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Por Alberto Velázquez López y Ada Bertha Frómeta Fernández

La educación ambiental en La Edad de Oro

Dr. Alberto Velázquez López
Dra. Ada Bertha Frómeta Fernández

(Publicado en 1994 con el título En la barranca de todos. Editorial Sanlope, Las Tunas, Cuba)

En La Edad de Oro, que José Martí publicara en cuatro números, de julio a octubre de 1889 en New York, reveló como objetivo central de la revista proveer a los niños y jóvenes de América de los más diversos conocimientos, así como recrearlos con las mejores obras de la literatura infantil universal. Expuso la necesidad de conocer la naturaleza, valorar sus cualidades y cultivar sentimientos de respeto, cuidado y amor, para así realizar una acción racional en la convivencia.

 

Como todo hombre revolucionario, partidario del progreso humano, orientó su creación hacia la búsqueda de un desarrollo justo para la región.

En el estudio de la obra martiana han sido muchos los trabajos encaminados a valorar las ideas contenidas en La Edad de Oro, hoy contamos con importantes estudios, pero el tema que nos reúne es de los menos beneficiados.

Como revista de instrucción y educación La Edad de Oro contiene un maravilloso mundo de reproducción y creación humana. A través de relatos, cuentos, poesías se expone un proyecto de dignificación humana y defensa de la cultura que, en su momento, de importantes transiciones en la región, no solo es un proyecto artístico, sino y sobre todo político. Hay una identificación expresa de ideales humanistas, independentistas, latinoamericanista y antimperialista radicales.

Es característico de la obra martiana el complemento de lo político con lo artístico; no por pura casualidad sus ideas sobre la naturaleza van más allá de la admiración y se identifican con los intereses estéticos e ideológicos acordes con su visión de los problemas del hombre, sus relaciones con la naturaleza y el progreso.

No es nuestra intención ver a Martí como un ecologista de estos tiempos, se hace necesario ubicarlo en su época cuando apenas había aparecido el propio término ecología, aunque estos problemas existieron desde mucho antes. Desde la antigüedad nos llegan referencias al respecto, sólo que es a partir de la época moderna en que crecen hasta convertirse en serias amenazas para la existencia humana.

Al concebir la educación medio ambiental como un imperativo actual, se hace necesario formar hábitos y sentimientos en los hombres de producción, reproducción y conservación de los resultados de su trabajo para poder vivir mejor y prolongar la existencia de la vida en todas sus manifestaciones.

En el mundo actual y en América Latina la educación ambiental consiste en encontrar recetas dentro de los sistemas actuales, para mejorar las condiciones ambientales. Se acuden a fórmulas ecológicas o tecnológicas, sin replantear el sistema educativo en su conjunto y sin plantearse la orientación de los sistemas culturales. El presente trabajo lejos de agotar el tema, consiste en un acercamiento que lleve a una lectura de La Edad de Oro, que podrá ser útil a los educadores al poder extender su labor con el apoyo de textos llenos de magistrales declaraciones sobre el hombre, la cultura y la naturaleza, visto en el sentido de que ambos tienen una estrecha relación y su dinámica de transformación posee historia y perspectiva siempre que se rijan por los más altos valores éticos, estéticos y políticos, como los que José Martí expuso en su revista.

En los estudios sobre la literatura martiana siempre se ha hecho referencia a sus concepciones sobre la naturaleza, su admiración y amor desde la infancia, visto desde la primera carta que escribió a su madre cuando fue a pasar unos días a los campos de Matanzas, así como la exquisitez con que describe la naturaleza cubana en su Diario de Campaña. Sin embargo, se propuso también inculcar el amor por el cuidado de la naturaleza con la misma intensidad con que pretendió unir a los hombres.

En La Edad de Oro, como dijera Gonzalo de Quesada y Aróstegui, discípulo y amigo de Martí: "aquel genio condensó su sabiduría en páginas, sencillas a la vez que profundas, dedicadas a los niños de América." Como el mismo Martí escribiera:

[Entrego] todo lo que a pura sangre me ha ido madurando en el alma. [...] lleva pensamiento hondo [...] para que ayude a lo que quisiera yo ayudar, que es a llenar nuestras tierras de hombres originales, criados para ser felices en la tierra en que viven, y vivir conforme a ella, sin divorciarse de ella ni vivir infecundamente en ella, [...] El abono se puede traer de otras partes, pero el cultivo se ha de hacer conforme al suelo. A nuestros niños los hemos de criar para hombres de su tiempo y hombres de América. Si no hubiera tenido a mis ojos esta dignidad, yo no habría entrado en esta empresa.

"A los niños que lean La Edad de Oro", pretendió decirles "lo que deben saber para ser de veras hombres (...) cómo está hecho el mundo (...) lo que se sabe del cielo y de lo hondo del mar y de la tierra", así como lecciones educativas acerca de la higiene humana, elemento clave en la relación hombre-naturaleza y hombre-hombre cuando planteó "un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso".

Para cultivar el amor hacia lo que nos rodea, nada mejor que decir cosas buenas de ello. Eso hizo Martí, pero no sólo se preocupó por el amor, fue hacia lo que resulta a primera instancia más útil: El conocimiento del mundo. Los temas son diversos, pero contienen un elemento central; la dignificación humana a través de la libertad.

En el primer relato de La Edad de Oro, "Tres Héroes", aunque se refiere a las tres figuras más importantes de las luchas independentistas latinoamericanas, es usual, que se valga de las propiedades y cualidades de la flora y la fauna para comparar, reflejar y valorar las condiciones de los hombres:

Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Perú se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza, o le pone más carga de la que puede soportar. El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como la llama.

De hecho hay valores en los animales que el hombre debe aprender a apreciar y cultivarlos en sí, pues la naturaleza para Martí es lo más perfecto que existe: "Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol". No se equivocó, los problemas que padecen hoy el hombre y la naturaleza dependen en su esencia de las incorrectas conductas humanas. Y está el reclamo de valores imperecederos: la libertad, la igualdad, la justicia, la ternura y la inteligencia.

Este primer mensaje reviste importancia cardinal en el sentido de dirigirlo a la formación de valores justos hacia la naturaleza. No solo es que nos interesemos por conocerla, sino que seamos capaces de rendirle los tributos merecidos.

En la poesía "Dos Milagros", junto a su gran belleza literaria se encierra un mensaje trascendental hacia el cuidado de la naturaleza:

Iba un niño travieso
Cazando mariposas;
Las cazaba el bribón, les daba un beso,
Y después las soltaba entre las rosas.

Por tierra, en un estero,
Estaba un sicomoro;
Le da un rayo de sol, y del madero
Muerto, sale volando un ave de oro.

Los primeros versos, en apariencia muestran una escena reprobable: un niño cazando mariposas, sin embargo, los versos restantes nos dan una visión del niño felizmente enriquecedora: el niño sólo quiere contemplar de cerca una de las infinitas creaciones de la naturaleza, un milagro: la mariposa, a la que en testimonio de gratitud por su belleza, acaba besando para luego soltarla, viéndola volar en libertad entre las rosas, milagro también de la naturaleza. Por consiguiente, a través del niño, la mariposa, el beso y el rosal nos dice que debemos amar la naturaleza y cuidarla. Pero además, la caracterización psicológica del niño es completa, subrayándose la ternura al tratarlo de travieso y bribón en un tono lleno de resonancias afectivas que acercan este texto a los ejemplares poemas contenidos en el Ismaelillo.

En la segunda parte del poema se ve como, para Martí, en la naturaleza hay un movimiento eterno de las cosas, cada una existe no arbitrariamente, sino por su utilidad. De esa manera, del tronco muerto, tendido, del sicomoro, sale el pájaro que ha encontrado allí refugio y que vuela, por la magia poética que le otorga el autor, como un ave de oro, cuando el sol, fuente generadora de la vida, ofrenda sus rayos. La imagen artística de esta poesía permite la formación de los más diversos valores, no sólo estéticos, sino también éticos y humanistas por la gama de posibles interpretaciones.

En "La Ilíada" aunque su objetivo esencial es reflejar las luchas de la antigüedad y no necesariamente aspectos de la naturaleza, como siempre, le fue imposible prescindir de ella para recrear la realidad. En cuanto a la superioridad de la naturaleza, Martí hizo un razonamiento de gran importancia histórica, humana y natural al plantear: "(...) porque el hombre se ve pequeño ante la naturaleza que lo crea y lo mata, y siente la necesidad de creer en algo poderoso". Se refiere a la creación de los dioses por el hombre dejando claro para qué los creó; para enfrentarse a la naturaleza, "para que lo trate bien en el mundo, y para que no le quite la vida". Esto coincide con las causas científicamente reconocidas acerca del surgimiento de la religión.

Si hasta este momento la obra de Martí cultiva el respeto y resalta la superioridad de la naturaleza a partir de "Bebé y el Señor Don Pomposo" exalta el sentimiento de amor hacia los animales con expresiones como "caballito de mi alma" y "cómo crecen las flores, y de dónde le viene la luz al sol, y de qué está hecha la aguja con que cose (mamá), y si es verdad que la seda de su vestido la hacen unos gusanos, y si los gusanos van fabricando la tierra". No por gusto la sed de conocimientos del niño se centra en la naturaleza. Además es esta una de las referencias que utiliza para hacer una caracterización del niño; "su color de rosas", y que ese color es "como los niños que se bañan mucho".

Un aspecto de importancia en este cuento es el lugar que le dedica a la exaltación del amor familiar: el individuo debe amar primero lo que está más cerca, pero ese amor debe ser compartido por igual hacia lo que le rodea, ya que todo existe para cumplir una misión determinada en su vida y el hombre debe incorporarlo a su quehacer cotidiano, no solo para satisfacer necesidades humanas, sino también para vivificarlo y mantener el equilibrio de que tanto habló Martí en varios textos.

En la última página del primer número de La Edad de Oro dejó bien claro uno de sus principios cardinales con respecto al arte cuando precisó:

Los versos no se han de hacer para decir que se está contento o se está triste, sino para ser útil al mundo, enseñándole que la naturaleza es hermosa, que la vida es un deber, que la muerte no es fea, que nadie debe estar triste ni acobardarse mientras haya libros en las librerías, y luz en el cielo, y amigos y madres.

Este precepto martiano rebasó las fronteras del arte aplicándolo a todas las facetas de la vida, destáquese el lugar que concedió a la naturaleza, así como al papel de las relaciones humanas entre los hombre y lo natural en la vida como es la muerte.

En el segundo número de La Edad de Oro ocupó el mayor interés la enseñanza de la historia humana, necesariamente a través de la producción material y espiritual. En "La historia del hombre contada por sus casas", infirió:

Estudiando se aprende eso: que el hombre es el mismo en todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive, porque el hombre que nace en tierra de árboles y de flores piensa más en la hermosura y el adorno, y tiene más cosas que decir que el que nace en una tierra fría, donde ve el cielo oscuro y su cueva en la roca.

Todos los hombres somos iguales, no hay dudas, pero nuestras costumbres y pensamientos no son iguales, ello se debe en gran parte a las características del medio natural que siempre impone exigencias concretas, como fuente creadora de ideas, pero también puede ser un freno para la germinación de ellas. Todo entorno que es bello crea estados de ánimo agradables y de hecho es fuente de inspiración.

Este presupuesto es expresión de sus concepciones sobre el origen del hombre y su determinación natural. Como en su ideario todo está armónicamente en conexión, ese hombre que tiene diferencias por su origen, a la vez, no solo depende de ello, sino que también tiene la responsabilidad de protegerlo y reproducirlo y la integración e identidad es el arma y móvil que viabiliza la participación múltiple en el conocimiento y la producción cultural

Reflejó cómo el hombre, a pesar de su inferioridad con respecto a la naturaleza, se ha impuesto en la vida y precisamente a través de la producción material.

La construcción de las casas la vio relacionada con las demás producciones sociales y las transformaciones de la naturaleza, así como la propia sociedad humana.

Aquí prestó atención a las guerras y a la desaparición de culturas, entre ellas las americanas dada por las relaciones violentas entre los pueblos, cuyo fatídico resultado, era casi siempre la muerte con alto grado de crueldad.

En contraposición a la muerte violenta resultante de las guerras, escribió el bello cuento "Nené Traviesa" donde la muerte ocupa un lugar de importancia, pero vista como un hecho natural para hacer reflexionar a los niños sobre el amor a los padres, y también para reiterar la necesidad de conocer las maravillas de la naturaleza y el contenido de los libros.

En "Las Ruinas Indias", Martí expone la historia de los hombres y de su medio. Desarrolla un aspecto que está presente en toda su obra: la destrucción de las culturas humanas por otros pueblos, y que nuestra realidad, ante la globalización neoliberal estamos enfrentando.

A la vez que resaltó los valores culturales alcanzados por los diferentes pueblos, se opuso rotundamente a los procesos de destrucción a que fueron sometidos, y sobre todo a lo ocurrido con la colonización de América; cierto es que "No habría poema más triste y hermoso que el que se puede sacar de la historia americana". No hay otro lugar del mundo donde se haya alterado más el medio social y natural, donde se introducen nuevas razas, costumbres, enfermedades, técnicas, artes, fiestas y religiones.

Hoy en día se habla de salvar la humanidad como el principal problema global, pero se trata de conservar las culturas. Si el mundo le prestara la atención necesaria no existirían tantos problemas en la conservación del medio ambiente.

En el relato "El Padre de las Casas" trata de nuevo lo relativo a la desaparición de las culturas americanas. Describe al Padre de las Casas con los halagos más sublimes, hace ver que entre los españoles hubo gente buena. Pero fue elocuente al narrar las comunidades indígenas durante la conquista y cómo "antes que para hacer casas, derribaban los árboles para ponerlos de leñas a las quemazones de los taínos". A nuestro entender, cumplió con el propósito de cultivar la admiración y compasión por nuestros antepasados, a la vez que denuncia este doble crimen.

En "Los Zapaticos de Rosa", utilizando elementos descriptivos de suma belleza, deja ver las diferencias sociales y su repercusión en el disfrute de los recursos naturales. Enseña a mirar con nuevos ojos el mar, la arena blanca, el sol, las flores, el monte, el cielo y el disfrute del aire puro.

Reflexiona sobre la situación de los humildes, en contraposición con el universo fastuoso y falso de los ricos. Los contrastes sociales se vinculan a las características del medio natural:

Conversan allá en las sillas,
Sentadas con los señores,
Las señoras, como flores,
Debajo de las sombrillas.
Pero está con estos modos
Tan serios, muy triste el mar:
¡Lo alegre es allá, al doblar,
En la barranca de todos!

Este cuadro resulta aleccionador por cuanto expresa la inconformidad ante el disfrute desigual del medio natural que rodea al hombre por diferencias sociales.

No obstante el gesto de Pilar ante la niña enferma, es un reclamo contra la pobreza material y espiritual y por la igualdad entre los humanos. En este sentido nos dice:

Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para lo vea a uno pasar (...) porque allá dentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe.

En el cuarto y último número de La Edad de Oro se reiteran aspectos tratados hasta ahora en las historietas y relatos, pero en "Cuentos de elefantes" Martí expone, junto a las cualidades admirables de los animales, su denuncia a la caza indiscriminada, la comercialización y el mal trato hacia aquellos animales que se utilizan como medios de trabajo.

La Edad de Oro constituye una obra instructiva porque pretendió y logró motivar y despertar la inteligencia de los niños que es inagotable y diversa, como diversa fue la cultura de este hombre. Con relación a ello ocupa un lugar importante el conocimiento científico evidenciado en varios momentos de su obra, véase por solo citar dos ejemplos en "La Exposición de París" y "Cuentos de elefantes", donde aparenta haber estado en los distintos lugares que describe. Solo un hombre de su cultura puede ser capaz de crear una obra como esta.

Quedó implícito en La Edad de Oro el objetivo de la educación ambiental para los niños y jóvenes americanos, que Martí trata con un lenguaje literario encaminado a alcanzar lo bello del reflejo que brinda la perfección de la naturaleza; el ideal de la necesidad de ampliar los conocimientos, cultivar sentimientos creadores hacia la naturaleza para utilizarlos en la formación de un pensamiento avanzado, que asegure la más correcta convivencia entre los hombres y su interacción con el medio.

Con La Edad de Oro se propuso preparar a los niños de nuestra América para el papel que históricamente debían cumplir. Esta necesidad continúa presente, así como actuales resultan las enseñanzas, profundas y revolucionarias, que palpitan en sus páginas, horizonte abierto para posible solución a los problemas que deberán enfrentar las presentes y futuras generaciones.

BIBLIOGRAFIA

- Martí, José: La Edad de Oro. Obras Completas, tomo 18. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976.

--------- Carta a la madre. 23 de octubre de 1862, tomo 20. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976.

---------- Diario de Campaña. Centro de Estudios Martianos. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1985.

---------- Carta a Manuel A. Mercado de 3 de agosto de 1889,. Obras completas, tomo 20.

- Almendros, Herminio: A propósito de La Edad de Oro. Gente Nueva, La Habana, 1972.

----------- Acerca de La Edad de Oro. Colección de Estudios Martianos. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989.

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