórica, humana y natural al plantear: "(...) porque el hombre se ve pequeño ante la naturaleza que lo crea y lo mata, y siente la necesidad de creer en algo poderoso". Se refiere a la creación de los dioses por el hombre dejando claro para qué los creó; para enfrentarse a la naturaleza, "para que lo trate bien en el mundo, y para que no le quite la vida". Esto coincide con las causas científicamente reconocidas acerca del surgimiento de la religión.

Si hasta este momento la obra de Martí cultiva el respeto y resalta la superioridad de la naturaleza a partir de "Bebé y el Señor Don Pomposo" exalta el sentimiento de amor hacia los animales con expresiones como "caballito de mi alma" y "cómo crecen las flores, y de dónde le viene la luz al sol, y de qué está hecha la aguja con que cose (mamá), y si es verdad que la seda de su vestido la hacen unos gusanos, y si los gusanos van fabricando la tierra". No por gusto la sed de conocimientos del niño se centra en la naturaleza. Además es esta una de las referencias que utiliza para hacer una caracterización del niño; "su color de rosas", y que ese color es "como los niños que se bañan mucho".

Un aspecto de importancia en este cuento es el lugar que le dedica a la exaltación del amor familiar: el individuo debe amar primero lo que está más cerca, pero ese amor debe ser compartido por igual hacia lo que le rodea, ya que todo existe para cumplir una misión determinada en su vida y el hombre debe incorporarlo a su quehacer cotidiano, no solo para satisfacer necesidades humanas, sino también para vivificarlo y mantener el equilibrio de que tanto habló Martí en varios textos.

En la última página del primer número de La Edad de Oro dejó bien claro uno de sus principios cardinales con respecto al arte cuando precisó:

Los versos no se han de hacer para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útil al mundo, enseñándole que la naturaleza es hermosa, que la vida es un deber, que la muerte no es fea, que nadie debe estar triste ni acobardarse mientras haya libros en las librerías, y luz en el cielo, y amigos y madres.

Este precepto martiano rebasó las fronteras del arte aplicándolo a todas las facetas de la vida, destáquese el lugar que concedió a la naturaleza, así como al papel de las relaciones humanas entre los hombre y lo natural en la vida como es la muerte.

En el segundo número de La Edad de Oro ocupó el mayor interés la enseñanza de la historia humana, necesariamente a través de la producción material y espiritual. En "La historia del hombre contada por sus casas", infirió:

Estudiando se aprende eso: que el hombre es el mismo en todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive, porque el hombre que nace en tierra de árboles y de flores piensa más en la hermosura y el adorno, y tiene más cosas que decir que el que nace en una tierra fría, donde ve el cielo oscuro y su cueva en la roca.

Todos los hombres somos iguales, no hay dudas, pero nuestras costumbres y pensamientos no son iguales, ello se debe en gran parte a las características del medio natural que siempre impone exigencias concretas, como fuente creadora de ideas, pero también puede ser un freno para la germinación de ellas. Todo entorno que es bello crea estados de ánimo agradables y de hecho es fuente de inspiración.

Este presupuesto es expresión de sus concepciones sobre el origen del hombre y su determinación natural. Como en su ideario todo está armónicamente en conexión, ese hombre que tiene diferencias por su origen, a la vez, no solo depende de ello, sino que también tiene la responsabilidad de protegerlo y reproducirlo y la integración e identidad es el arma y móvil que viabiliza la participación múltiple en el conocimiento y la producción cultural

Reflejó cómo el hombre, a pesar de su inferioridad con respecto a la naturaleza, se ha impuesto en la vida y precisamente a través de la producción material.

La construcción de las casas la vio relacionada con las demás producciones sociales y las transformaciones de la naturaleza, así como la propia sociedad humana.

Aquí prestó atención a las guerras y a la desaparición de culturas, entre ellas las americanas dada por las relaciones violentas entre los pueblos, cuyo fatídico resultado, era casi siempre la muerte con alto grado de crueldad.

En contraposición a la muerte violenta resultante de las guerras, escribió el bello cuento "Nené Traviesa" donde la muerte ocupa un lugar de importancia, pero vista como un hecho natural para hacer reflexionar a los niños sobre el amor a los padres, y también para reiterar la necesidad de conocer las maravillas de la naturaleza y el contenido de los libros.

En "Las Ruinas Indias", Martí expone la historia de los hombres y de su medio. Desarrolla un aspecto que está presente en toda su obra: la destrucción de las culturas humanas por otros pueblos, y que nuestra realidad, ante la globalización neoliberal estamos enfrentando.

A la vez que resaltó los valores culturales alcanzados por los diferentes pueblos, se opuso rotundamente a los procesos de destrucción a que fueron sometidos, y sobre todo a lo ocurrido con la colonización de América; cierto es que "No habría poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana". No hay otro lugar del mundo donde se haya alterado más el medio social y natural, donde se introducen nuevas razas, costumbres, enfermedades, técnicas, artes, fiestas y religiones.

Hoy en día se habla de salvar la humanidad como el principal problema global, pero se trata de conservar las culturas. Si el mundo le prestara la atención necesaria no existirían tantos problemas en la conservación del medio ambiente.

En el relato "El Padre de las Casas" trata de nuevo lo relativo a la desaparición de las culturas americanas. Describe al Padre de las Casas con los halagos más sublimes, hace ver que entre los españoles hubo gente buena. Pero fue elocuente al narrar las comunidades indígenas durante la conquista y cómo "antes que para hacer casas, derribaban los árboles para ponerlos de leñas a las quemazones de los taínos". A nuestro entender, cumplió con el propósito de cultivar la admiración y compasión por nuestros antepasados, a la vez que denuncia este doble crimen.

En "Los Zapaticos de Rosa", utilizando elementos descriptivos de suma belleza, deja ver las diferencias sociales y su repercusión en el disfrute de los recursos naturales. Enseña a mirar con nuevos ojos el mar, la arena blanca, el sol, las flores, el monte, el cielo y el disfrute del aire puro.

Reflexiona sobre la situación de los humildes, en contraposición con el universo fastuoso y falso de los ricos. Los contrastes sociales se vinculan a las características del medio natural:

Conversan allá en las sillas,
Sentadas con los señores,
Las señoras, como flores,
Debajo de las sombrillas.
Pero está con estos modos
Tan serios, muy triste el mar:
¡Lo alegre es allá, al doblar,
En la barranca de todos!

Este cuadro resulta aleccionador por cuanto expresa la inconformidad ante el disfrute desigual del medio natural que rodea al hombre por diferencias sociales.

No obstante el gesto de Pilar ante la niña enferma, es un reclamo contra la pobreza material y espiritual y por la igualdad entre los humanos. En este sentido nos dice:

Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para lo vea a uno pasar (...) porque allá dentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe.

En el cuarto y último número de La Edad de Oro se reiteran aspectos tratados hasta ahora en las historietas y relatos, pero en "Cuentos de elefantes" Martí expone, junto a las cualidades admirables de los animales, su denuncia a la caza indiscriminada, la comercialización y el mal trato hacia aquellos animales que se utilizan como medios de trabajo.

La Edad de Oro constituye una obra instructiva porque pretendió y logró motivar y despertar la inteligencia de los niños que es inagotable y diversa, como diversa fue la cultura de este hombre. Con relación a ello ocupa un lugar importante el conocimiento científico evidenciado en varios momentos de su obra, véase por solo citar dos ejemplos en "La Exposición de París" y "Cuentos de elefantes", donde aparenta haber estado en los distintos lugares que describe. Solo un hombre de su cultura puede ser capaz de crear una obra como esta.

Quedó implícito en La Edad de Oro el objetivo de la educación ambiental para los niños y jóvenes americanos, que Martí trata con un lenguaje literario encaminado a alcanzar lo bello del reflejo que brinda la perfección de la naturaleza; el ideal de la necesidad de ampliar los conocimientos, cultivar sentimientos creadores hacia la naturaleza para utilizarlos en la formación de un pensamiento avanzado, que asegure la más correcta convivencia entre los hombres y su interacción con el medio.

Con La Edad de Oro se propuso preparar a los niños de nuestra América para el papel que históricamente debían cumplir. Esta necesidad continúa presente, así como actuales resultan las enseñanzas, profundas y revolucionarias, que palpitan en sus páginas, horizonte abierto para posible solución a los problemas que deberán enfrentar las presentes y futuras generaciones.

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