Blogia
Por Alberto Velázquez López y Ada Bertha Frómeta Fernández

La Jornada Cucalambeana, fiesta de la cultura campesina cubana



Desde
Las Tunas, Cuba, 16 de junio de 2017



Por
el Dr. Alberto Velázquez López



En
el relato escrito por el buen amigo Uziel Gutiérrez de la Isla, quien desde su
bella tierra azteca nos hace honores al expresar sus sentimientos con tanto
amor hacia nuestra cultura, este servidor, después del acostumbrado abrazo, se
dispone a dar respuesta a las preguntas que Uziel se hace:



“¿Qué
es la Cucalambeana?, ¿desde cuándo existe?, ¿cómo surgió?, ¿porqué permanece
con esa vitalidad?, ¿quién es Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El Cucalambé?”



Comenzaré
por responder la última pregunta, para ello me apoyo en los escritos de Ramiro
Guerra, Regino Botti, José Antonio Portuondo Valdor –rector de la Universidad
de Oriente a mediados del siglo XX-, Carlos Tamayo –actual presidente de la
Unión de Nacional de Escritores y Artistas de Cuba en Las Tunas,  y Olga Portuondo, - historiadora de Santiago
de Cuba-, entre otros autores, quienes demuestran la importancia de conocer la obra
de El Cucalambé por patriótica, antimperialista, familiar y ambientalista.



Enrique
José Varona dice que: “De los cubanos de su época, fue sin dudas “El Cucalambé”
el que estuvo más cerca del alma del pueblo”El
más ferviente defensor de El Cucalambé es Jesús Orta Ruiz, “El Indio Naborí”,
quien desde las más diversas tribunas orales y escritas mantuvo en la palestra
artística la promoción de las creaciones del bardo tunero y gracias a sus
acciones coordinativas y organizadoras 
nacieron lo que hoy conocemos por las jornadas cucalambeanas.



En
Las Tunas fueron sus defensores Rafael Zayas González, director del periódico
El Eco de Tunas (1909-1962); Pedro Verdecie Pérez, abogado, entusiasta
martiano; el poeta Gilberto Rodríguez; Monseñor Ruiz, quien reconoce que “el
bardo fue el padre de nuestra literatura patriótica”.
Juan
Cristóbal Nápoles Fajardo, conocido como “El Cucalambé”, así se firmaba,  nace el 1 de julio de 1829 en la ciudad de Las
Tunas de Bayamo, en el Oriente cubano, de familia acomodada y con vocación para
el arte y la literatura. Su abuelo, el párroco José Rafael Fajardo, fue quien
le enseñó las primeras letras y el valor vital de la poesía.



El
Cucalambé publicó sus primeros trabajos en Camagüey y en 1856 su libro Rumores
del Hórmigo, texto en el que están contenidas sus décimas que desde aquella
época, generación tras generación hemos aprendido de memoria, se han declamado
en actos patrióticos, culturales, políticos y en encuentros familiares.



El
bardo de Las Tunas ocupa esos espacios porque sus décimas son expresión de los
sueños redentores del pueblo, recrean una vida de amor a lo cubano, desde los
ricos elementos de la naturaleza rural hasta las virtudes de la vida social,
hogareña, laboral, son cantos a la vida, al amor, sacrificio y el deber. Cintio
Vitier dijo que El Cucalambé: “no canta para el guajiro, sino desde el guajiro”
Sus
versos describen la flora y fauna de la zona, da a los fenómenos de la
naturaleza una magia de integración armónica correspondiéndose así con las
concepciones de las culturas amerindias basadas también en la hermandad y el
respeto a todo, en ninguna de sus décimas hay expresiones despectivas hacia algo
o persona, al contrario, ve todo lo bello y no se ocupa en lo desagradable
porque no merece atención a no ser los problemas libertarios de la Patria.



Esta
décima es ejemplo de lo dicho:



Cuba mi suelo
querido,



Que desde niño adoré,



Siempre por ti
suspiré



De dulce afecto
rendido.



Por ti en el alma he
sentido



Gratísima
inspiración,



Disfruta mi corazón



Por ti dulcísimo
encanto,



Y hoy te bendigo y te
canto



De mi ruda lira al
son.
El
poeta nos deja ver una sociedad donde el arte y las relaciones sociales son muy
activas, en un siglo donde se funda la nacionalidad cubana: no es lo español en
su poesía lo mejor, es su sitio nativo con sus colores y sonidos, con su arte y
filosofía de la vida dichosa, la que es capaz de disfrutar el vuelo de las gaviotas,
las flores y la alborada.



La
historia en décima, Hatuey y Guarina,
tiene el valor dramático de la coherencia lógica y rítmica, claridad del
mensaje y empleo de recursos psicológicos para alcanzar identidad ideológica
desde argumentos convincentes de conflictos personales y sociales, de que el
amor es compartido y que el deber es ése, no otro:



Tolera
y sufre, bien mío,



De
tu fortuna el azar,



Pues
también sufro al dejar



Las
riberas de tu río.



Siento
dejar tu bohío,



Silvestre
flor de Virama,



Y
aunque mi pecho te ama,



Tengo
que ser ¡oh dolor!



Sordo
a la voz del amor,



Porque
la patria me llama.



Cuántos
cubanos a lo largo de nuestra historia de lucha al despedirse habrán dicho esta
declaración de amor y deber, solo esta poesía, conocida por todos, se pudo
convertir en escudo convincente  de
compromisos con el verdadero amor. Por ello los cubanos vemos a El Cucalambé
como uno de los padres del patriotismo que se fundió desde los valores más
cultos y que las masas populares han sabido aprovechar dignamente.



A
finales del siglo XIX su poesía estuvo en los campos de batalla junto a los
mambises y en siglo XX fue  escudo de los
campesinos y personas humildes que defendieron lo cubano conservando y
recreando esta poesía, con ello salvaron lo mejor de la cultura cubana en su
origen que es lo campesino.



Por
lo general, al terminar las guerras las ciudades quedaron devastadas, y los
campos también, muchas personas se fueron a vivir a las ciudades y llevaron su
hábitos, costumbres, creencias propias de lo rural, entre ellas el arte,
principalmente la música y la literatura, aunque también se da en la plástica y
las artes dramáticas, desde lo popular, la artesanía es privilegiada por los
objetos utilitarios que hoy aún están en los hogares como son los taburetes,
tinajas, hamacas.



En
el siglo XX triunfan manifestaciones artísticas como la paisajística rural, el
son oriental y el changüí dominan el panorama musical junto a la guajira que es
la principal de estas manifestaciones, presente en la trova, interpretada por solistas
y agrupaciones que el tiempo va a consagrar como manifestaciones tradicionales
de la cultura cubana.



En
esa centuria la literatura nacional se encarga de recrear los conflictos
cubanos, principalmente los de las clases desposeídas, entre ellas, los del
campesinado. Desde la narrativa se destacan escritores como Sanuel Feijoo y
Onelio Jorge Cardoso, obras como Juan Quinquín en Pueblo Mocho
Escritos
publicados en la prensa local de Las Tunas y también nacional, desde los años
treinta aparecen defensas a El Cucalambé, manifestando la necesidad de su
reconocimiento como  bardo, están los
escritos del historiador Ramiro Guerra, el filósofo Enrique José Varona, y
desde la localidad tunera en el periódico El Eco de Tunas fue el máximo
promotor de que se le realizaran homenajes a El Cucalambé, aquí aparecen
artículos sobre el poeta, sus décimas y la divulgación de los movimientos en
pro del busto de bardos y otros homenajes.



Se
destaca el movimiento realizado por la Logia Oddfélica “Cucalambé”, que va a
promover el reconocimiento del bardo  como
cultor cubano.



Entre
los promotores más fervientes se encuentra al abogado Pedro Osmundo Verdecie
Pérez, masón también, quien desde las décadas del cuarenta y el cincuenta va a
realizar múltiples acciones para la educación artística de la localidad y El
Cucalambé ocupa un lugar privilegiado en su labor.



Al
triunfar la Revolución en 1959 la cultura nacional es considerada arma de
lucha, después de varios siglos de dominación extranjera, las manifestaciones
que habían resistido el embate injerencista, resultaban ser las más genuinas
representaciones de nuestra identidad, entre ellas la cultura campesina y su
máximo exponente, El Cucalambé.



Al
realizarse el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos en
1961, Verdecie es delegado por Victoria de Las Tunas, en la magna reunión
argumenta la necesidad de rendir homenajes a El Cucalambé y obtiene la
aprobación de los asistentes quienes acordaron hacer las recomendaciones:



“Primera:
Recomienda al Instituto Nacional de Industria Turística (INIT) la creación del
Parque Campestre Cucalambeano, en el lugar donde viviera, junto al Río Cornito,
cerca de la ciudad de Victoria de Las Tunas, provincia de Oriente.



Segundo:
Recomendar a la Imprenta Nacional de Cuba la edición definitiva, crítica, de la
Obra completa de “El Cucalambé” comprensiva tanto de su obra poética como
periodística”
Destacado cultor de la espinela es Jesús
Orta Ruiz, “El Indio Naborí”, a él se debe en gran medida el reconocimiento
nacional a la necesidad de rendir homenaje a El Cucalambé, intercambia misivas
con tuneros, visita en varias ocasiones el territorio y es junto a José Ramírez
los principales organizadores de lo que posteriormente va a ser la Jornada
Cucalambeana.



En el año 1964, del 29 de junio al
primero de julio, se realiza una jornada de homenaje a Juan Cristóbal Nápoles
Fajardo, Jesús Orta Ruiz  fue el principal
promotor. En esta ocasión se devela el primer busto de El Cucalambé en la
Escuela Secundaria Básica que lleva su nombre. Esta escuela fue de las primeras
construidas por el Gobierno revolucionario en el territorio. La velada de
cierre contó con la actuación de la Banda Municipal, agrupaciones y solistas
del territorio, entre ellas, el Combo Cucalambé y el de Emiliano Salvador.



Durante los primeros años de la
Revolución, siempre se le hicieron homenajes al Cucalambé, pero es a partir de
1966 cuando se hace de forma estable hasta nuestros días. En los primeros años
se les llamó Semana Cucalambeana y posteriormente Jornadas Cucalambeanas,
llegando a ser las fiestas populares de la cultura campesina más importantes
que se realizan en Cuba, es un movimiento muy amplio a nivel nacional y abarca
las distintas manifestaciones de la cultura campesina y rural.



La selección de la Flor de Virama
comienza también en 1966, es el homenaje a la mujer campesina, a sus bellezas,
se eligen a las muchachas, no por los patrones de belleza occidental, sino por
la fidelidad con que reproducen lo campesino y lo mejor de los valores éticos en
la historia de la sociedad cubana, a decir por El Cucalambé:



Las guajiras que
entre flores



Nacen en tus campos
bellos,



Tienen negros los
cabellos



Y los ojos
seductores:



Con sus gracias y
primores



Son gratas cual la
ambarina,



Donosas como una
ondina,



Dotadas de ardientes
almas,



Esbeltas como tus
palmas,



Dulce como mi Rufina. 



 Y para culminar con las preguntas hechas por
Uziel: “¿Por qué permanece con esa vitalidad?” debemos considerar diversas
razones. Revisando la prensa de estos años, así como investigaciones realizadas
por especialistas y haber podido asistir a estas fiestas desde el propio año
1966 cuando la prima Adela Batista Pérez fue elegida Flor de Virama en Calixto,
uno de los poblados del actual municipio Majibacoa, y después como público o
investigador, me resulta fácil decirle que es porque es una fiesta de pueblo,
porque se recrean las tradiciones y por las características de la cultura
campesina cubana, entre ellas, su fortaleza por integrar saberes de siglos,
prácticas de muchos lugares del mundo y porque esta cultura es la mejor mezcla
que existe en nuestra nación, es donde más equilibrada está la presencia de las
culturas originarias, incluida la aborigen, que aunque fueron exterminados sus
creadores, no así todos sus hábitos.



La Jornada Cucalambeana promueve y
defiende esa mezcla, la legitima como patrimonio tangible e intangible de la
cubanidad. A decir de Ramón Batista, director de la Casa de la Décima en Las
Tunas:



“La Jornada le da
perdurabilidad a los homenajes a El Cucalambé, por ello El Cornito se convierte
en el escenario ideal para recrear lo campesino, se convierte en sede nacional
del evento campesino más importante. En los años sesenta al ochenta fueron
eventos inmensos, con participación de artistas de todo el país.



Faure Chomón le dio
mucha vida al El Cornito cuando lo convirtió no solo en un lugar campestre,
sino que lo convirtió en un centro recreativo cultural, con el sendero, el
motel y El Cornito comenzó a tener otra vida. La década del ochenta convirtió a
la Cucalambeana en una fiesta nacional. Es un honor ser seleccionado para
participar en la jornada. La década del noventa, a partir del 1993 se inicia el
Festival Iberoamericano de la Décima, idea del Indio Naborí. En el año 1996 es
que sale la primera delegación al extranjero, a México va una amplia delegación
de arte campesino, posteriormente se fue a otros países y regiones de México.



Todos los años vienen
delegaciones de varios países y en diferentes manifestaciones, el intercambio
es muy rico y la jornada es para todas las artes e incluye a los niños. La
Escuela Vocacional de Artes y el Sistema de Casas de  Cultura garantizan la conservación y
desarrollo de la cultura campesina.”
La Cucalambeana es una fiesta de
promoción, rescate y defensa nacional. Se promueve el arte cubano campesino, se
rescatan prácticas de valor para las identidades y en la medida en que se
protege el patrimonio cultural campesino y rural, defendemos a la nación ante
tantos intentos de dominarnos.



También es fuente de inspiración, meta y
regocijo. Son muchos los artistas que laboran el año entero para tener
creaciones que presentar en la música, la pintura, danza y la fotografía,
artistas de toda Cuba y de otras naciones, alcanzar uno de los premios de los
concursos que promueve la Jornada es una de las mejores cartas de presentación
en la vida artística, y por supuesto, es una reunión de gran gozo por la
festividad y el encuentro de amantes de la cultura campesina.



El periodista Juan Morales nos dice:



“Para hablar con propiedad
de la Jornada Cucalambeana es preciso recostarse en un taburete junto a un
bambú de El Cornito a desafiar con los poetas las escurridizas rimas de los
pies forzados. O mejor: llegar desde el amanecer al que fuera paraíso e
inspiración de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y regalarse luego allí una
canturía de tonadas y laúdes. Si no se cumple con estos requisitos sine qua non, ¿qué sentido tendría la
referencia a esta fiesta de talla mayor, eminentemente campesina y genuinamente
tunera?”
La Jornada Cucalambeana ha permitido no
solo proteger los más autóctono del quehacer cultural campesino, ha
posibilitado un movimiento de amplia participación popular, de alto valor
estético, además ha promovido a la cultura tunera entre los visitantes y en
otras naciones, han sido varias las delegaciones que han demostrado nuestro
arte campesino en países como México, Argentina, Venezuela, España, Chile,
Colombia.



Muchos de los visitantes han presentado
libros, materiales audiovisuales y exposiciones de fotografía sobre estas
fiestas, con lo que han contribuido a la divulgación del evento y la cultura
tunera.



La Jornada Cucalambeana, convocada por
la Asociación Nacional de Campesinos,  el
Ministerio de Cultura y el Gobierno local en homenaje a Juan Cristóbal Nápoles
Fajardo, el decimista mayor del siglo XIX, es una fiesta a disfrutar en cada
canto, baile, ropa, bebida o comida criolla y hasta en la gracia del caminar de
los tuneros, sea de campo o ciudad, por ello siempre decimos:



¡Oh!
Venid, mis compatriotas.



A
los montes de las Tunas.



Donde
al alba en las lagunas



Suelen
volar las gaviotas:



Venid
a escuchar las notas



De
mi rústica trovada.



Y en
mi florida llanada



Decid
al son de mi lira:



-Dichoso
el que en Cuba admira



La vuelta
de la alborada.



 





0 comentarios